“Fenomenología de la religión”

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Padre Pacho

La fenomenología tiene un encargo a partir del rigor científico y es, el estudio de la significación de los fenómenos humanos y dentro de ese abanico de las intencionalidades de la conciencia humana, aparece el fenómeno religioso. El ser humano es un ser constitutivamente referido al mundo como tal y el hecho religioso, pertenece a la experiencia humana, y como fenómeno puede ser estudiado en todas las culturas, desvelando sus particularidades y sus características universales.

En la época prehistórica, en las culturas llamadas primitivas, el hecho religioso va muy ligado a las expresiones mágicas, una mezcla con el animismo y los mitos, con características totalmente politeístas. Lo interesante es que su estructura significativa es muy propia y distinta a otro tipo de expresiones como lo ético, lo político y lo social. Esta estructura significativa, toca con lo sagrado, que luego toma el nombre de Misterio, para indicar la superioridad de ese Otro, que se hace presente en la vida de una persona o un grupo humano.

La fenomenología nos muestra cómo algunas creencias religiosas se centran esencialmente en un ser trascendente llamado “Dios”, en cambio otras se centran en el hombre mismo. Las primeras, tienden a un reconocimiento de una realidad superior trascendente, las segundas se confunden con un sentimiento psicológico de soledad, insatisfacción, convirtiéndose este fenómeno en objeto de engaño, ya que sólo se busca la religión para superar una situación concreta de angustia o desamparo, como lo afirmaba Feuerbach, un “dios” que llene las situaciones límites como el dolor y la muerte, que el hombre no puede resolver.

La proliferación de tantos movimientos religiosos en nuestros días, no es un fenómeno gratuito, es por la misma situación de zozobra y de insatisfacción de nuestra cultura. Una búsqueda irenista que quiere reconciliar el espíritu con la materia, donde aparecen todo tipo de prácticas espirituales, incluso esotéricas, que ya habían sido superadas, que reflejan una nueva conciencia religiosa, que no esté ligada ni a instituciones históricas, ni a criterios dogmáticos o doctrinales, donde se quiere vivir emocionalmente lo religioso, diluyendo la trascendencia a los avatares cotidianos, para poder disponer de ella, cuando surja la necesidad, de tener un estado interior equilibrado y seguro, sin que ello implique que haya que tener una experiencia de un ser trascendente, donde la búsqueda de la verdad suele pasar a un segundo plano. 

No hay razón para pensar que la pluralidad de lo religioso sea mala, por el contrario, ello expresa el carácter misterioso de Dios, más allá de nuestras formulas humanas. Cada creyente podrá tener la certeza de creer que la experiencia de fe que profesa es verdadera, lo que debe tener claro es no querer limitar el derecho de los demás a pensar lo mismo de su propia experiencia religiosa y no caer en señalamientos proselitistas, que atentan contra la misma esencia de la religión.

Se debe tener muy claro que una cosa es el relativismo religioso y otro el pluralismo religioso, en el primero no se dialoga, en el segundo se da el deseo de encontrar puntos comunes de encuentro y reflexión, como sucede entre cristianos y las propuestas orientales, quienes nos enseñan formas de interiorización y a su vez les enseñamos, la dimensión humanitaria y social de la religión. Un dialogo que en ningún momento debe ser confundido con el sincretismo, la fuerza de dos culturas que, no por el fruto del dialogo, terminan compartiendo, diversas propuestas religiosas en un solo espacio común, como suele suceder con el vudú haitiano, la macumba, el candomblé o e Kimbangúismo africano.

El dialogo interreligioso, abriga un futuro esperanzador al fenómeno religioso, que responda a los desafíos de una nueva sensibilización, una religiosidad, que nos lleve a una ética mundial, con unos principios universales; una religiosidad afectiva-emocional, que rompe con la sequedad de la razón técnica y el cultivo de una vida interior.

El materialismo ateo, impuesto por el marxismo, atentó contra las raíces mismas del hombre, llevando en las dos primeras décadas del siglo XXI a una reacción, de una religión espiritual, espontanea, creadora y mística, que desde la libertad se sienta la fuerza de Dios, donde se pueda vivir la fe con un mayor conocimiento de causa, pero sin quedar reducida a un sentimiento personal recluido en la soledad material o individual, sin ninguna incidencia en la vida pública o social.

Padre Pacho   

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