Grave lo que está sucediendo

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Por: Alberto Zuluaga Trujillo

El inocultable deterioro de la paz en el país y el incremento de los procedimientos indebidos y excesivos de la Fuerza Pública, son hechos graves que evidencian el difícil momento que vivimos. Cuál paz dirán algunos. Con la firma del Acuerdo de La Habana, la intensidad de los ataques a la población civil bajó ostensiblemente.

Campesinos  desplazados volvieron a sus tierras y poco a poco la tranquilidad a dichas zonas fue  llegando. Pero esta calma empieza a deteriorarse en forma rápida. Los hechos de sangre que parecían historias del pasado han vuelto con todo el horror.

En plena pandemia, los grupos armados ilegales, los que han existido y los que han venido surgiendo están azotando con mayor intensidad los departamentos de Antioquia, Cauca, Nariño, Valle del Cauca, Norte de Santander, Putumayo y Chocó, registrándose 47 masacres en lo que va corrido del año, arrojando 220 muertos.

Según la Fiscalía General de la Nación, en el Cauca se han presentado 63 asesinatos de líderes sociales; en Antioquia, 58; en Norte de Santander, 42; en el Valle del Cauca, 34  y en Putumayo, 23. Se señalan presuntos autores sin conclusiones satisfactorias. Es evidente la pérdida de control gubernamental entre otras razones porque los espacios dejados por las Farc han sido ocupados por las Bacrin.

En Cauca y Nariño, en cuestión de 24 horas, tres masacres dejaron 17 víctimas y agudizaron la preocupación por el incremento de estos hechos criminales que traen a la memoria los años más oscuros del conflicto armado. Citando cifras del Ministerio de  Defensa, la Fundación Ideas para la Paz señaló que entre 2015 y 2017 hubo 29 masacres  con 121 muertos mientras que, entre 2018 y junio de 2020, se presentaron 56 masacres con 210 muertos, sin contabilizar las de este mes, razón para señalar un grave deterioro de la situación en los últimos tiempos.

Hay quienes de manera simplista reducen lo que sucede al narcotráfico. Lo que estamos presenciando es una batalla por diferentes sistemas de gobernanza impuestos por actores armados, donde el Estado no lo hace. Verbigracia, han amenazado a quienes no cumplen con protocolos de bioseguridad. Del otro lado tenemos el indebido y excesivo proceder de la Fuerza Pública. Los desórdenes causados a raíz de la muerte del supuesto abogado dentro de un procedimiento policial, prenden una vez más las alarmas sobre la forma de actuar de esta institución armada, encargada de la protección ciudadana.

Cada vez que un agente de policía transgrede la ley se originan fundadas razones de preocupación. Desde hechos de corrupción hasta extorsiones y asesinatos se les ha probado, al igual que abusos en cumplimiento de su misión, deteriorando enormemente la credibilidad social. Pero no siempre es la policía la responsable.

Ante el resquebrajado ambiente que respiramos tratar de imponer el orden con una autoridad menguada por el proceder de unos pocos uniformados indeseables que tantísimo daño le causan a la institución, no es tarea fácil.

Es tanto el daño causado que lamentablemente la ciudadanía no pocas veces ha tomado partido en favor de los delincuentes. Estando ya en la mitad de su gobierno el Presidente Duque debería sopesar la gravedad  del momento que vivimos para que, en cumplimiento del juramento prestado, salve a Colombia y salve su mandato.

                                                              alzutru45@hotmail.com    

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