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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

EspiritualidadHoy te dejo caer

Hoy te dejo caer

Por mucho tiempo sostuve tu mano, con temor seguí tus pasos para evitar que cayeras; evité que la lluvia humedeciera tu rostro, te alcé para que el camino no se hiciera pesado. No quería que el sol quemara tu cara, ni que el viento enfriara tu pecho, no quería que nada malo te pasara, y así, en lugar de amor, te regalaba miedo; ignorantemente, creyendo que te cuidaba, te quitaba vida. Quería conservarte eternamente en una bola de cristal, perfecto, inocente, dócil; una noche, mientras cobijaba tu cuerpo, noté con dolor que tus pies ya no cabían en la cama, y entendí que ese lugar de cristal imaginario que había diseñado para ti, tendría que quebrarse. Antes de que se rompiera en mil la fantasía, me quebré yo primero, aún estoy buscando mis fragmentos, intentando unirme, siendo consciente de mi imperfección, pero orgullosa de mis remiendos.

Hoy te dejo caer, elijo soltar tu mano para que corras y tropieces, esta vez no te levantaré, te gritaré con fuerzas que sacudas tus heridas para que continues en la marcha. Hoy suelto tu mano, quiero que la lluvia moje tu rostro para que se mezcle con tus lágrimas, porque necesito que entiendas que, aunque haya dolor, siempre hay algo que nos consuela el alma. Hoy ya no estaré para sostenerte, quiero que la senda se haga extensa y el camino áspero, para que comprendas el valor de cada uno de tus pasos.  Quiero que sientas los rayos de sol en tu piel, para que el calorcito de ellos te hable del amor que me inspiras. Hoy quiero que el viento sople fuerte en tu dirección, pues nunca debí temerle al frío sino al hecho de que, por mí, jamás pudieras abrir tus alas.

Hoy te dejo caer, para que al levantarte recuerdes lo fuerte que eres. Hoy te dejo elegir, para que mis anhelos no supriman los tuyos; hoy te entrego la pluma y el papel, para que en lugar de ser quien asume el papel que describen las letras, seas tú quien escribe su propio guion. Hoy te dejo ser, te entrego realmente la vida que unos atrás te di, pero por temor, te quité.

Te prometo que, aunque no extienda mi mano, estaré observando cómo te levantas, aunque no te seque el rostro, me sentiré orgullosa de ver como enjuagas tus lágrimas, como sonríes bajo el sol, pero, sobre todo, estaré inmensamente feliz de ver como extiendes tus alas. Ve, vuela; hoy te dejo caer desde la cima para que pruebes tus alas, y aunque sientas miedo, verás como antes de llegar al suelo, tomas fuerza para por fin, disfrutar tu propio vuelo, surcar las nubes, tocar el cielo. Hoy te dejo caer poque sé que este acto que parece tan cruel, es todo lo que necesitas para poder ser, y eso, es lo que más deseo. Que el temor por perder la vida, no te haga vivir en agonía. Ve, corre, vuela, que yo contemplaré tu sombra, amaré tu vuelo. Cada vez que el viento traiga de vuelta a mí tu aroma o el sonido de tu sonrisa, me sentiré liviana porque te dejé en libertad.

4 COMENTARIOS

  1. Muy bonita lección de desprendimiento maternal, a veces parece crueldad, pero es el paso correcto en ánimo de que cada quien transite por su propia senda, no siempre libre de rosas y espinas

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