ESCAMPAVIA. El pueblo unido jamás será vencido.

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Por JUAN GUILLERMO ANGEL

Alguien comentó el artículo de William Ospina “Ya
viene el otro” con “vean a este diciendo que es el pueblo
el culpable de su desgracia”, tesis que controvierte la
izquierda cuando corea que “el pueblo unido jamás será
vencido”.


La pregunta que surge es: ¿qué tan responsable es el
pueblo de sus males? dicho en otras palabras, “cada
pueblo tiene el gobierno que se merece”, si tomamos
como cierto lo dicho entonces los venezolanos son
responsables de la tiranía de Maduro y los cubanos lo son
del gobierno de los Castro quienes son soberanos desde
hace más de medio siglo, o los nicaragüenses por
soportar al déspota atornillado al poder al punto de
nombrar a su esposa como vicepresidente. Lo que está
ocurriendo quizás le da la razón a Bolívar quien dijo que
Latinoamérica era incurable cuando vaticinó que
“irremediablemente caerá en manos de la multitud
desenfrenada para después pasar a manos de tiranuelos
de todos los pelambres”-


Los dictadores perpetuos amparados en el discurso
de igualdad, común en nuestra América y en algunos
países del tercer mundo, sin embargo no es un paradigma
universal; Alemania superó la distancia entre la del este
socialista y la occidental próspera y poderosa, la sufrida
Checoeslovaquia, hoy partida en dos está muy lejos del
socialismo que la martirizó por décadas y de los tanques

rusos pasando por la puerta de la pólvora, el repudio al
socialismo impuesto por la fuerza de las armas debemos
sumar la despedazada Yugoslavia de Tito o la Polonia que
se incorpora al mundo occidental desde 1.989, para
abundar recordemos con dolor lo que le ocurriera a
Hungría en 1.956, cuando los ciudadanos fueron
aplastados por 1.130 tanques de guerra.


Para confirmar cuán responsables son los pueblos de
su infortunio comparemos cómo hemos reaccionado a
eventos recientes, con la manera como lo hicieron países
donde se respeta la constitución y la voluntad popular: En
Canadá, el primer ministro de Ontario. Doug Ford.
anunció la renuncia de su ministro de finanzas, Rod
Phillips, quien, a pesar de no tener a su cargo el manejo
de la pandemia, realizó un viaje de vacaciones al Caribe.
El gobierno dijo que la renuncia se había solicitado “para
guardar coherencia con las exigencias hechas por los
ciudadanos”.


En Bogotá la señora alcaldesa, se montó en un avión
y salió de vacaciones al mismo Caribe de donde debió
regresar apresuradamente; contrasta la actitud de quien
si tiene responsabilidad directa en el manejo de la ciudad
y las consecuencias de su olímpico proceder, allá la
respuesta fue unánime y fulminante aquí bastó presentar
una prueba negativa al virus y una sonrisita para que no
pasara nada y para que se pudiera descalificar la protesta
con argumentos sexistas; definitivamente algo va de
Cundinamarca a Dinamarca.

El presidente de los Estados Unidos, tal como lo
hiciera el presidente de Colombia, acudió al congreso y a
las cortes para que lo apoyaran en la maniobra para no
reconocer el resultado de las elecciones, allá Trump no
recibió el respaldo ni del uno ni de las otras; en Inglaterra
se pidió el beneplácito del pueblo para romper la relación
con la Comunidad Europea de Naciones, el resultado, por
escaso margen, favoreció a la oposición, de inmediato
renunció del primer ministro perdedor.


En Colombia Santos derrotado se inventó el fast
track, para que, rompiendo todo lo reglado, el congreso,
a las carreras y sin los debates reglamentarios le apoyara
su estafa a la democracia, y para completar el engaño al
elector primario consiguió la complicidad de la Corte
Constitucional y así se creó un precedente que tumbó de
tajo el pilar de la democracia; lo que es inadmisible en
una sociedad seria, aquí se negoció a puerta cerrada.
No nos merecimos los gobiernos comprados con
dineros sucios y de empresas extranjeras, no somos
responsables de los Ñoños, no somos culpables de que se
nos mate por un celular o por una bicicleta: por el
contrario somos víctimas y no caeremos en manos de los
tiranuelos de todo pelambre que nos vaticinó el
libertador.

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