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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadGasolina en la hoguera política

Gasolina en la hoguera política

Hagamos un alto en la evolución del serio problema del catastrófico catastro multipropósito padre putativo del impuesto predial. El alcalde Maya, a pedido del Concejo, inicia el 10 de mayo hasta el 1 de junio un proceso de socialización por comunas, corregimientos y empresariado. En castellano se le llama procrastinar: hacer después lo que se debió hacer antes.

Nuestro alcalde (se supone que es el alcalde de todos) según algunos de sus propios amigos, se ha convertido en un autócrata que oye, pero no escucha.

Soy de la generación de La Violencia, ese período sangriento de guerra civil no declarada entre liberales y conservadores que a mediados del siglo XX llenó de luto miles de hogares, entre ellos el de mis padres, y por cuya causa, llegaron hasta este santuario de paz que ellos, como miles de familias, vieron en la Pereira de entonces.

Podría contarles de memoria la historia muchas veces escrita con la narrativa de ese aciago período colombiano en el que el país político causó e instrumentó el fratricidio del país nacional. Y todo por dos banderas hoy desteñidas y desmirriadas.

El principal combustible de la política ha sido, es y por siempre seguirá siendo la emocionalidad. Y justo, en usufructo de las emociones políticas, las dos peores y más dañinas emociones que generan violencia política, sometimiento, dolor y sufrimiento, son el fanatismo sectario y los intereses politiqueros torcidos.

Otras emociones propias de la política son menos nocivas, incluso sanas. Entre ellas la simple simpatía por determinado candidato o candidata, bien porque sus propuestas son atractivas o por su imagen o presencia carismática.

También quedan (cada vez menos), electores disciplinados y tradicionales que votan con la nariz tapada, y lo hacen porque el candidato enarbola la bandera de su partido.

En casi todos los casos, la emoción supera a la razón. Es así como en tiempos de redes sociales cualquier elección en la que el mapa de calor detecte color político, siguen siendo lentos, aunque cada vez menos residuales, los votos informados e inteligentes que son distintos del voto útil, susceptible de manipulación en las encuestas.

El voto consciente es uno de los escollos que hoy por hoy tienen los partidos tradicionales y las firmas encuestadoras, porque en ocasiones, cuando se mide la intención de voto, una cosa es lo que dicen los electores y otra lo que hacen en las urnas.

En medio de este maremágnum de gustos y apetitos electorales aparecen los disgustos y las maniobras torticeras de un sector especializado en sembrar miedo.

Son expertos en arrojar gasolina a la candela. Hasta hace pocos años hubo verdaderos maestros en el arte de desacreditar y masacrar moralmente al opositor mediante  pasquines, chapolas y boleteos puerta a puerta. En Pereira, durante mucho tiempo se monitoreaban las litografías de la carrera quinta.

Hasta que aparecieron las redes sociales y las aplicaciones de mensajería tipo whatsaap. Ahora están de moda las “bodegas”, una especie de búnker digital con  expertos en propaganda negra y fake news. Son una plaga nacional. De los ingenuos emocionales, mi padre solía decir: con tanto marrano, primero se acaba la aguamasa.

Otro combustible de la política, el más peligroso y letal, son los fake news (falsas noticias) elaboradas en las bodegas de propaganda negra con la intención de joder a un candidato por cortesía de su contendor o partidarios de éste.

Ayer domingo, a un amigo muy querido, que de verdad aprecio, me atreví a responderle un mensaje en el que incitan al odio en un lenguaje incendiario y maquiavélico que desborda toda prudencia.

Mi amigo comprendió y me respondió: “A mí me llegó al whatsaap y yo te lo reenvié”. Me ofreció disculpas y reconoció el tono violento de la falsa noticia.

Son múltiples los factores sociales, económicos y políticos que signaron al país desde aquel 24 de julio de 1956 cuando en Benidorm España, Lleras Camargo, por el Partido Liberal y Laureano Gómez, por el Partido Conservador, crearon el Frente Nacional para repartirse el poder.

Pero cometieron el error de dejar unas hormigas por fuera del pacto, y en los últimos 60 años armaron este hormiguero violento y despiadado como pocos; y de paso, el tal pacto creó este monstruo plutocrático que tanto criticó y le costó la vida a Jorge Eliécer Gaitán y del cual se burló como quiso el inolvidable e inmolado Jaime Garzón.

Hoy, a dos semanas de la elección del nuevo presidente de la República, cualquiera que gane podrá hacer algunos cambios y alardear como hacen todos, pero no podrá transformar un país polarizado, dividido. Desde la campaña preelectoral misma, nos solazamos echándole gasolina al debate político y sembramos odios que nos hacen seres incapaces de aceptar la unión en paz con nosotros mismos y con los demás.

En la película El planeta de los simios, de los años 70, Sócrates, el simio sabio dijo al terrícola: “Ustedes los humanos permiten que las emociones controlen el cerebro”.

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