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LUIS FERNANDO CARDONA
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ActualidadEl padre Luis Alberto Álvarez

El padre Luis Alberto Álvarez

OJO CON EL CINE

Muchos de los que, en Colombia, y obvio, en muchas partes del mundo, compartimos, conocimos, leímos y escuchamos al Padre Luis Alberto Álvarez, tenemos que reconocer que gracias a él, nos animamos a querer los cine clubes; leer sobre cine; escuchar hablar a alguien que supiera hartísimo de cine (como él); analizar con seriedad una película; disfrutar de cada uno de los componentes que arman ese complejo mundo de las realizaciones cinematográficas y sobre todo; AMAR AL CINE POR SOBRE TODAS LAS COSAS, pues su pluma nos arrastró como una borrasca, hacia el enamoramiento apasionado y furibundo, por las películas nobles, ejemplares, inteligentes, provocadoras y extraordinarias, que los grandes hombres de cine en todo el mundo ya habían hecho, estaban haciendo (años setentas y ochentas) y lo más curioso, iban a hacer años después, como las que otros extraordinarios realizadores han hecho estos últimos años y que nos han servido para recrear nuestra memoria, animar nuestro espíritu de observación y evocador de la verdad y mucho más, invitarnos a reflexionar sobre la inteligencia, que requiere siempre y requerirá siempre, de estímulos que acaricien nuestra sensibilidad cerebral.

Añitos atrás lo habían hecho Gabriel García Márquez con sus notas en El Espectador, donde debutó con sus Críticas de Cine y el otro sacerdote de nombre Hernando Salcedo Silva, que también nos ayudó a enamorarnos del séptimo arte, con su nobleza e inteligencia y excelente trato para los enfermos que poseíamos y poseemos esa misma enfermedad que no sabemos si es congénita o incidental.

Todos nosotros, los enfermos, evocamos al Maestro Luis Alberto y lo recordamos con amor y dolor y no soportamos que nada ni nadie nos lo quiera borrar del panorama cinematográfico que respiramos.

Y hoy que he querido pensar en él y agradecerle por haberme metido de lleno en ese mundo de la reflexión, me llega una carta abierta a mi correo que ha escrito el señor Miguel Ángel Espinosa T. al Rector de la Universidad Pontifica Bolivariana, y que me compartieron por mi correo otros amigos de esta pandemia, en la que el señor Espinosa reclama justicia para su recuerdo y que por verla tan inteligente, tan serena, tan propia, la comparto con todos ustedes amigos lectores, para que se enteren de dos cosas: de la capacidad analítica y tan inteligente de este sacerdote para analizar las cosas y segundo, del respeto y admiración que provocó en tantos seres de carne y hueso de este mundo, que se niegan permanentemente a que su memoria se esfume en las nubes que los internautas están saturando con basuras de todo tipo.

Aquí la tienen:

Medellín, 23 de noviembre de 2022

Presbítero

JULIO JAIRO CEBALLOS

Rector Universidad Pontificia Bolivariana

Apreciado Padre:

A comienzos de la década del setenta, conocí a los presbíteros Carlos Alberto Calderón y Luis Alberto Álvarez. Para conocer mejor el desempeño de Carlos Alberto, en defensa de los Derechos Humanos y el aporte de Luis Alberto a la cultura de Medellín, leí el último libro de Héctor Abad Faciolince, pero lo que encontré, fue una instrumentalización de sus vidas y de su memoria.

“Yo siempre sentí pesar, tristeza, por la vida de Luis Alberto Álvarez”, “El no sabía que le faltaba algo”, “no veía la hora de empezar una vida nueva”. Añadido a este diagnóstico: un juego lúbrico con el Magníficat, el agua bautismal, la transverberación de Santa Teresa, la vocación sacerdotal de los estudiantes de Teología de la Universidad Pontificia Bolivariana y del Seminario Mayor de Medellín: “seminaristas dóciles”, “en manada”. De su madre, Cecilia Faciolince, por ser devota del Espíritu Santo, dice que sufría “un delirio lunático”:    

Ni una línea sobre la predilección de Luis Alberto por Dostoyevski, al que consideraba “un santo laico”; Los hermanos Karamazov y Recuerdos de la casa de los muertos (“evangelio de la religión del sufrimiento”). Sabido es que: “En un año con trece lunas”, de Fassbinder, encontraba “la película sobre el sufrimiento más sobrecogedora de la historia”. Era notorio su aprecio por Victor Hugo, del que le oímos recitar una noche, el poema: “A la muerte de su hija”. (“A Vos llego Señor, en quien creer debemos”).

 “Que detalle, Señor, has tenido conmigo”, cantó Carlos Alberto, en su Misa de despedida; “los cristianos hablan con Dios, los burgueses hablan de Dios”, decía Luis Alberto, citando a Kierkegaard. Si algo les apremiaba, a ambos, era lo que les faltaba para su encuentro con Jesús, eje vertebrador y principio organizativo de sus vidas. “Salvo mi corazón todo está bien”: un catecismo ateo, incompatible con el testimonio vivo y coherente de los dos sacerdotes, está a la venta en la librería Fórum de la Universidad a su cargo.

Me permito sugerirle, respetuosamente, un debate en la librería, en la Facultad de Teología, o en alguno de los talleres o programas literarios de la Emisora.

Pongo a disposición una exposición de registros de la Universidad Bolivariana.

Cordialmente,

Miguel Ángel Espinosa T. 

hèctor Abad Faciolince

Copia: Librería Fórum, Biblioteca, Emisora, Taller de Letras, Facultad de Teología.

2 COMENTARIOS

  1. Leamos primero el libro y luego tomamos partido. Abad Faciolince siempre ha generado polémica,por un lado o por otro, muy especialmente de los uribistas. Quién sabe qué tanta línea de ficción y realidad contenga la novela. Ya veremos. Leamos más bien el libro. Avanti.

  2. Propone censura el señor . Y el que presenta la carta dice que es inteligente y serena.

    Les recomiendo antes leer el libro y además leer la historia de las censuras, sus preocupaciones y el favor a los libros que en últimas hacen los censuradores en “ El infinito en un Junco” de Isabel Vallejo.

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