Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadLa consciencia, la igualdad y la equidad

La consciencia, la igualdad y la equidad

Una de las cuestiones que más me inquietan tiene que ver con la perspectiva de los individuos y del colectivo frente a los distintos fenómenos y problemáticas sociales, respecto de los cuales cada quien asume una posición o simplemente no asume nada, porque no tiene consciencia de lo que pasa.

El diccionario de la lengua española define la consciencia como la “Capacidad del ser humano de reconocer la realidad circundante y de relacionarse con ella”, el “Conocimiento inmediato o espontáneo que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones”, el “Conocimiento reflexivo de las cosas” y finalmente como el “Acto psíquico por el que un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo”.

Entendida así la consciencia, puede uno empezar a descifrar por qué las personas actúan en formas tan distintas y sobre todo tan contrarias, frente a una misma situación, bien o valor y por qué para algunos puede resultarnos tan asombroso o increíble que otros no procedan como nosotros lo esperaríamos o como creemos que se debería proceder.

Quien no conoce o no sabe de algo, difícilmente puede interesarse y mucho menos razonar o hacer un juicio moral, ético o de legalidad, en relación con ese algo en particular.  En términos de empatía, la falta de consciencia o la ignorancia es una de las barreras para que las personas puedan identificarse, reconocerse y entenderse, para vivir en sociedad y para tomar las decisiones que más convienen a las mayorías, pero muy especialmente las decisiones que más convienen a las minorías, generalmente invisibles y por tanto incomprendidas.

Quien no ha no ha pasado incomodidades ni hambre, difícilmente puede entender el concepto de equidad social y la necesidad de combatir la pobreza; quien no ha sufrido en carne propia la violencia, por la muerte, la tortura, la desaparición o el desplazamiento de un familiar, es imposible que reconozca la existencia de un conflicto y, por tanto, la lucha por la paz le resulta extraña; a quien no se le ha muerto un pariente en el pasillo de un hospital de Quibdó, jamás entenderá lo que es el abandono del Estado y el impacto de la corrupción; quien no entiende las interconexiones que hay en el planeta, entre el medio ambiente, el clima y las costumbres contaminantes, no ve inconveniente en arrojar basuras a un río o escombros y colchones a la vera de cualquier camino; quien no ha vivido en una dictadura no está en capacidad de entender el valor de la democracia. 

Ley Cuidadores. El pasado mes de mayo se aprobó en el Congreso, y entiendo que está para sanción presidencial, la denominada “Ley del Cuidador”. Obviamente quien no tenga un pariente en condición de discapacidad o alguna otra situación que limite la posibilidad de valerse por sí mismo, no entenderá por qué debemos tener una ley de este tipo; porque no sabe (porque no le ha tocado) que existen personas que se sacrifican para garantizar la existencia digna de un ser querido.

Quien no se ha visto precisado a renunciar a su trabajo, quien no ha tenido que restringir la economía del hogar y sus propias realizaciones, para dedicarse permanentemente al cuidado de un hijo, como lo hizo mi hermana Mónica Marín Maldonado, no puede entender la necesidad de una ley que brinde oportunidades a esas personas.

Ser cuidador de una persona con alguna limitación o condición, implica, en menor o mayor medida, renunciar a la propia vida, para alcanzar la plenitud del ser querido y, consecuentemente, descubrir otras formas de realización y de plenitud, y ese sacrificio y esa generosidad le concierne a toda la sociedad.

Artículo anterior
Artículo siguiente

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Más articulos