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ActualidadEN BLANCO Y NEGRO. - Colombia urge una reforma a la justicia.

EN BLANCO Y NEGRO. – Colombia urge una reforma a la justicia.

Por: ALBERTO VILLEGAS AGUDELO.

Mientras no se opte por una profunda y verdadera reforma a la justicia en Colombia seguiremos nadando en un mar de impunidad delincuencial y la consabida desprotección y desesperanza de una ciudadanía secuestrada en sus propios hogares, producto de una enorme ola  delictiva que azota todos los rincones de nuestra geografía.

Se queda corto Mauricio Albarracín en su excelente columna publicada en el periódico El Espectador y regada profusamente a través de las redes sociales, titulada MAGISTRADOS SIN GRANDEZA en la cual, hace una verdadera descripción de la grave crisis que atraviesan las altas cortes y los demás organismos encargados de impartir justicia en el país.

Las altas cortes y los demás organismos  encargados de velar con absoluta rigurosidad por su cumplimiento, en su gran mayoría, han sido permeadas  o por  la incompetencia de muchos o por la avaricia de otros, que dejan en desventaja a quienes ejercen esta función dentro de los parámetros de la rectitud y el decoro, situación que debe  primar siempre entre quienes tienen la responsabilidad y el encargo  de aplicarlas con rectitud y apego a los principios rectores establecidos en las  Normas y leyes que  rigen el sistema judicial.

No puede ser entendible, como,  quien ha sido capaz de escalar desde citador hasta la más alta magistratura, desvíe su fundamental propósito de vida, referido a impartir justicia sin esguinces ni torceduras y se convierta en todo un hampón de la más baja calaña, peor que los  propio sindicados, porque eso no tiene otro nombre, y todo por el equivocado Sofisma de que «la plata lo es todo», acción repetitiva por muchos de sus integrantes, que sin vergüenza alguna han optado por esta mala práctica, cuando el verdadero enriquecimiento de los hombres se fundamenta en la escala de valores, lograda a través del ejemplo transmitido por sus progenitores y los conocimientos obtenidos desde la academia, como preceptos inalienables de vida, que permiten en quienes logran llegar a la cúspide de sus realizaciones el reconocimiento, admiración y respeto del resto de sus conciudadanos y por ende en su mayor riqueza.

Lo que a diario presenciamos en torno a la aplicación de justicia, en dónde los más execrables delitos, el atraco callejero, el secuestro y la  extorsión son la comidilla diaria de los medios de comunicación y el aterrorizante panorama de una ciudadanía que ve impávida como se violan sus más elementales derechos de supervivencia y convivencia ciudadana, son temas que deben revisarse por el Estado colombiano en su máxima expresión o sea en manos del constituyente primario, que genere una reformas sustanciales, tanto en los requisitos y las aptitudes que deben tener quienes pretendan por  encargo  velar por su cumplimiento y aplicación, como por el endurecimiento, facilidad y efectividad en la aplicación de las penas a quienes las contravengan  y sean vencidos en derecho.  

Los buenos somos más, dice un adagio popular y en defensa de los derechos de las mayorías, debe existir la aplicación de severos castigos a quienes las infrinjan. No importa si es el más encopetado de los colombianos o el más humilde de los paisanos. La aplicación de justicia debe recaer de igual manera para todos. La que sí debería recaer  con mayor rigurosidad y sin prebenda alguna, es la que se debe aplicar a aquellos que en razón al mandato constitucional los encarna como encargados de impartirla (magistrados, jueces,  fiscales), cuando la corrompen, la constriñen o la violan en forma descarada, ya sea por obtener prebendas económicas o de cualquier tipo o por generar fallos acomodaticios por situaciones ideológicas o pensares distintos, salidos del verdadero contexto de la supuesta acusación o incriminación, tan de moda por estos momentos en nuestro país.

1 COMENTARIO

  1. Respetado Columnista: siempre importante defender el estado de derecho.
    Es imposible vivir en comunidad sin el mínimo de las reglas de justicia que forman parte de la moral y deben ser ratificadas por el derecho para una mejor organización dentro de la sociedad.
    Un conjunto de pautas de conducta que definan y además se apliquen en las relaciones de poder y sus miembros, acciones morales gestionadas por personal idóneo.
    Nuestro país posee desde la colonización, la independencia española( actualmente sin número de dependencias económicas, financieras, de gobernabilidad y otras. ) que limitan el ejercicio de la la Justicia-
    Montesquieu propuso entre otras reglas , la siguiente: «La separación de poderes, que busca la independencia y el control mutuo entre el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial»
    En Colombia se observa claramente como el mandatario en curso propende porque todos los individuos, poderes y partidos políticos trabajen en favor del soberano ( dictadura de partido, de eterno guerrerista????).
    Como el mandatario en curso busca que el poder legislativo y judicial obren de acuerdo a sus intereses ( personales, de partido, de su mentor eterno) .
    Observo con escepticismo la aplicación de Justicia, la de un estado como expresión de la voluntad general o bien común.

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