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Economía y medio ambienteLa Amazonia: ¿pulmón del mundo?

La Amazonia: ¿pulmón del mundo?

Por JOSÉ DANILO SALAZAR

En estos tiempos, donde al parecer la humanidad está alcanzando una gran  conciencia ecológica,  son constantes  los llamados de atención sobre la necesidad de cuidar el único planeta que habitamos, pues así  para el futuro se hable de colonizar Marte ( aunque todos imaginemos ser marcianos, es  un sueño que alcanzarán  solo unos pocos pioneros, no existe ni el dinero ni la tecnología, ni los medios de transporte para trastear una bobadita de más de 7.000 millones de habitantes del planeta)  sí no cambian las cosas,  seguiremos aquí por mucho tiempo más, si nuestras estupideces consumistas no nos exterminan  antes, cosa que parece más factible.

El diario “El Tiempo” publica el domingo 8 de febrero de 1998, página 5A, un artículo del ex-presidente Alfonso López M.   “ un experimento interesante El Amazonas” donde destaca como noticia positiva  que en desarrollo de la constitución de 1991, en el Amazonas se está cumpliendo un proceso de protección a las minorías  indígenas, al medio ambiente y a la institucionalización sistemática del reconocimiento de los derechos indígenas, que ha sido aplaudido en países y organismos defensores de derechos humanos, y que países  tan serios como los Escandinavos, Alemania, Holanda e Inglaterra aportan fondos para conservar, para el mundo entero, el pulmón de oxígeno que es la Amazonia colombiana, con sus 45 tribus diferentes.

Sucesivos gobiernos del país fueron creando resguardos indígenas, que tienen una extensión de 20 millones de hectáreas, siendo 3 millones de ellas parques naturales  y 14 millones de hectáreas declaradas no colonizables, es decir, una reserva forestal  en una región prácticamente deshabitada con una población de 60 mil indígenas, cuya cultura sobrepasa los límites nacionales y se proyecta al Amazonas brasileño, allí surge la posibilidad de ser un modelo para  “llevar los bienes materiales de nuestra civilización  a un medio de cultura milenaria, sin violentarla ni atentar en forma alguna contra sus derechos y tradiciones”  buscando incorporar a los indígenas a la sociedad  de mercado, sin asimilarse a la sociedad blanca, sin dejar sus valores,  ni marchitar su identidad; el programa llamado Consolidación Amazónica (Coama) apoya a las comunidades indígenas para que asuman el pleno control  y  manejo de sus territorios, a través de proyectos comunitarios productivos, conservación del medio, gobierno propio basado en sus autoridades tradicionales, cuya meta es fortalecer la identidad indígena. Los indígenas han demostrado con sus conocimientos milenarios, la capacidad de manejar la selva sin destruirla y practicando una solidaridad tribal, que puede ser ejemplo para la humanidad. Desconozco si el proyecto llegó a feliz término.

Desde hace años surgió el escándalo de un supuesto robo amazónico: se trata del texto “An introductión to Geography” , texto escolar publicado en U.S.A. de David Norman, que en su página  76 muestra el mapa de Suramérica y las razones por las cuales otros países deciden tomarse el Amazonas, para supuestamente protegerlo y usarlo para bien de toda la humanidad, en esa lejana época no se había patentado el término “teorías de la conspiración”, pero en artículo publicado el domingo 20 de junio de 2004, página 1-8, titulado:  Revuelo por “robo” amazónico,  El Tiempo destaca que  “seis oleadas sucesivas de rumores por internet  han alarmado a los latinoamericanos por el supuesto robo de la Amazonía”, según el artículo citado “El libro y el autor son pura imaginería internáutica. Lo que sí existe, en Brasil, es el íntimo desasosiego en los medios políticos, aunque muchos ni lo admiten. Luis Felipe Lampreia, ex canciller, dice que “la idea de una posible invasión o declaración de la Amazonia como zona internacional es algo que habita en la imaginación brasileña. Un folclor alimentado por locuras que surgen en internet”.

Sin embargo la idea de una invasión a la Amazonia no es tan descabellada, según Adam Isacson, del centro para la política nacional de Washington, Brasil siempre ha tenido esta amenaza, como parte de su doctrina militar y por eso no participó en el “Plan Colombia”. El historiador brasileño Helio Jaguaribe, considera que hay recelo cuando parece haber presión internacional que sugiere que la selva podría ser tomada o administrada por varias naciones, a ese respecto dice, ya hubo manifestaciones no formales en Estados Unidos.

