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PolíticaEsperando al papá de Rodrigo.

Esperando al papá de Rodrigo.

Por: DANILO SALAZAR RÍOS.

En mis primeros años de bachillerato, alguno de nuestros amigos aficionados al futbol, nos  contagió de la fiebre de armar un equipo y salir a jugar los fines de semana adonde nos invitaran ,  yo hacía parte del onceno, teniendo experiencias muy diversas: desde ganar amigos al terminar un encuentro, hasta tener que salir a las carreras para no ser agredidos,  en lo deportivo logramos  ganar algunos encuentros, empatar otros tantos y perder muchos, sobre todo en canchas de vereda, donde pasaba lo que en Santa Marta con la brisa marina  llamada  “la loca”,  que “ jugaba”  a favor del Unión  Magdalena, porque entrenador y jugadores conocían cómo soplaba y en qué horario su equipo  podía aprovechar sus fuertes vientos; en una de esas veredas  como  visitantes jugábamos el primer tiempo  “atacando hacia arriba”, pues la cancha no era plana, nos cansábamos, nos hacían goles, y  en el segundo tiempo los locales, con goles de ventaja y más descansados se dedicaban a defender el resultado, nunca ganamos allá; con los días nos acoplamos y llegamos a  ser un buen  equipo.  Nuestros uniformes eran cualquier  pantaloneta , una camisa china barata, que en mi caso me regaló mamá sisándole al mercado, y unos tenis que no podían ser los de Educación Física, comprados con gran esfuerzo por mi papá y que debían durar todo el año escolar,  normalmente  quien no pudiera asistir a un partido, prestaba su uniforme, allí, en la necesidad aprendimos la solidaridad, tan común en las personas humildes, de bajos recursos que comparten con gusto y generosamente lo poco que tienen; para llegar al campo de juego íbamos a pie, en bus, en jeep cuando había ruta, o pagábamos un jeep con sobrecupo, cuando había que jugar en veredas  alejadas, en este último caso  conseguir el dinero era generalmente una odisea, por lo que no siempre jugábamos semanalmente; uno de los jugadores era Rodrigo, primo de Gustavo Villada a quién apodábamos gorila. Rodrigo llegó de posada a la casa de su primo, y cuando estábamos en angustias por falta de uniformes, o pasajes para ir a un partido, él nos reconfortaba prometiendo que cuando llegase su papá, le pediría ayuda, y como su taita lo quería tanto, seguramente nos compraría un buen uniforme para el equipo, ilusionados duramos un año o más esperando al papá de Rodrigo, hasta que nos contaron que en realidad  nunca fue reconocido por ningún padre y que su mamá lo ilusionaba con ese inexistente  progenitor, diciéndole que  trabajaba  en el extranjero y vendría por ellos para sacarlos de su pobreza, Rodrigo no sabía esa parte de la historia, luego desapareció del vecindario tal como había llegado.

Comparando la situación de orfandad de grandes sectores de excluidos o discriminados de nuestra sociedad, que esperan del estado una solución a sus problemáticas, me atrevo a preguntar ¿Cuántos Rodrigo hay en nuestra geografía nacional? Mi pregunta viene al caso de todos los seres humildes, nacidos con desventajas: culturales, sociales, raciales, o de estrato económico, en circunstancias  complicadas, en vecindarios muy humildes, o  difíciles,  llenos  de drogas,  prostitución, casas de cartón, niños no deseados,  o  nacidos en verdaderos antros como el antiguo Bronx, que pasan sus vidas esperando a que su situación mejore, pero a los que el estado y la sociedad  les niegan oportunidades de educación, salud, vivienda digna y empleo formal. ¿Cuántos  de  los niños  nacidos en desventaja, tampoco conocerán al papá de Rodrigo?

Cuando inicié mi labor docente, pasé varios años intentando conseguir que el Fondo Nacional del Ahorro me concediera un préstamo para vivienda; inicialmente ganaba muy poco sueldo y tenía pocos hijos  para aspirar a esa solución, solo alrededor de doce años después con cuatro hijos y algunas cesantías logré conseguirlo;  todos los años nuevos, con rabia y desencanto me sentía como Rodrigo, a la espera de esa solución que se tardaba más de lo esperado. Debí estudiar una licenciatura para ascender en el escalafón docente y mejorar mi salario; soñaba con un traslado al INEM Felipe Pérez,  después de  haber hecho una licencia de tres meses allí y salir frustrado de vuelta a  San Gil;  a pesar de la pobreza, y obligando a mi familia a  pasar muchas angustias económicas,  pude iniciar y terminar mis estudios universitarios, ¿Cuántas veces me  sentí  flaquear en espera del papá de Rodrigo que parecía nunca llegar?

Cuando mi hijo mayor empezó a estudiar Medicina, motivado por cumplir el sueño de su fallecida mamá, por mi condición de docente pagué una matrícula más favorable, y  soportando premuras económicas mi hijo pudo conseguir su título;  para cuando mi hija menor empezó su Ingeniería de Sistemas, tuve que pagar su matrícula como cualquier otro parroquiano, pues el gobierno argumentando equidad nos desmontó el beneficio, pedí revisión del pago, y me amenazaron con cobrarme más, porque según ellos mi estrato era 4 o 5  porque mi casa tenía tres alcobas, dos baños y estaba recién pintada y por poseer un computador nuevo (que  conseguí  fiado, obligado por  la necesidad de que mi hija pusiera  en práctica sus aprendizajes). Tiempos difíciles donde para  estudiar debía  pagar de mi propio peculio,  cuando no había subsidios de vivienda, y el  subsidio familiar era una cifra tan ridícula,  que no se  justificaba  reclamarlo.

