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PolíticaLa desconfianza pasa cuenta de cobro

La desconfianza pasa cuenta de cobro

POR JUAN ANTONIO RUIZ

En 1983, la estrategia publicitaria de un banco invitó a los colombianos a “Creer en lo nuestro”. La imagen mostraba un corazón rojo, cruzado por la bandera de Colombia. Los diseñadores fueron dos de los más importantes creativos del país en toda su historia: Hernán Nicholls y Carlos Duque. Años después, con motivo de la tragedia de Armero y la posterior visita del Papa Juan Pablo II a Colombia se retomó la campaña, pero en esa ocasión con un corazón blanco y la franja tricolor. En 1998, culminado el gobierno de Ernesto Samper Pizano, cuya elección fue financiada con dineros del narcotráfico, la entidad financiera ajustó el mensaje con la muy diciente frase: “Volver a creer”. Iniciando el siglo XXI, el banco y su tarjeta de crédito emblemática lanzaron una cuarta y última carga: “Cuando crees en ti, crees en lo nuestro”.  

Sería interesante que hoy, cualquiera de las múltiples empresas encuestadoras tan en boga en nuestro país, indagara sobre cómo está el grado de confianza de los colombianos. Porque así, “a ojo de buen cubero”, uno pensaría que los casos continuos de corrupción y clientelismo, la desverguenza de buena parte de nuestra clase política; el aplazamiento indefinido de las grandes reformas; los errores y torpezas de los dignatarios y la actitud maniquea de esos liderazgos que dividen el mundo entre buenos y malos, socavaron las esperanzas de los compatriotas y cosecharon toneladas de desconfianza en las personas, pero sobre todo, en la institucionalidad.

Todo este preámbulo para entender mejor las declaraciones del director de emergencias de la Organización Mundial de la Salud, OMS, Michael Ryan, quién explicó las razones por las cuales el continente asiático va ganando la batalla a la pandemia.

«La ventaja que tiene Asia es que los ciudadanos tienen niveles mucho más altos de confianza en sus gobiernos y tienden a aplicar las medidas que se les imponen», han centrado su actuación en la detección de los casos positivos, a través de una masiva campaña de muestras y, la exigencia de una cuarentena “constante y continuada” solo a las personas contagiadas y a sus familias».

«No se trata de encarcelar a las personas, sino de romper las cadenas de transmisión, siendo conscientes de que en las reuniones familiares y sociales es donde se producen la mayor parte de los contagios», añade el experto.

Tal vez con la excepción de la India y Bangladesh, en buena parte de Asia las acciones contra el virus han sido mucho más satisfactorias que en el resto del mundo debido a que el distanciamiento social y el uso de mascarillas son habituales por parte de los ciudadanos.

Cuándo uno escucha a las personas que deben asistir con frecuencia al centro de Pereira o de Cuba, casi todas coinciden en la misma frase: “La congestión que se ve en las calles es como si estuviéramos en diciembre”. Y ya estamos en la última semana de octubre y el próximo domingo, estaremos en noviembre. Como quien dice, se acaba el año y las precauciones y protocolos de autocuidado que aprendimos por allá en marzo y abril se nos fueron refundiendo por el camino. Claro que además de nosotros, ese relajamiento con las medidas frente al Covid afecta también a los demás países americanos y a Europa. Los rebrotes y la segunda ola de contagios recientes nos dan la razón.

Sin duda, la pandemia nos deja al desnudo: individualistas, refractarios a las medidas, incapaces de pensar en colectivo. Desconfiamos de todos y hasta de nosotros mismos.  Y después… nos quejamos.    

2 COMENTARIOS

  1. La desconfianza claro que Pasa Cuenta de cobro, el resultado Será funesto y las circunstancias que se avecinan dejaran huellas en todos nosotros. Solo el Reino de Dios que pedimos en esa hermosa oración del Padre Nuestro será lo que nos salvará de tanta maldad, muy buena tu columna, gracias, un abrazo.

  2. La credibilidad totalmente perdida. Todos los días mienten, mienten y mienten y ya nadie cree aunque llegaran a decir alguna verdad.

    Excelente columna, Juan Antonio. Un abrazo

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