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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadEl tango, una forma de ver la vida

El tango, una forma de ver la vida

El tango es «un pensamiento triste que se baila», expresó alguna vez uno de los íconos de este género musical, Enrique Santos Discépolo. Nace a finales del siglo XIX como tonada y danza y tarda casi cuarenta años en obtener letra. Se inserta primero en las barriadas populares del río de la Plata como un baile sensual que llegó a ser vetado y rechazado por la iglesia católica y por las clases altas a causa del erotismo implícito en sus movimientos. Nadie discute su origen africano. Las palabras «tango», «milonga» y «candombe», que están íntimamente ligadas entre sí, son vocablos provenientes del continente negro llegados a América con los esclavos. Ya enraizado, el tango encuentra sus primeras letras en poemas y vivencias cotidianas de las comunidades pobres de Argentina y Uruguay expresadas en un argot rioplatense llamado lunfardo en el que se suelen mostrar las emociones y tristezas que sienten los hombres y las mujeres de pueblo, especialmente «en las cosas del amor». Buenos Aires y Montevideo, que vivían una situación sociocultural muy similar debido en gran medida a la actividad portuaria y a la enorme inmigración europea ocurrida a principios del siglo XX fueron entonces la cuna del tango.

No soy un erudito musical; soy tan solo un melómano aficionado que nunca ha sido capaz de encontrar la conexión entre el tango y la música africana y que se sorprende con el vuelco casi inexplicable que sufre este género al pasar impávido de los prostíbulos y las cantinas porteñas a los salones exclusivos de la sociedad parisina. Quizás haya sido porque el tango es definitivamente un poema a la vida y al amor cuya sensiblería solo se aprecian en el bolero y la balada. El tango se universalizó durante el siglo XX a tal manera que vive hoy garboso en los barrios de Buenos Aires, en las calles de Montevideo, en las academias de Japón, en los teatros de París, en los centros culturales neoyorquinos y en las cantinas cafeteras de Colombia, donde se arraigó con fuerza inusitada para convertirse en parte del acervo cultural de paisas y campesinos.

El tango alcanza su Edad de Oro en las décadas de 1940 y 1950 y su danza revolucionó la manera de bailar en todo el mundo. Solo el vals europeo permitía algún acercamiento de los cuerpos de las parejas hasta que el tango rompió todos los esquemas y apretó a los danzantes hasta hacerse una sola figura. No fue un proceso fácil. El poeta José Sebastián Tallón describía: «Y se trajearon y acicalaron con un narcisismo exagerado de mujer, evidentemente sexual y sospechoso; tomaron el tango y lo llevaron a los medios sexuales obscenos. El contoneo criollo del caminar, que tuvo su origen en los tacos altos, ellos lo hicieron medio tilingo, si no amariconado. Y de la misma manera, a la coreografía del tango le dieron un estilo propio de exageraciones eróticas».

En medio de escándalos y controversias el tango se abrió paso en el mundo de la música y aunque la mojigata alta sociedad del viejo continente se escandalizó por algunos días cayó derrumbada ante la majestuosidad e imponencia de sus movimientos.

El tango tuvo, sin embargo, que superar la crisis de haber dejado de ser en Argentina el género popular juvenil por excelencia durante varias décadas y comenzó a modernizarse para instaurarse en el mundo de la música como un género universal con una expresividad y emocionalidad únicas y con una originalidad que lo eleva a la categoría de «eterno». No sin mérito fue declarado por la UNESCO Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

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