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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

EditorialEsta es mi opinión ¿cuál es la suya?

Esta es mi opinión ¿cuál es la suya?

Gracias, Jorge Correa.

Por WILLIAM RESTREPO

Nunca antes había sentido tanta dificultad para hilvanar frases que pudieran describir en alguna forma el dolor que siento ante la partida temprana de mi hermano, amigo y cómplice, Jorge Correa. Lo conocí a las pocas semanas de haber llegado a Pereira en una convocatoria hecha para encontrar pares en la lucha contra la corrupción. Recuerdo que con Jorge éramos casi 50 personas, y aún siento su decepción, años después, al reconocer que solo quedamos nosotros dos. Los demás no vieron negocio en esto de un Comité Cívico, sin ánimo de lucro. Desde entonces recorrimos todos los caminos por entre los odios, deslealtades, traiciones y corrupción, esa maldita corrupción que se convirtió en una obsesión para Jorge.

Aprendí a su lado el desprendimiento de lo material. El distanciamiento de la mentalidad de siempre querer hacerle el daño a los demás y una férrea actitud contra el saqueo del erario. Jorge Correa se convirtió en el dolor de cabeza de los corruptos que en privado deseaban su desaparición y en público ninguno de ellos tuvo la valentía para confrontarlo en un debate sobre todos los temas sociales del país. Jorge era un líder innato que alargaba las palabras hacia un futuro deseado donde predominara la verdad, su más fuerte escudo. En su cabeza Jorge tenía a todo su país, desde el más humilde caserío en el Chocó hasta organizaciones cívicas organizadas en pueblos de la Costa Atlántica. Nada se quedaba sin terminar porque siempre pensaba en los demás. Era vertical en sus posiciones, de carácter, pero, equivocado o no, siempre cuestionó cualquier vestigio de corrupción que descubriera. Y uno de esos cuestionamientos era su queja permanente sobre la dificultad para que la gente del común se diera cuenta que la realidad de Colombia no respondía a lo que los gobiernos querían que nosotros entendiéramos. “Estamos haciendo la tarea”, era su caballito de batalla. Investigaba, leía y con su memoria privilegiada podía dictar una conferencia con más detalles e información que cualquier leguleyo. Unos lo envidiaban en silencio. Otros temían caer en sus manos porque fue el único “denunciador público” que con nombres y apellidos sacó a la luz las vergajadas, contra el pueblo, de los legisladores corruptos y los cuestionó todo el tiempo. Nadie se atrevía a confrontar los detalles investigados por Jorge con la verdad.

Pero me quiebro cuando presiento lo que va a generar su ausencia. La muerte nos arrebató a un gran ser humano, y en medio de este luto colectivo pienso que tal vez Dios se lo llevó porque merecía estar en un lugar mejor lleno de paz y amor. Jorge sentía como propias las angustias de los más necesitados, y con la contundencia de un poseedor de la verdad defendió a la comunidad.

Podría pasar horas y horas tratando de describirlo como siempre lo percibí, pero no es el momento. No hemos perdido la conectividad, porque sus enseñanzas han sido tantas, que son el diario recordar que hay seres humanos buenos, eficientes, claros, de carácter, de sed de lucha y de mucha compasión por las necesidades de todos. Jorge Correa era uno de ellos.

Duele mucho que se haya ido y duele mucho más cuando es el único amigo que yo tenía. Fuimos compañeros del viaje de la vida que, como decía Borges, “La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene”, y no podemos detenerla. Te lloraremos, Jorge, siempre. Gracias amigo mío por haberme permitido ser tu compañero de viaje y haber podido aprender tanto de tu enorme capacidad visionaria y tu real compromiso comunitario. La lucha no ha terminado, pero los corruptos de Risaralda no pueden descansar muy tranquilos, porque Jorge dejó la ruta definida por donde circulan todos sus secretos.  A sus hijas y familia mis votos de solidaridad, y compañía en estas horas de indescriptible dolor.

Ahora me retiro con el corazón arrugado, y una tristeza profunda, para entrar en el duelo personal, porque ha muerto un líder comunitario y un mejor amigo que arrumando conocimientos se lo dio todo a sus semejantes en una demostración de la nobleza de su corazón. Padre nuestro que estás en los cielos………

Adios, amigo y mentor…..

PD.  Jorge Correa es la piedra angular de la verdadera fórmula para hacer activismo patriótico, decente y más efectivo. Su legado está ligado a la rectitud investigativa y a la defensa del respeto a la verdad. Nosotros recogemos esas banderas para continuar la lucha contra la corrupción.

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2 COMENTARIOS

  1. Lástima que ser veedor o algo parecido, se vuelva una tarea amarga y que llena de enemigos, lastimosa perdida de seres humanos con la «garra» y el tesón suficiente para vigilar y denunciar corruptos y corrupciones, como dijo el chavo, ahora ¿ Quién podrá defendernos?

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