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ActualidadEN BLANCO Y NEGRO - Principio de autoridad vs. Violencia

EN BLANCO Y NEGRO – Principio de autoridad vs. Violencia

Por: ALBERTO VILLEGAS AGUDELO.

Seguramente muchos me tildarán de violento, o anarquista, la verdad,  solo soy un “opinador” o a lo mejor, la VOZ de miles de millones de compatriotas que ven desesperanzados cómo el país está sumido en las más grande ola de inseguridad ciudadana. Se volvió pan de cada día y aquí se habla más de violencia que de cualquier otro tema. Las muertes por sicariato y tomas guerrilleras, los atracos, las extorsiones, las violaciones a plena luz del día, son la comidilla diaria de los medios de comunicación que encontraron en esta cantera el mejor medio de acaparar sintonía, situación  que desdibuja por completo la verdadera misión  y responsabilidad que recae sobre periodistas y medios informativos.

Si se posa una nave en Marte, solo unos cuantos ciudadanos despertarán interés por leer la noticia; en cambio, si aparece una foto en un periódico amarillista con cadáveres esparcidos y sangre a borbotones, no cabe la romería de gente frente a los puestos de revistas. Estamos, pues, frente a un país totalmente convulsionado y  un Estado en todos sus órdenes y poderes timorato en su verdadera misión de proteger la vida, honra y bienes de todos los ciudadanos.

El principio de autoridad de un Estado de derecho, sin importar el régimen al que pertenezca, sea socialista, comunista, demócrata o musulmán, es aquel que determina mediante normas y leyes  la defensa y protección de un conglomerado o sociedad organizada, ante cualquier acto de violencia, perturbación o desestabilización. Se debe ejercer de manera enérgica y categórica, por las fuerzas destinadas para tal fin, sin importar el resultado de su accionar. A  esto también se le llama autoridad y es ejercido por los gobiernos y las autoridades legítimamente constituidas, representadas por las fuerzas militares y de policía en cada país, que son las encargadas de conservar el orden constitucional y la defensa de la soberanía nacional. Eso de coartar el accionar de las fuerzas del Estado y permitir que grupos minoritarios, cualquiera sea su origen,  ejerzan acciones de desarme y detención de la fuerza pública a lo único que conlleva es a la desmotivación y deshonra que quienes ejercen la  función y al envalentonamiento  de grupos por fuera de la ley.

 Violencia, en cambio, es  aquella  con  la que grupos minúsculos o de manera individual,  mediante el amedrentamiento o la intimidación y utilizando vías de hecho o acciones violentas que van en contra de la paz y la seguridad ciudadana  o en desmedro y destrucción de bienes públicos o privados, que nada tienen que ver con la protesta o inconformidad manifesta  y estas acciones hay que combatirlas con todo el rigor de la ley con los mecanismos y organismos creados para tal fin.

Es tan bandido el mandatario que somete a un pueblo entero a la miseria al hambre y el destierro, como el caso del tirano narco-terrorista Nicolás Maduro, el que atenta, retiene, secuestra extorsiona a otro de en sus congéneres, situación de vuelo insospechado en los actuales momentos en las grandes ciudades del país, como el que amparado en una etnia, un sindicato o una agrupación, cualquiera sea su ideología o motivación,  pretende imponer su criterio por la fuerza en  contravía de las normas y leyes que rigen las sociedades organizadas.

El actuar de la fuerza pública, enmarcado dentro los parámetros que determinan la  constitución y las leyes, con estricto apego a los  derechos humanos, no puede ser considerado  como un acto de violencia sino como el cumplimiento de su deber. Colombia no puede seguir mirando impávida, desde el propio presidente de la república, como no se hace nada para imponer el orden y el cumplimiento de la defensa de los derechos colectivos y todo porque aquí manda más la ONU, o los movimientos que dicen defender los derechos humanos que el propio Estado soberano e independiente. Si seguimos así, nunca lograremos consolidar la verdadera paz y convivencia que todos nos merecemos.




Empresario, político, periodista, por muchos años vinculado a la actividad periodista regional, se ha destacado como gerente comercial de los periódicos diario la tarde y El diario. Igualmente se ha desempeñado en el sector político como diputado a la asamblea de Risaralda, y concejal del municipio de Marsella y ha ocupado importantes cargos  como director del Fondo editorial de Risaralda y  asesor de comunicaciones del Área Metropolitana. Como empresario durante más de 35 años ha estado al frente de sus empresas, la casa agencia de publicidad  DEMARCAR SAS y de EJE DISTRIBUCIONES Y SERVICIOS. Como  periodista ha mantenido de manera interrumpida durante igual tiempo su columna denominada EN BLANCO Y NEGRO, desde la cual participa de manera permanente con concepto de diversa índole sobre temas de actualidad y del acontecer general

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