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CulturaLa cabeza rota, mucha sangre y las nalgas quemadas

La cabeza rota, mucha sangre y las nalgas quemadas

Por: Álvaro Camacho Andrade

A la edad de ocho años yo era un niño moderno, en mis bolsillos no podían faltar, un trompo con su cuerda, un imán cilíndrico sacado del parlante de un transistor, dos canicas (no les digo bolas para evitar confusiones), una tapa de cerveza, una puntilla, un yo-yo Rusell de Coca Cola, láminas del álbum de Batman o de automóviles y en uno de los bolsillos de atrás una cauchera.

Un día finalizando la mañana me llevaron a la casa llorando, con la cabeza rota, la cara y la camisa llenas de sangre y un chichón en la frente. – ¿qué le pasó mijo? me preguntó mi mamá; gimiendo le contesté como pude -¡iba pasando por el parque Alemán y un chino me dio un pedradón con la cauchera¡ ¡Gladys traiga una cucharada de café para que le pare la sangre!, gritaba mi mamá, ¡Hileny corte una rebanada de papa para que le baje el chichón y tráigame el Sufatiasól para la infección! ¡Le van a tener que coger puntos! ¡Puntos no mamá! decía yo llorando más fuerte, ella me dijo que me iba a quedar una cicatriz.
El cuento es que me hicieron el tratamiento casero con el café en la herida abierta y no me llevaron a cogerme puntos, me presionaron el chichón con la papa y me untaron el Sufatiasól que era de un colorcito entre rojo y naranja, con una gasa.


Mi papá llegó, le contaron y salió todo verraco y a la media hora volvió, me cogió de la mano y me dijo suavemente – camine mijo al patio -. En el patio no dijo nada, se sacó el cinturón, me bajó los pantalones y me dio cuatro juetazos que me quemaron las nalgas. Yo corrí chillando y me metí debajo de la cama a llorar.
¿Qué pasó mijo? le preguntó mi mamá.

  • Pues cómo le parece éste vergajo – dijo,
    le pregunté a Jorge el hijo de los Pulido y me dijo qué Álvaro había organizado una guerra de piedras en el parque, que él había prestado las caucheras, que cada uno se hacía detrás de un árbol, que cuando sacó la cabeza para tirar una piedra, le dieron y lo escalabraron.

Hoy me vi en el espejo y aún se ve la cicatriz en la frente, solo la puedo mimetizar una vez al año, el miércoles de ceniza.

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