En sendos ensayos escritos por el brasileño Luis Alberto Moniz, y la argentina Carolina Sampó, sostienen que hay argumentos históricos y estratégicos para la hipótesis de la invasión Amazónica, en especial después del 11- S y la doctrina de seguridad de E.U.   “En juego están, se calcula, entre cuatro y siete millones de kilómetros cuadrados. En un mundo en el que se agotan los recursos, Brasil posee 12 por ciento del agua”

Si todos los demás antecedentes no llaman  su  atención,  hay una declaración real, de un ex  gobernador, ex ministro  de Educación y senador brasileño, Cristóbal Buarque,  a quién en un debate en una universidad de E.U. le preguntaron su opinión sobre internacionalizar la Amazonia, él contestó que en su calidad de brasileño estaría en contra de la idea, pero que como humanista, y viéndola en peligro de degradación ambiental entendería la internacionalización; pero enseguida  replicó:  que si por humanismo se debe internacionalizar la Amazonia, también se debería hacer lo mismo con  las reservas internacionales del petróleo y con el capital financiero de los países ricos, con los grandes museos , que son guardianes de las bellas obras de arte humano, de manera que ese patrimonio cultural  no sea manipulado o destruido, al igual que el patrimonio Amazónico, por un propietario o país, propone internacionalizar a Nueva York, o por lo menos a Manhattan, igualmente  internacionalizar los arsenales nucleares de las potencias, dice de manera enfática: “si la Amazonia es una reserva para todos los seres humanos, no se debería quemar solamente por  la voluntad de un dueño o un país. Quemar la Amazonia es tan grave como el desempleo provocado por las decisiones arbitrarias de los especuladores globales. No podemos permitir que las reservas financieras sirvan para quemar países por la voluptuosidad de la especulación”, remata su intervención diciendo: “Como humanista, acepto defender la internacionalización del mundo. Pero, mientras el mundo me trate como brasileño lucharé para que la Amazonia sea nuestra. ¡Solo nuestra!

En artículo publicado por  “El Tiempo” el domingo 15 de agosto de 2007, página 3, suplemento del “The New York Times”, con el título de ¿Conservación o Colonialismo en el Amazonas? , Larry Rother,  cuenta que la fundación  W.W.F. (World Wildlife Fund) da respaldo económico a una reserva de naturaleza en el río Negro, en un intento por proteger y conservar la jungla del Amazonas, éste experimento se puede ver como un intento loable, o como  “la punta del iceberg de un infame complot de los grupos ecologistas extranjeros para arrancarle el control a Brasil de uno de los mayores bosques tropicales del mundo y reemplazarlo  con un dominio internacional”.

En 2003, tras un acuerdo entre W.W.F.  y el B.I.D., Brasil, creó un programa de áreas protegidas en el Amazonas, y desde esa época se habían incorporado más de una veintena de reservas y parques naturales a la red, incluido un conjunto de más de 400 islas al noreste de Manaos.  Según Lorenzo Carrasco, autor del texto “Green Mafia”, ésta es una nueva forma de colonialismo, una conspiración abierta en la que los intereses económicos y financieros actúan por medio de organizaciones no gubernamentales” y continúa diciendo “Es evidente que estos intereses quieren bloquear el desarrollo de Brasil y la región del Amazonas al crear y controlar estas reservas, que tienen abundancia de minerales y otros recursos naturales valiosos”.  El esfuerzo despierta sospechas de poderosos grupos empresariales y políticos de Brasil, que quieren integrar al Amazonas a la economía brasileña a través de represas, proyectos mineros, explotación maderera y exportaciones agrícolas, autopistas y puertos. Brasil es el cuarto productor más importante del mundo de los principales gases de efecto invernadero, se calcula que más de tres cuartas partes de las emisiones son producto de la deforestación, la mayoría de la cuál ocurre en el Amazonas.  Expuestas las dos posiciones, cada uno de nosotros puede responder según su punto de vista, la pregunta del señor Rother.

Como se puede ver el panorama es preocupante, en el Amazonas hay muy pocas áreas protegidas, y existen intereses locales e internacionales para explotarla, especialmente de la industria maderera y la ganadería extensiva, pero también están interesados en ella, por la alta demanda de países como China, los sembradores de soya, y los cultivadores de palma de aceite para biocombustibles. Después del proceso de paz en Colombia la deforestación se disparó y se cree que se han deforestado 17.700 hectáreas de bosque; en Brasil con la llegada de presidente Bolsonaro al poder, las leyes ambientales se han relajado y se dio amnistía a quemadores y deforestadores de la selva, se calcula que en éste país han arrasado 10.000 kilómetros cuadrados de selva, y para completar un incendio en agosto de 2019, en la frontera de Brasil y Bolivia arrasó una superficie del tamaño de Francia.

Como se ve, hay pocas esperanzas de salvar “el pulmón del mundo”, lo grave es que destruir la Amazonía es hacer irreversible el calentamiento global y parar el cambio climático.           

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