ENTRE LA NOTICIA Y EL ENTRETENIMIENTO

OpiniónENTRE LA NOTICIA Y EL ENTRETENIMIENTO

Hasta la aparición de las redes sociales con apoyo de la internet al público se le definía como el monstruo de mil cabezas sin forma definida y compuesto por un número indeterminado de consumidores; era algo muy subjetivo.

El periodista o el locutor enviaba mensajes a un grupo indeterminado de personas que inclusive con los famosos “raitings” o mediciones no colmaban las expectativas reales para saber qué medio prevalecía o tenía más sintonía en radio o televisión. Y ni qué de ir de los medios escritos, llámense diarios y “cadapuedarios”, que circulaban cada vez que podían, perseguidos en la calle y en las esquinas cuando tenían la noticia del momento o “chiva”.

Hoy día, bien sabemos que, sí hay forma de contar quién vio lo publicado, cuántas reacciones e interacciones produjo, si se compartió esa publicación y hasta podemos acudir a la misma plataforma para promocionar dicha publicación pagando para que se amplíe su impacto o la misma plataforma nos indica las edades y preferencias de mis consumidores.

Producto de la experiencia en mi cercanía con los llamados medios de comunicación tradicionales, al incursionar en el periodismo digital he comprobado lo que parecía solo una posibilidad o utopía histórica. Por lo tanto, no voy a decir nada nuevo para muchos de mis apreciados lectores.

Por el simple hecho de ser sociables, los seres humanos nos interesamos en lo que le pasa al otro y personificamos diferentes situaciones que pasan del drama y la tragedia al humor y a la hilaridad con una facilidad que ni siquiera sorprende porque es innata en todos nosotros.

Y como se impuso la producción audiovisual, es una exigencia básica que el producto quede bien hecho; con relación al mensaje o contenido del mismo. Para ello, el productor audiovisual debe “cranearse” la manera de que los colores, los encuadres, las tomas, los sonidos que intervienen, todo confluya de una manera armónica para llegarles a unos “consumidores” de quienes se espera que se apropien de él y actúen en consecuencia; generalmente, adquiriendo lo que se les ofrece, así sea un mensaje emocional o de motivación. Todo eso tiene su ciencia.

Y aquí llega lo sorprendente. Mientras usted se aliña para sacar un producto “perfecto” otros lo hacen de manera artesanal, espontánea y orgánica y estos consiguen las visualizaciones millonarias que usted que se sacrificó quisiera obtener. Y es que eso tan natural nos llamó la atención. Claro que hay videos “prefabricados” como las actuaciones que nos quieren mostrar como ocurrencias espontáneas.

Por interesarnos en lo que le pasa al otro, originalmente para aprender, comparar, comprender y ser solidarios, resulta ser que se ha definido esa situación, jocosamente, como chisme. El run run, el rumor, el voz a voz o el secreto a voces alimenta al ser humano, lo mantiene pendiente, se torna una obligación saberlo y hasta exigimos “no me lo cuente a medias, chisme completo o nada”.

“Te tengo un chisme, mañana te lo cuento” es la mejor manera de tener al otro despierto y anhelante de saber algo.

En síntesis, el chisme alimenta en el ser humano una forma de entretenerse. Y hay chismes de chismes. Y, desde siempre, nuestras redes sociales han sido las relaciones en la calle, en el transporte, en la casa, en el trabajo, etc.

Como también es válido afirmar que nos apena aceptar que somos chismosos; por el hecho de que no todos originamos el chisme; pero que nos gusta, nos gusta. No somos chismosos, pero nos gusta el chisme. Muchas situaciones jocosas y divertidas pasan a ser noticia y lo vemos a diario.

Todos alimentamos ese morbo porque así es la naturaleza humana, comunicativa. Todos comunicamos aunque no lo estemos diciendo con palabras.

Entonces, en las redes sociales de hoy, comunicación masiva apoyada en los desarrollos tecnológicos, cuando se publican fotos o videos judiciales, peleas, robos, bonches, curiosidades, burlas, humor, farándula, deportes, accidentes de tránsito, etc., eso llama poderosamente la atención. A diferencia de la noticia oficial, seria o acartonada que se consume, pero no tan presurosa como el chisme.

Debe ser que estamos cansados de que nos hayan embriagado o saciado con noticias oficiales que son expectativas o proyectos; en otras ocasiones son decisiones ya tomadas en las que no interviene el consumidor de esa información más que para enterarse y quedar notificado; en otros casos se destaca lo que dijo aquel o lo que le contestó el otro; también se somete la difusión a la lavada de imagen de un personaje, a las conclusiones de una reunión, al traslado de recursos y miles de notas que poco o nada le interesan a ese monstruo de mil cabezas que es el público.

Hoy, exactamente miles de personas protestan públicamente por la decisión de la administración de Pereira de prohibir el parrillero hombre en motocicletas. Aunque sea un experimento de 6 meses a ver si bajan los índices de delincuencia que se están gestando desde estos aparatos.

En fin, todo se resume a que el entretenimiento (chisme) mueve emociones. La noticia (con validadores oficiales) sí las mueve, pero no tanto. Esto ha sido muy delicado en tiempos de elecciones; la noticia clara llega de los medios oficiales, pero se tergiversa por ciertos medios tradicionales, apoyados por redes sociales y reforzados por el run run en la calle y esa falsa “credibilidad” termina por imponerse a la realidad de un anuncio oficial.

Se publican las noticias que a nuestro juicio captan la atención de nuestros seguidores y también depende de la manera cómo yo lo invite a invertir unos segundos de su tiempo para mi publicación.

Hacer una noticia llamativa es entender que es como llamar la atención y su mensaje inicial debe engancharlo y moverlo desde la emoción. La primera frase es fundamental, siempre ha sido así. El qué se dice tal cual y los demás complementos circunstanciales aparecen en el desarrollo de la redacción. Sin embargo, si acudo a una frase emocional puedo captar más la atención: “Pobre carrito, miren cómo quedó. Accidente en la vía x dejó un vehículo con pérdida total”. Si no incluyo la primera parte, igual voy a decir la noticia, “Accidente en la vía x dejó un vehículo con pérdida total”. Pero siente uno que le queda faltando algo.

Esta es una mirada desde el comunicador o publicador de noticias y entretenimiento. ¿Usted como consumidor de información qué tiene para decir?  

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