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PolíticaLa escuela ha muerto - Escampavía

La escuela ha muerto – Escampavía

Por JUAN GUILLERMO ÁNGEL MEJIA

La palabra educación proviene del concepto educere, que significa conducir, por ello los sistemas totalitarios dominan el aparato educativo; los gobernantes editan los textos, definen los contenidos, seleccionan a los profesores y no permiten ideas que les sean contrarias; la escuela espartana generaba guerreros, la sociedad medioeval europea orientaba el deber ser del individuo en el servicio a Dios, todo dentro de la iglesia nada por fuera de ella, situación que se repite en los pueblos de la biblia, en los cristianos, musulmanes y judíos.

En algunas sociedades contemporánea no hay unanimidades, por ello la educación abandona el concepto de la uniformidad, de la ciega reproducción de los conceptos y los valores del maestro y por lo tanto orienta la educación hacia el desarrollo del individuo, no pretende crear un robot incapaz de generar ideas o cambiar principios sino un actor dueño de su propio destino, entonces en vez de repetir, de memorizar, lo que enseña es a preguntarse, a indagar, a trabajar en equipo, a crear a imaginar.      

La crítica a la escuela viene de tiempo atrás, la propuesta de Everett Reimer en su muy controvertido texto “La escuela ha muerto” publicado en los años 70, y la anterior de Iván Ilich abogando por la educación desescolarizada y la “Enfermedad del Diploma” de Ronald Dore de la misma época ahora empiezan a tener nueva vigencia puesto que con el correr de los años, los defectos y tendencias de la educación formal se han potencializado y multiplicado.

De un lado el aula de clase, oscura, triste y aburridora no ha cambiado mucho, el esquema del maestro pontificando frente a un grupo de alumnos desinteresados, la proliferación de maestros más preocupados por difundir sus ideas políticas o religiosas más que conocimientos, aptitudes y despertar la curiosidad y creatividad, ha generado una lamentable mediocridad en nuestros muchachos al ser comparados con los del resto del mundo, situación que ya preocupa a padres de familia quienes no quieren hijos adoctrinados en ideas políticas de odio, mismas que invitan a matar a seres humanos quienes, cuando piensan distinto, se transforman  en cerdos, situación que se repite en las confesiones ciegas a la realidad y generadoras de fanatismos de alta peligrosidad.

“Como quiero que mis hijos se eduquen los saqué de la escuela”; se ha abierto el debate por la propuesta de formalizar la educación en el hogar, tendencia creciente no solo en Colombia sino en el mundo entero.

FECODE, tal como otros lo hicieran en el pasado, ha asumido el papel de actor político, ignora, como aquellos otros, los cambios radicales en sociedad, hoy el conocimiento se encuentra en la palma de la mano, la virtualidad hace obsoletas prácticas que se consideraban insustituibles, la tradición de un profesor por 30 alumnos, heredada desde cuando Buda enseñaba bajo un árbol no es un paradigma; así los dirigentes de los profesores pagados por el estado actúan como lo hiciera el poderoso sindicato de Telecom cuando paró al país, ignorando que la tecnología ya anunciaba la desaparición de la telefonía fija, no entendió lo que ocurría y como las fábricas de sombreros de fieltro, desapreció sin dejar rastro.

Los maestros deben ser los mejores ciudadanos, los más sabios, libres de militar en cualquier corriente del pensamiento pero respetuosos de la opinión de quienes no comparten sus ideas, guardianes de los derechos de los menores quienes no pueden ser carne de cañón, al mismo tiempo el país debe remunerar bien a esa digna y meritoria tarea que ya no puede ser simple reproductora de conocimientos que quedan desuetos como pompas de jabón y menos de dogmas que han demostrado ser castradores de mentes y de libertades.

4 COMENTARIOS

  1. Delegar la educación sólo a los padres, que en muchos casos padecemos de un analfabetismo funcional y ecológico sería acolitar un «in statu quo ante» que las élites recalcitrantes persiguen a través de su retórica ampulosa y contradictoria.

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