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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadLa embestida del toro

La embestida del toro

Lo que se preveía en materia económica meses atrás, se está dando sin que “el incendio” cuente con adecuada operación “bomberil”. Lo de ahora es delicado y no se sentía desde la pandemia, ahogando ciertos despegues que con tozudez se dieron con base en la resiliencia de empresarios y comunidad en general. El campanazo sonó duro en el anterior trimestre y mucho se habló por parte del Gobierno de lograr un acuerdo nacional para mitigar el riesgo y hacer un frente de choque para impedir la contractura en rauda caída terreno abajo. Todo fue un bla, bla, bla, similar a burla que a decisión de “manos a la obra”, lo cual se traduce en más incertidumbre, descreimiento, alejamiento de confianza y ausencia de inversión y negocios, faltando días escasos para el fin de año. El ministro Bonilla en un ánimo fulgurante para desapercibir los pésimos augurios, “predijo” que el PIB resultaría un dos o dos y medio, a cambio, en este momento, su adivinanza lo dejó perplejo por la realidad del bolsillo anémico. “Fue un dato realmente malo. No lo esperábamos”, dijo recientemente, refiriéndose al 0,3 por ciento del tercer trimestre. Según eso no sabía que el toro desbocado, cegatón y humeante corría con sus cachos corniveletos dispuesto a embestir lo que a su paso se topara. Lo triste es que varios sectores prominentes están signados de menos: construcción (-3.4), manufactura (-6,2), comercio transporte (-3,2) y alojamiento (-3,5), información y comunicaciones (-3,2), actividades de servicios profesionales (-0,3) y científicos (-0,8) para un total en tales rubros de -8,0 por ciento.

Se teme que lo que denominado por el gerente del Banco de la República como “sorpresa negativa” tiene tendencia a la improductividad, a parálisis o recesión, y a quedar el PIB por debajo de 1 por ciento al cierre del año. El exministro Juan Camilo Restrepo ha dicho que la inversión privada constituye el 80 por ciento y el 20 por ciento la oficial, lo que hace requerir acciones conjuntas.

La nube se oscurece ante el asomo de una crisis fiscal, máxime cuando se pide suspender o modificar la regla que rige el orden de las cuentas públicas. La razón esgrimida es para aumentar el gasto, los subsidios, las inversiones. Se asevera en torno a esa confusión, que recursos hay en buen monto, pero no ejecutantes eficientes. De aquí surge, entonces, el freno de mano en lo que parece un trato oscuro consciente. Esto es comparable al apostador hípico que por cábala siempre le apuesta al equino siete, el cual llega a la meta de séptimo. La percepción sobre la calidad de las promesas de proveer soluciones compartidas es de desconfianza, lo cual ahuyenta las inversiones propias y extranjeras. La sentencia del analista Ricardo Ávila, es contundente: “Después de haber sido la economía de mejor desempeño en América Latina, en la era posterior a la pandemia, Colombia se ubica en la parte baja de la tabla del crecimiento regional”. 

Los manejos en el campo de las finanzas, el mercado y los decires inapropiados, mantienen una inflación que del trote ha seguido al galope y las tributarias que han quitado dinámica a los procesos competitivos. Al no haber claras estrategias de hacer y no parecer, lleva también a la peligrosa idea de creer que eso es lo que se busca, es decir, que se caiga el aparato que genera riqueza, pues la “codicia”, asevera el presidente, se debe combatir asfixiándola, lo mismo que cerrando, fuera de tiempos de convertibilidad, las fuentes fósiles y mineras, o sea enflaquecer la producción y el consumo para decrecer la economía, como se ve en los ejemplos de Cuba y Venezuela. Por ello algunos predicen que no importan las crisis porque ellas denotan los resultados perversos a pesar que en el trance, las reformas que en muletas se mueven en el Congreso, entren en muerte por anemia.

Los expresidentes Duque, Santos y Gaviria han hecho llamados de atención con la advertencia de estar en ciernes una problemática dramática. El 2024 será el comienzo de una mayor preocupación. 

La reunión presidencial con “los cacaos” no exime las conciliaciones y los acuerdos contra el derrumbe económico.

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