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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadEl Triunfo del Pacto Histórico

El Triunfo del Pacto Histórico

El 19 de junio de 2022, ha quedado marcado en la historia de Colombia para siempre. Nunca, en nuestra vida republicana, un gobierno alternativo, democrático y popular había logrado acceder a la sala principal del palacio de Nariño para desde ahí, impartir una nueva cátedra de gobierno en favor de los intereses de las mayorías, de la soberanía del país, de reconciliación con la naturaleza y por su derecho inalienable de construir una sociedad donde prevalezcan la vida, la cultura, el conocimiento, el trabajo y la paz. Derrotar a las viejas y nuevas castas y clanes, aliadas y a la vez producto de unas relaciones económico-sociales y políticas atávicas, que se alzaron con el gobierno durante 212 años (Léase bien: más de dos siglos), a punta de guerras civiles, trampas, robos descarados de elecciones, de represión inaudita contra el pueblo, que no dudaron en desatar un conflicto social y armado por décadas, para despojar tierras, desarraigar poblaciones enteras, matar sueños, desplazar a millones, obligar al exilio forzado a otros tantos  en busca de oportunidades o simplemente, para escapar de la muerte preparada. A nuestro querido país se le convirtió en una enorme tumba, donde fuimos a enterrar a casi un millón de connacionales, si juntamos únicamente el período de la denominada violencia liberal-conservadora (1940-1960), y el del actual conflicto armado, a partir de la década de 1960.

Desde el 19 de junio pasado, otra historia se ha venido escribiendo. A Gustavo Petro con su fórmula Vicepresidencial Francia Márquez, los elegimos para que presidan el gobierno y dirijan el Estado, conforme lo ordena la Constitución de 1991. No es más, pero tampoco puede ser menos.

Ya desde el 13 de marzo, con los resultados de las elecciones de Congreso, esas castas quedaron estupefactas: El Pacto Histórico, que algunos en su insensatez y rabieta infantil, se atrevieron a llamarlo “pacto de hampones o banda criminal”, no sólo derrotó al uribismo, sino que, además, se constituyó en la fuerza política más numerosa en el Senado: 20 senadores. Esperábamos más, la verdad. Inmediatamente, salieron en coro a gritar los Uribes y los Pastranas, entre otros: Fraude, ¡oh por Dios! Nos hicieron fraude. Cómo llaman eso los psicólogos: ¿Intolerancia a la frustración?

Pero, y por qué se presentó este salto cualitativo del movimiento popular, logrando pasar de una trinchera de resistencia, protestas y exigencias, a conducir las riendas del gobierno. ¿Acaso fue una chepa? ¿Es que “la tercera fue la vencida para Petro?”. No, eso sería muy simple para creerlo.

Uno de los teóricos más lúcidos del Marxismo, Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, el conductor de la Gran Revolución de Octubre (1917), aquella que derrotó al Zarismo en Rusia e instauró el ensayo general de la nueva sociedad humana, el socialismo, nos ayuda a una interpretación más objetiva acerca de lo ocurrido, con sus obras “La bancarrota de la II Internacional” y “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo” (1920). Aclaro, que estos conceptos, son referidos a una condición propiamente revolucionaria, en la cual, el viraje sería al estilo de la revolución cubana, por ejemplo. Ese no es nuestro caso, obviamente, por ahora.

Considerando “la situación revolucionaria” como el factor objetivo de la revolución, Lenin la caracteriza de este modo:

«1) La imposibilidad para las clases dominantes de mantener su dominio en forma «inmutable» debido a la profunda crisis que ha afectado a estas clases, crisis que provoca el descontento y la indignación de las clases oprimidas. (…). 2) Una agravación fuera de lo común, de la miseria y de los sufrimientos de las clases oprimidas. 3) Una intensificación considerable, por estas causas, de la actividad de las masas, que en tiempos de «paz» se dejan expoliar tranquilamente, pero que en épocas turbulentas son empujadas, tanto por toda la situación de crisis, como por los de arriba, a una acción histórica independiente. Sin estos cambios objetivos, no sólo independientes de la voluntad de los distintos grupos y partidos, sino también de la voluntad de las diferentes clases, la revolución es, por regla general, imposible. El conjunto de estos cambios objetivos es precisamente lo que se denomina situación revolucionaria». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La bancarrota de la II Internacional, 1916).

Ahora bien, revisemos, si un país como el nuestro no afronta una grave crisis, con 20 millones de personas en la línea de pobreza, 7 millones de esos 20 millones, escasamente comen una vez al día; un país donde cada dos o tres días muere un niño, una niña por hambre, y asesinan a un líder (esa) social, defensores de DDHH, del agua y el territorio; donde condenan a muerte hasta a quienes firman la paz y dejan las armas para incorporarse a la vida política y civil; un país donde la Fuerza Pública es convertida en arma de guerra letal contra cualquier manifestación de descontento popular; un país, donde a los poderosos los colman de ventajas y exenciones tributarias, donde el sistema financiero se alza con estrambóticas ganancias (en plena pandemia generaron ganancias por más de 15 billones de pesos sólo en 2020); y para rematar, una corrupción rampante y ramplona, arrasando con los recursos públicos, los recursos de la salud, de las comunicaciones para la educación, ni  los fondos para la Paz, se escaparon. Súmenle a lo dicho, a la incapacidad de las élites de lograr acomodar sus fichas para disputar la presidencia, frente a una dupla portentosa conformada por Petro y Francia, con un programa, que, finalmente, logró unificar las más varias voluntades, que sobrepasó de lejos, la frontera de la izquierda, pasó por el centro, cautivó a los indecisos, como liberales con Petro, y hasta sectores de la derecha tradicional, que actuaron con sentido común, le dijeron sí al cambio por la vida.

Ni los de arriba pudieron mantenerse como hasta entonces, ni los de abajo, quisieron seguir en el estado de ignominia a que han venido siendo sometidos. Ya las formidables movilizaciones de finales de 2019, con visos de paros cívicos nacionales, coronadas con el Paro Nacional del 28 de abril de 2021 y días siguientes, daban cuenta de ese creciente descontento y el advenimiento de unas condiciones objetivas y subjetivas que abrieron el camino para el nuevo gobierno.

No es una situación revolucionaria, pero puede llegar a serlo, porque de una cosa debemos estar seguros: La confrontación no ha cesado, sigue y seguirá; aquéllos, los de arriba, por no dejar que los cambios se materialicen; los otros, los de abajo, por lograrlos y profundizarlos.       

2 COMENTARIOS

  1. Excelente Fernando tu artículo. Resume se una manera bastante clara y completa lo que ha venido pasando en Colombia y porqué llegamos a dónde llegamos. La importancia de haber logrado que esta dupleta llegara al gobierno nacional y el reto que tienen, tenemos, por empezar a cambiar este país.

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