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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

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POR JORGE H BOTERO

Quizás el ímpetu reformador de la institución parlamentaria, que en ella misma se vive, culmine bien, enbien de Colombia

Aquí se ha dicho que la democracia representativa es el eje de la democracia, no los episodios de democracia directaque, cuando son de naturaleza electoral  -plebiscitos, referendos, revocatorias del mandato-, son de suma cero: unos ganan justamente porque otros pierden lo cual puede generar graves fracturas sociales. Recuérdese el impacto muy dañino, y aún no superado, del plebiscito en torno a los acuerdos con las Farc de 2016.

Y que cuando se materializa en movilizaciones y paros, la democracia directa puede generar un desequilibrio grave entre grupos sociales que de ordinario no es visible: las mayorías silenciosas, que integran los trabajadores por cuenta propia (artesanos, pequeños comerciantes, proveedores de servicios personales de bajo valor), quedan huérfanas de relevancia política; dejar de trabajar, para salir a patear calles y repetir consignas, no está a su alcance. O dedican el tiempo a protestar o producen para llevar el pan a casa. Por el contrario, los empleados públicos sindicalizados, que son una pequeñísima minoría de la comunidad trabajadora, pueden cesar en sus actividades, privando, por ejemplo, a muchos niños y adolescentes de acceso a la educación, porque el Estado les paga sus salarios así estén en paro.

Tambien afirmamos que la construcción de políticas publicas como conclusión de debates parlamentarios realizados con buenos argumentos, es factor que contribuye a su buena calidad. Así mismo, que siendo el Congreso el eje de la modalidad representativa de la democracia, preocupa el desplome vertiginoso de su respaldo popular, que ocurre aquí y en muchos otros países. 

En ese espíritu, la semana pasada este columnista defendió el sistema bicameral, la reduccion del tamaño del Congreso, una reforma de la composición del Senado aunque manteniendo la elección parcial de sus integrantes en circunscripción nacional, la eliminación del voto preferente (que ha condenado los partidos políticos a la irrelevancia), y la reducción del receso parlamentario que comienza a fin de año, de tres meses a uno.

En la actualidad, cualquier parlamentario puede presentar el número de proyectos de ley que le pase por la mente. Muchos lo hacen para rendir homenaje a su pueblo, conmemorar el nacimiento de un prócer local, exaltar viandas o prendas de vestir típicas de su región. Con estas y parecidas iniciativas se genera una congestión enorme en el canal legislativo, al extremo de que sólo el 9% de los proyectos culminan el tramite y se convierten en leyes. A esa situación aberrante hay que ponerle fin.

El Congreso no puede seguir utilizando tiempo valioso en banalidades. Menos leyes debería traducirse en leyes mejores, y en mejores oportunidades para los debates de control político cuya realización tiende a ser escasa por las presiones derivadas de la agenda legislativa.
En consecuencia, la presentación de proyectos de ley por los parlamentarios debería reservase a un cierto número de ellos, por ejemplo, al 15% de los integrantes del Senado o la Cámara, según corresponda. Estos requisitos tendrían que ser más rigurosos para presentar reformas a la Constitución.

La mediocridad que, a veces, caracteriza a los productos de la actividad parlamentaria, podría corregirse, además,mediante grupos de asesores dedicados exclusivamente a apoyar a cada una de las bancadas en la preparación de proyectos, ponencias o debates. Esta medida, por razones de costo y respeto a una ciudadanía incrédula cuando no hostil, debería implicar la reducción correlativa de lasactuales unidades de trabajo legislativo al servicio de cada congresista, las cuales deberían ser suficientes unicamentepara soportar la logistica de cada parlamentario y la gestión básica de sus actividades proselitistas.

Una de las grandes patologías que padece el Congreso es su opacidad: es cercano a lo imposible para el ciudadano del común saber qué sucede entre el momento en que una ley inicia su curso y se remite al Presidente, luego de ocho debates, para que la sancione. No se legisla de cara al país sino dandole la espalda. Qué cosas ocurren con los textos en proceso durante la noche, los fines de semana o los periodos de receso, es algo que suscita muchas inquietudes. La solución es tan sencilla que asombra que no haya sido adoptada: un expediente electrónico legislativo, de modo tal de que desde el comienzo del proceso las distintas etapas se surtan en medios digitales; el acervo documental que así se forme sería de conocimiento público en la nube durante las 24 horas del día. La ley que adopte esta sugerencia podría ser la mismaque otorgue certeza a las sesiones virtuales que durante la pandemia ha sido preciso adoptar.

De ordinario, los miembros del parlamento tienen que afrontar las discusiones sobre el presupuesto, la evolución de la deuda pública y las reformas tributarias sin tener evaluaciones propias de problemas y soluciones. Les toca confiar en los aportes que les hagan el gobierno y el sector privado, que son partes interesadas. Esta falencia debería enmendarla la Contraloría General que recientemente ha sido dotada con un notable incremento de recursos. La creación o fortalecimiento de las áreas de estudios fiscales, y la definición de las reglas para que el Congreso y sus distintas reparticiones puedan obtener los estudios que requiera con celeridad, son medidas útiles que no implica gastos significativos.

Desde una óptica gerencial luce absurdo que la administración de las cámaras sea separada y dependientede unas mesas directivas que cambian cada año. Convendría tener una dependencia técnica y autónoma que realice esas tareas, sin perjuicio de que las líneas de acción sean definidas por un consejo directivo de origen parlamentario.

Briznas poéticas. De Dario Jaramillo, gran poeta del amor: Ese otro que también me habita / acaso propietario, invasor quizás o exiliado en este cuerpo / ajeno o de ambos /el dueño de mi embrollo, el pesimista y el melancólico y el inmotivadamente alegre, / ese otro, / también de ama.

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