La ciudad no sabe

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Foto ciudadana.
Foto ciudadana.

Por: Vigía Cívica-James Fonseca

La ciudad no sabe, pero debe saber, las circunstancias que rodearon la extinción del incendio que el domingo 19 de julio consumió una histórica casona en el centro de Pereira.

Un año atrás, muy seguramente, las llamas habrían quemado, por lo menos, buena parte de la manzana de las carreras 7ª. y 8ª., entre calles 17 y 16, pues muchas de las edificaciones de ese sector están soportadas en viejas estructuras de madera y, mientras llegaban los bomberos de Dosquebradas y quizá de Santa Rosa, hubieran ardido inexorablemente, porque entonces los de Pereira solo tenían una maquina extintora hábil, para enfrentar el fuego.

Debemos reconocer de la administración anterior de la ciudad, de su Secretaría de Gobierno y de la Dirección Operativa de Bomberos, que después de seis años sin inversión en equipos mayores, hayan comprado las tres extintoras que el domingo permitieron que, sin ayuda de los municipios vecinos, los bomberos de Pereira pudieran, muy rápidamente, confinar el fuego en la edificación donde se originó, con muy poca afectación a las vecinas.

También, desde la Corporación VIGÍA Cívica, expresamos nuestro agradecimiento a los funcionarios de las dependencias anotadas que, en su momento, escucharon nuestras quejas de tantos años, por la falta de equipos para los bomberos de Pereira.

Hubo otra circunstancia, esta fortuita, que contribuyó a que, en el balance del incendio, más allá de algunos lesionados menores, seis bomberos entre ellos, no aparecieran mayores afectaciones a la integridad de las personas: el fuego comenzó en el piso superior de la edificación.  Si se hubiera iniciado en uno inferior, las personas que estuvieran más arriba habrían tenido que escapar entre las llamas, con las consecuencias imaginables.

Esa situación hipotética, que no ocurrió en este episodio, pero que podría ocurrir en una ocasión posterior, nos lleva a recordar la necesidad que tiene Pereira y su área metropolitana de una maquina extintora de incendios, con escalera, que pueda alcanzar, por lo menos, 10 pisos.

Mientras no esté disponible ese vehículo, quienes permanezcan más arriba de un segundo piso, soportarán un grave riesgo. Por ello considerarnos que, además del municipio de Pereira, la gobernación de Risaralda, el Sistema Nacional de Bomberos, las empresas privadas y hasta los ciudadanos del común, deberían aportar recursos para adquirirla.

Después del incendio se difundió en las redes sociales la bella historia de Don Adalah Nauffal y su esposa Doña Rosa Salomón, en cuyo honor aquel bautizó “Edificio Rosa”, la casona que se quemó. De esta quedó en pie el frente, una joya casi centenaria. Tendría mucho valor histórico que se mantuviera como fachada de cualquier nueva construcción que se levantara en ese sitio.

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