En la contienda de la razón

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Por GABRIEL ÁNGEL ARDILA

Ayer el alegato de algunos «agudos» fue contra la selección de futbol. Dizque pidiendo cuentas porque no se hicieron presente esos deportistas, cuando atizaban la hoguera en que pretendían quemar públicamente policías. O mientras corría la sangre por la abusada bandera…

En los últimos 40 días esa camiseta y esa bandera fueron puestas en pechos y manos equivocadas: mientras agitaban y tiraran toda su furiosa piedra contra cualquier eslabón de autoridad, uniformaban sus calles y agitaban la bandera tricolor y demostraban nítidamente la profundidad de la anticultura que orientan ciertos autodenominados «profesores» que agitan y no cuidan, ni siquiera la ortografía de sus enormes pasacalles… ¡Esa platica se perdió!

A quienes orientamos por décadas en los quehaceres de la radio, de la producción tipográfica, publicidad y comunicación en general con la estética de diseñadores gráficos, jamás podrán decir que adoctrinamos sobre esto o aquello. Pero la línea es clara: transitamos por la legalidad y dentro de los términos que permitan la libertad de producir, pensar, opinar, comunicar y brindar buenos resultados de la labor cotidiana con respeto. Respeto al color, a la textura, a la línea, a la tilde y a las zetas: que decoran con su elegancia la estética de saber hacer y producir con disciplina. Con esmero. Con dedicada higiene y a buen precio, porque el cliente se respeta. Se le cumple. Es la formación que en todos los oficios vale y consolida la dignidad humana.

Hoy tanto eufemismo tiene acancerada a esta sociedad. Tanto derecho exigible, pero no otorgable; tanta ventaja del que hace sin mirar cómo agrede los linderos del otro, nos tiene en esta encrucijada.

La comodidad de las mentes mafiosas, mancha todos los días con sus pútridos jugos la bandera y las camisas de los que cobran por el trabajo sucio. Van en disposición de hacer lo que se les pida y más, por un puñado de infelices billetes que no saben ni gastar.

De esto no nos salvamos: Si bien, ya nos vamos, porque por fortuna nada es eterno… Pero arruga el alma ver lo que hicieron con nuestros discípulos, con nuestros hijos, con el esfuerzo de haber aprendido y realizado lo que se debía. Lo cierto es que estamos caga’os y con el agua lejos!!

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