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ActualidadJuegos pirotécnicos

Juegos pirotécnicos

POR JORGE H BOTERO
Los proyectos de referendo que se proponen erosionan, aún más, el prestigio del Congreso, gozan de poca factibilidad y en buena parte, contienen propuestas nocivas
Para colmo de los infortunios del Congreso, una institución desprestigiada pero fundamental, algunos de sus integrantes actuales o que lo fueron hasta hace poco, han optado por la estrategia de proponer reformas que ella puede acometer, en principio, por si misma. ¿Por qué, entonces, desdeñan ese camino y acuden al proceso de recolección de firmas sabiendo que, en todo caso, las reformas constitucionales por la vía del referendo requieren aprobación previa del Parlamento? Se trata -otros lo han dicho- de posicionar sus aspiraciones políticas de cara a las elecciones presidenciales de 2022. Nada habría que objetar si no fuere porque esa forma de proceder probablemente conducirá a que sus iniciativas, así sean radicadas con un amplio número de firmas, encallarían en el trámite legislativo como consecuencia de que sus proponentes, casi con certeza, no cuentan con las mayorías requeridas. Esos previsibles fracasos serían atribuidos no a la dinámica normal entre mayorías y minorías, sino a la indolencia, real o presunta, de los congresistas ante los problemas nacionales.
No cabe una resistencia de principio contra referendos y otras manifestaciones electorales de democracia directa. En ocasiones pueden servir para rescatar a una sociedad de una profunda crisis, como ocurrió entre nosotros en 1957. El plebiscito de ese año fue producto de un amplio consenso que le permitió a Colombia superar una guerra fratricida y recuperar su democracia. Lo mismo cabe afirmar de la Carta francesa promulgada mediante referendo en 1958. Le permitió al país de los galos superar los trastornos de la guerra de liberación de Argelia y la debilidad de sus instituciones.
No obstante, de ordinario esos mecanismos producen malos resultados. A veces se impone a los ciudadanos la obligación de decidir sobre asuntos complejos que muchos no logran entender, tal como sucedió en Gran Bretaña con su retiro de la Unión Europea. En ocasiones se convierten en un instrumento para dar apariencias democráticas a gobiernos autoritarios, como el de Napoleón III en Francia. En otras más se usan por el gobierno que los promueve para competir con desleal ventaja frente a sus adversarios; es lo que sucedió en 2016 cuando se votó el acuerdo con las Farc. Por último, poderosos grupos de interés- que tienen los recursos para financiarlos- pueden promover referendos para proteger sus privilegios. En California se han usado para prohibir las políticas de discriminación positiva en el acceso a la educación superior a favor de hispanos y negros, o para establecer beneficios tributarios en favor de sectores pudientes.
Formuladas estas consideraciones conviene comentar algunas de las iniciativas que por estos días afloran. El Expresidente Uribe propone transferir a la justicia ordinaria la totalidad de las competencias de la Jurisdicción Especial de Paz, o, alternativamente, reformarla de modo radical para establecer, entre otras cosas, que los procesos se adelanten de manera separada para los alzados en armas y los integrantes de la Fuerza Pública. Durante las negociaciones de la Habana sostuve que el Estado no podía, desde la óptica constitucional, abdicar de su facultad de definir con autonomía la estructura del poder judicial; y que, desde la política, hacerlo implicaba aceptar una tesis que consideré dañina: que esa renuncia era indispensable para superar, como se proclamaba a los cuatro vientos y ¡ay! en los foros internacionales, una guerra de más de cincuenta años. (Bajo esa hipótesis el Presidente Santos ganó el Nobel de Paz).

En contra de las expectativas de muchos, el Congreso le concedió intangibilidad al Acuerdo Final por tres periodos presidenciales, decisión que fue respaldada por la Corte Constitucional. No importa ya discutir si esas determinaciones fueron correctas. Como la JEP es parte esencial del pacto con la guerrilla, acoger las propuestas de Uribe podría llevarnos a una crisis insondable. Los riesgos de jugar con las instituciones son enormes; lo ha puesto de presente la contienda presidencial en los Estados Unidos. Por eso es mejor no meterse con esa entidad, hoy de jerarquía constitucional, sin perjuicio de exigirle resultados con mayor celeridad.
El Senador Barreras ha propuesto revocar por decisión del pueblo el mandato del actual presidente, figura que no esta prevista en la Constitución. Cierto es que la constituyente del 91, en un acto revolucionario y fundante de un nuevo orden, revocó al Congreso legítimamente elegido; no creo que medidas como esa sean posibles bajo las actuales circunstancias. Pero si lo fueren, la votación para expulsar a Duque del poder sería simultánea o casi a los comicios para sucederle, un desgaste institucional injustificable.
Propone, además, que hacia adelante se pueda destituir al presidente si se produce un empobrecimiento súbito de la población como el que hoy padecemos. Adoptar esa regla insólita (no existe en parte alguna) podría debilitar a un gobierno comprometido con la superación de una calamidad pública futura tan grave o más que la actual. Mas si se cree que ese es un buen camino, por simple coherencia habría que extender la revocatoria a la Junta Directiva del Banco de la República, el otro pilar de la gestión económica estatal.
Por último, los senadores Barreras y Lara piden que el pueblo adopte, sin análisis alguno de su factibilidad financiera, un conjunto de ambiciosas políticas sociales. Aquí tienen una equivalente y sencillísima: congélense los precios de los bienes y servicios que integran la canasta familiar; duplíquense los salarios inferiores a cinco salarios mínimos; duplíquese el valor de las transferencias y el número de beneficiarios de Familias en Acción. Sin duda, el resultado positivo en las urnas sería abrumador; pocos se darían cuenta de que, con harta frecuencia, pan para hoy es hambre para mañana.


Briznas poéticas. José Manuel Arango, poeta de poquísimas palabras e imágenes deslumbrantes: Desnuda eres más alta / desnuda / cuando cierras los ojos /de cara al viento / esplendes como un / cuchillo.

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