Igual no es lo mismo

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Por Luis Enrique Arango Jiménez

Después de mi último escrito donde llamo a no banalizar los acontecimientos surgidos a partir del abuso policial contra un ciudadano, en algún estado de embriaguez, que le causaron la muerte, y donde invito a no descartar la necesidad de considerar revisar las cosas al interior de la policía, me llegaron comentarios variados.

Quizás el más sobresaliente sea que no hubo ninguna espontaneidad y que eran acciones planeadas y debidamente coordinadas por grupos interesados en promover la violencia.

Debo aclarar que cuando hablo de espontaneidad me refiero a la misma que tuvo lugar en los Estados Unidos cuando falleció un ciudadano afroamericano en un brutal procedimiento policial. 

Con todo respeto me parece que caer en la paranoia de que la subversión tiene células dormidas esperando la oportunidad para en menos de 24 horas actuar de manera sincronizada me parece fuera de la realidad.  Hay que aceptar que estamos viviendo un momento de gran sensibilidad estimulado por la velocidad de la información a través de las redes sociales que distribuyen vídeos casi al instante dando cuenta de lo que sucede. Además, que las movilizaciones juveniles vienen creciendo en el mundo entero y Colombia no es la excepción, sin necesidad de ahondar en las causas de la insatisfacción y el activismo.

Que hay grupos violentos interesados en aprovechar cualquier oportunidad está fuera de duda, de eso no estamos hablando. Y que algunos están emparentados con la subversión armada tampoco.

 Otro frente de las objeciones estriba en la falta de equilibrio con las víctimas, reclamando el por qué cuando se trata de los agentes del orden no se despierta la misma indignación.

 Con relación a este inocultable contraste vale la pena preguntarse:

¿Por qué el Imaginario social no equipara a un ciudadano indefenso con quien está armado y ostenta la autoridad?

Por qué cuando se produce una emboscada de las fuerzas irregulares y matan en indefensión a miembros de la fuerza pública no se produce el grado de Indignación que se produce en sentido contrario.?

Por qué los golpes que se asestan entre las fuerzas militares y los grupos subversivos se consideran actos de guerra y no se miran con el mismo lente que se miran los actos de violencia. Acaso la guerra tiene permiso aceptado para ejercer la violencia.?

¿No será que se piensa que tanto la justicia como la violencia están politizadas en contra de los más débiles?

¿No será que la sociedad desconfía de la neutralidad de las Instituciones y las ve como parte de una gran corrupción que envuelve a toda la sociedad?

No voy a responder estas preguntas más allá de lo dicho; más bien invito a que debatamos al respecto.

La violencia debemos condenarla enfáticamente. No hay guerras justas, todas las guerras son injustas.

Ninguno de los héroes de las gestas de la historia pasaría el examen del respeto a los derechos humanos.

De ahí que sea explicable, aunque no aceptable, la iconoclastia de las manifestaciones en Estados Unidos derribando las estatuas en protesta contra la violencia racista. Igualmente, los cambios de nombre que se están produciendo en ámbitos universitarios e incluso en equipos de Football.

No puede hacerse raro la gran contradicción en que vivimos en los asuntos de la convivencia y los poderes.

Insisto; tenemos que desarmarnos por dentro de nosotros mismos, aceptar que no hay una sola verdad y que la violencia no es la partera de la historia, pero en cambio sí puede ser la sepulturera.

Saludos

Luis Enrique Arango

P/D . Lamento el fallecimiento del ex senador Carlos Enrique Soto Jaramillo.  Solidaridad con sus familiares y amigos.

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