La agonía del santo y la divina

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POR MARTHA ROTAVISTA

Parece que el arrecife de coral que le da el color al archipiélago de San Andrés se hubiera levantado a reclamarlo, el viento pasó con toda su fuerza y arrasó con casi todo a su paso. Doblegó al santo (San Andrés) y por poco deja nada de la divina (Providencia).

Muchas cosas importantes en mi vida se han dado en esas islas: medallas de aguas abiertas, el primer buceo, el primer paseo con amigas, varios paseos con la familia, en fin, momentos que no se olvidan. Desde llegar a hoteles y pensar que esa es la vida, hasta quedarme en la cabaña de unos isleños donde se rebuscaban una arepa con chocolate para que, con todo el amor del mundo, comiera un desayuno ‘conocido’, y pues tengo que decir, que más allá de la rumba, del ‘cocoloco’ y las compras, tuve la fortuna de ver la sonrisa del lanchero, del pescador, del que hace el ‘rondón’  (plato típico) el fin de semana con la familia y del que no se cansa de ver el mar y lleva el calypso en la sangre. Por eso hoy aunque lejos, me duele mucho lo que ocurre en ese lugar, pues pese a ser un desastre natural, el abandono sí era algo que se veía venir.

Entre tanta belleza que se percibe tan solo al aterrizar, si se afina un poco el ojo hay cosas que no se pueden ocultar, este lugar ha vivido por si solo gracias al turismo y se ha hecho noticia muchas veces por el conflicto con Nicaragua, pero realmente ha sido olvidado, por no decir que completamente ignorado, por los gobiernos centrales.

La pobreza, como en todo el país, es pan de cada día, pero en San Andrés y Providencia (supongo que también en Santa Catalina, ésta no la conozco), se quiere maquillar todos los días, el lujo se mezcla con casas muy abandonadas que a la legua se ve que no aguantan ni una tempestad.

Es claro que la naturaleza es impredecible, pero también hay cosas que apuntan a la precaución, un huracán de categoría cinco como el que pasó por estas zonas no se forma en cuestión de segundos, ni de horas, hubo tiempo para tomar medidas, para activar refugios para evacuar personas y hasta mascotas, de las miles callejeras que hay allí y que parece que ningún gobierno se ha preocupado por esterilizar (eso también es un tema de salud pública).

En fin uno de los mejores ‘veraneaderos’ de Colombia parece borrado del mapa por pedazos, aunque para muchos realmente este nunca ha tenido un lugar potente y firme en la geografía colombiana, al menos en lo que ayudas y oportunidades se trata. Defensa Civil en estado crítico, Bomberos en las mismas condiciones, personas buscando a sus seres queridos, otros que lo han perdido todo…

Según el mismísimo presidente: Iván Duque, las islas tienen una afectación del 98% en infraestructura y hasta el cierre de este artículo solo una víctima fatal. Puntualmente en Providencia no hay hospital y en este momento no hay agua, ni luz, ni comida para todos. Conclusión: nuestro archipiélago está agonizando….lo peor es que eso no es de ahora, es de hace tiempo… pero señor Presidente: se le está muriendo en los brazos, es hora que oiga sus gritos.

3 COMENTARIOS

  1. Muy cierto lo que dices, el peor huracán que han padecido la islas no es tanto el abandono del gobierno nacional sino, la corrupción de sus propios gobernantes quienes tienen en sus manos la oportunidad de cambiar y mejorar las cosas. Ojala que las ayudas que les brinden, no se las roben los corruptos y que lleguen donde verdaderamente las necesitan!!!!

  2. Martita, una vez mas, tienes toda la razon, como Tu dices, la decidia de los Gobiernos Centrales, el abandono, la inoperancia de los Entes Gubernamentales Nacionales, sumado al desgreño Administrativo, la ineficiencia, la ineficacia y la corrupcion rampante de los Gobiernos Departamental y Municipal, hacen que todo se vuelva un caos, y para completar la dicha la Bendita pandemia y los fenomenos adversos de la Naturaleza. Esperemos que el señor Presidente tome medidad rapidas y Efectivas y que todo lo que ha dicho no se convierta en » cha, chara » y falsas promesas. Ojala que el dinero destinado a la ayuda y la reconstrucion, NO SE LO ROBEN, como es la costumbre inveterada y habitual. Un Abracito.

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