La Dimayor y la prensa, una convivencia alrededor del fútbol profesional que también se polariza

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Por: Hugo Ocampo Villegas

En esta época de pandemia leía sobre la advertencia que hacían pensadores, sociólogos y algunos columnistas sobre el peligro que se cernía sobre la democracia con gobiernos que aprovechando el estado de emergencia tomaban medidas de carácter dictatorial y de plena conveniencia para sus intereses políticos.

Pues bien, esta alerta también toca hoy al fútbol profesional colombiano, a la Dimayor y a la prensa. Amparados no sólo en el covid 19 sino también en los derechos del concesionario de los derechos de la televisión en la Dimayor NO autorizaron el ingreso de reporteros gráficos a los partidos de la final de la Superliga y los aplazados del torneo de la Liga, quedando los medios limitados a recibir el material fotográfico enviado por las oficinas de prensa de los clubes con el evidente sesgo periodístico que ello implica pues los medios escritos y virtuales tendrán que publicar las mismas fotos.

El fútbol profesional es un espectáculo privado de interés público. Que se cobren derechos de trasmisión no es el fondo del problema sino que la roncha es causada por las exclusividades. Los medios radiales fueron los primeros que comenzaron a pagar por trasmitir desde los estadios, pero en las cabinas cabían todos: grandes cadenas y pequeñas emisoras.

Pero con la llegada de esa exclusividad a la televisión empezó a coartarse el trabajo de los noticieros que enviaban sus cámaras a los estadios para hacer un cubrimiento periodístico al entorno del partido con algunos pasajes de lo que ocurría en la cancha. Y no me refiero a las programadoras que sólo llegaban a filmar para luego producir sus programas en la semana.

Se fue haciendo rutina en los más recientes años que los camarógrafos sólo podían ingresar al estadio una vez terminado el juego para hacer sus notas según el criterio particular de su periodista. Pero hoy, ni eso. Y tengan la certeza que no es sólo por el virus.

Ahora el aislamiento llega a los reporteros gráficos no sólo por culpa de la pandemia sino del canal licenciatario al cual la Dimayor le otorgó derechos exclusivos, afectando no sólo a los medios tradicionales sino a los ‘free lance’ con lo que me temo que, para un futuro no muy lejano, después de cerrarles el ingreso a las canchas también se clausuren las puertas laborales en el campo de la fotografía.

Si un trabajo en torno al fútbol brinda distanciamiento social es el de los reporteros gráficos pues tienen suficiente espacio alrededor de la cancha para hacerlo. Y como todos los actores del juego, obviamente llamados a observar los protocolos de bioseguridad.

En el caso de los periodistas luce comprensible que, sólo por el momento, haya limitaciones para hacer su trabajo en los estadios con la posibilidad de ver los partidos por televisión. Para quienes cubren el día a día de los equipos y para las reacciones luego de los partidos quedó como único recurso las ruedas de prensa virtuales.

No obstante, leyendo algunas instrucciones emanadas de las oficinas de prensa de los clubes me asalta una gran duda: hay que inscribirse –algo lógico- pero también anunciar la pregunta. ¿Y qué tal si el entrevistado de turno omite los interrogantes que no le agraden?. O que el periodista que hace de enlace ignore algunas por no considerarlas procedentes desde la óptica de su ejercicio de comunicador institucional.

De todas maneras el panorama no luche muy alentador par el ejercicio del periodismo sin restricciones en el fútbol profesional. Por lo pronto a los periodistas interesados en el tema del fútbol profesional sólo nos queda la opción de pagar por ver, con la incertidumbre puesta en lo que vendrá una vez se supere el duro rival del coronavirus. Todo apunta a que el escenario será censurablemente muy limitado.

Cuando el invisible covid lo permita, veremos cual será la realidad. Hay que ponerle cuidado a las alertas tempranas, habrá que tener las alarmas encendidas, no sea que detrás del covid 19 se escondan otras razones en la Dimayor y sus clubes para manipular a su antojo el cubrimiento periodístico de su negocio que es privado pero de interés público en escenarios que –exceptuando el estadio del Deportivo Cali- fueron construidos con dineros del estado y administrados por entes oficiales y en algunos pocos casos, de constitución mixta.

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