Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadEn la piel del cazador

En la piel del cazador

Me cansé de ser la presa y me volví el depredador. Me cansé de andar de huida, temiendo por mi vida, me cansé de ser la frágil, la temerosa, la comida. Me cansé de correr aún teniendo fuerzas para hacerlo. Me detengo y renuncio. Ya no quiero salir a campo abierto, sin la posibilidad de disfrutar del momento solo por la necesidad de cuidar mi espalda. Tampoco quiero permanecer en la oscuridad de la cueva, es segura, pero le falta luz, y tal vez no necesito seguridad, quizá sólo necesite un rayito de sol. Tuve mucho miedo y me quedé en la guarida hasta que el hambre me hizo alucinar; solo cuando entendí que mi delirio era causado por mi cobardía, recobré el valor y salí en busca de alimento. Me fui de noche para que las sombras de los arboles se confundieran con la mía; para que  el crujido de las hojas se mezclara con el sonido de los búhos y los otros ruidos que trae el viento. Anduve con cautela en dirección a un lugar desconocido. Heme aquí, en medio de la nada, en medio de la noche más oscura que hubiera sentido mi alma; el corazón me late en la garganta, los ruidos me aturden, las imágenes que dibuja la luz de la luna llena entre las ramas, me llevan presa, me roban la calma. Las patas me tiemblan, estoy asustada; Quiero salir corriendo de regreso a casa  ¿por qué tuve que venir? Por dármelas de valiente terminé sola y angustiada.

Estando en el claro del bosque vi una pequeña luz que centelleaba, me fallaba la visión seguramente o luciérnagas a mi alrededor volaban. Era el brillo de una estrella que en el cielo parecía colgada, los abuelos hablaban de ellas, con la nostalgia de no poder observarlas. Poco a poco fui perdiendo el miedo, y empezaron a enderezarse mis patas. Pensé que incluso estaría feliz si fuera devorada, pues lo que vieron mis ojos era mas bello de lo que imaginaba. Pasté por un momento, sin bajar la guardia, veía todo tan bello en medio de la noche clara. Quería tenderme en la hierba, cerrar mis ojos y dar gracias. Finalmente ya de vuelta, miré el camino por donde vine y en lugar de regresar, me alejé de él. No quiero volver a la cueva, allí es seguro y hay otros que me aman, pero yo quiero ver luz, disfrutar del arcoíris, la noche y el alba. Tal vez soy el ciervo negro o quizá esa no es mi casa. Hay otro lugar al que pertenezco, que no conozco, que veo desde lejos, que aparece a medida que se avanza

Miré mi piel y lo débil que lucen mis huesos bajo ella. La arranqué con dolor sin pensar que el olor de mi sangre atraería al depredador. Me lavé las heridas en un riachuelo, me tapé con barro la sangre, soy un desastre de ciervo. Miro mi reflejo en el agua; no podría, aunque quisiera, volver a la guarida, ya no me parezco a mis hermanos, ya no luzco como ellos. Siento enojo por mi desventaja. Es injusto haber nacido siendo ciervo, pudiendo ser león o el rey del cielo, pudiendo ser quien come y no ser el alimento. Camino con ahínco buscando ese lugar que creo que existe, temiendo que solo esté en mi pensamiento, extrañando las sonrisas de quienes dejé, mientras observo maravillada el paisaje que mi travesía me ha traído a ver. El sonido de unas aves carroñeras revoloteando sobre mi, me robó nuevamente la calma. Yacía en el suelo un tigre, despellejado y con las vísceras extirpadas. Me acerqué lentamente para indagar si respiraba, aunque lo crudo de la escena obviamente lo negaba. Sin dudarlo mucho, tomé aquella piel, maltrecha por lo años y los combates. Era un tigre solitario ciertamente, dos animales diferentes con la misma chispa en el alma. Me vestí de rayas, me sentí poderosa, entendí lo que era, un animal que no  existe, una fantasía, un delirio, un accidente, una decisión mal tomada, un ciervo con piel de  tigre y pezuñas en lugar de garras. Al verme siendo un imposible, entendí a donde debía dirigirme. Allá, alto en la colina, para ver desde arriba la niebla y la escarcha cuando caiga. Espero al llegar encontrar a otros, anhelo que los míos se animen aunque tengan que cambiar de piel, aunque tengan que dejar de ser. Aun siento miedo, me duelen las heridas y las patas; también me pesa la piel que llevo puesta, hay noches en que duermo sin ella y añoro el calor de la manada. Pero no podía vivir con miedo, en la penumbra y agobiada. Hay quienes elijen la cueva por segura y caliente y hay quienes cambiamos de piel porque no  quisimos ser lo que nos tocaba

4 COMENTARIOS

  1. Superar nuestros miedos, nuestras tragedias y nuestros oscuros recuerdos hace parte de vivir intensamente.
    Felicidades. Buen escrito.

  2. Genial poder salir de la oscura cueva y vivir la experiencia de lo nuevo…decidir cada día a vivir una nueva aventura.

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