Cuando mis hijos profesionales empezaron a trabajar, los miserables que dirigen al país habían aprobado flexibilizaciones laborales para darle gusto al capitalismo y sus  multinacionales. El logro de  mis hijos, ser la segunda  generación citadina  y la segunda  que obtenía  título universitario,  orgullosos de nuestros  ancestros campesinos, se vio afectado por la “proletarización” de sus profesiones, al  tener que dejarse explotar de entidades negreras llamadas cooperativas, que les pagan menos que a profesionales de su mismas calidades  y estudios, a través del mecanismo de tercerización laboral. Mi hijo menor estudiando y graduándose de Contador público, ya adulto y padre de familia, buscando acomodarse  como independiente, es otro ejemplo de que a pesar del esfuerzo, la perseverancia y el carácter, nada es fácil en este país.  Digamos que mi familia logró soltar el azadón y  obtener un pequeño ascenso social, sin dejar de ser asalariados. Los demás colombianos ¿lograrán conocer al papá de Rodrigo?

¿Por qué si nuestros gobernantes son tan amantes de la equidad, el  presidente Duque, con mezquindad  aún insiste en cobrarnos a los pensionados con pequeñas mesadas un aporte del  12 % para salud  a sabiendas que el congreso aprobó rebajarlo  al 4%, pero  al mismo tiempo, no se  obliga a los congresistas a aportar para la salud de ellos?. ¿Si les gusta tanto la equidad por qué quieren cobrarnos impuestos a las personas de medianos y bajos salarios y darle exenciones a los ricos y a la grandes empresas? ¿Si les gusta tanto la equidad por qué pretendían ponerle IVA al agua domiciliaria, pero no a las gaseosas?.

Nunca entendí la equidad  igualando  por lo bajo, es decir quitándoles oportunidades a las gentes,  espero no sigan socializando la pobreza y las pérdidas económicas, porque me asquea que la pobreza sea socialista,  mientras las ganancias y  la riqueza son capitalistas.

En un país con miles de jóvenes enajenados por el consumo de narcóticos, que pierden su juventud y desperdician su vida en las calles, un país con miles de zombis que atracan, roban o piden limosna, cuyas vidas miserables son culpa de “personas de bien” muchos de ellos narcotraficantes enriquecidos por sus pocos escrúpulos y gran avaricia, algunos de ellos cercanos a las autoridades, en connivencia con ellas, o que prosperan por su  permisividad, élites que no asumen ninguna responsabilidad por el gran daño que sus actividades le causan a nuestra juventud, ¿es ético salir a luchar por un mejor país, o  debemos de aceptar con resignación que ellos  “la gente bien” nos sigan gobernando?

 Un país donde se asesinó a  miles de personas humildes para hacerlas aparecer como guerrilleros dados de baja en combate;  donde  se mata líderes sociales, cuyos crímenes quedan impunes la mayoría de las veces;  donde algunos ex –militares, bien entrenados son contratados  como mercenarios para hacer trabajos sucios fuera del país; y donde las grandes reformas  a instituciones cuestionadas por actuaciones de  algunos de sus miembros, como es el caso de la policía, se limitan a un  costosísimo  cambio de uniforme ( en tiempos de recesión económica, donde se necesita austeridad), pero no  se cambia la  doctrina de: ver como enemigo interno, a todo el colombiano del común que proteste, no trague entero,  o  reclame .¿Se  debe  salir a protestar para buscar castigo a los culpables, o se debe ser cómplice, callando por solidaridad con las instituciones?  

En un país donde los despojadores de tierras se cambian de nombres y se hacen llamar águilas, disidencias u otras denominaciones, y asesinan a quienes tienen la valentía de reclamar  las tierras que han sido suyas por generaciones ¿se debe a salir a protestar contra la injusticia, o  callar y ayudar a mantener la impunidad?

En un país  donde los electores se dejan manipular por la manguala  entre políticos, corruptos y grandes medios de comunicación,  para elegir a los peores  de ellos como nuestros verdugos ¿valdrá la pena luchar por el cambio, o debemos seguir proclamando  bobaliconamente que vivimos en una gran democracia?

En un país donde lo ambiental no es una prioridad: se arrasan las selvas;  el congreso autoriza el fraking y el saqueo de los recursos naturales; donde noticias caracol 7  p.m. el domingo 1 de agosto,  denuncia que  desde la firma del acuerdo de paz con las Farc se han deforestado 745.000 hectáreas, ¿debemos apropiarnos de nuestros destinos, o el pueblo colombiano tendrá que seguir  esperando al papá de Rodrigo?

Si no hay motivos de protesta e inconformidad a  pesar de  las monstruosidades que pasan en este país. ¡Apague y vámonos ¡

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2 COMENTARIOS

  1. Buenas tardes, yo creo que el caso de la espera del papá de Rodrigo, es más común de lo que podamos creer, pues para la gran mayoría de Colombianos, nos quedamos esperando el tan cacareado ingresó solidario y la devolución del iva.

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