Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadLa  extinta dinastia de Don Heliodoro Arango

La  extinta dinastia de Don Heliodoro Arango

En Pereira están pasando de moda aquellos calificativos que ayer servían para que sus habitantes identificaran a las familias y grupos de amistades, sobre todo las que provocaban embustes o referencias agradables o desagradables, aunque solo fuera por culpa de uno solo de sus integrantes, serio o jocoso, pobre o rico, negro o blanco. Estos episodios de nuestra historia local  pertenecen a la memoria y apropiada tradición oral de raigambre paisa. 

Tan avecinadas costumbres de nuestra idiosincrasia las hemos convertido y conservado cual tesoro inconfundible, en este caso desde «La ciudad de las doscientas mil sonrisas», tradicional joyero de inéditas vivencias que aún exploramos entre las voces de tan folclóricas credenciales.

Empiezo remembrando por ejemplo a «Los Marulos» que nombró alguna vez el columnista de El Diario e historiador ya fallecido, Jairo Giraldo Arango, rotulando en sus apuntes con toda pertenencia sobre nuestra primera banda de músicos, o al menos nuestro primer laboratorio que formaron sus protagonistas Don Pablo Restrepo y Lino Mazuera que tocaban las flautas, Manuel Echeverry la guitarra, Simón López que tocaba el acordeón, Dimas Monroy que tañía el tiple y Vicente Suárez maestro de la bandola.

Nuestros abuelos nos hablan aún de muchas familias como por ejemplo la que componían «Los Ormacitas», a la cabeza con Don Pedro Ormaza Cano y sus hermanos abogados, Gilberto (que se emputaba cuando le decían Ormacita) y Guillermo, también Alberto, padre del coronel en retiro Otto Ormaza, Estela, Margarita, Mario y Lucía, hijos y demás, que se volvieron populares por sus «antioqueñadas» de acentos e irrisiones, por sus parrandeos en fuentes de soda y bandejas paisas alicoradas a media noche.

«Los Marimones» son otro testimonio del que hablaron Don Daniel, Tulia,  Arturo y otros copropietarios del transporte por la década de los años cincuenta y sesenta. Residieron en la muy llamativa «Quinta de los Leones», solemne casa que llamaba la atención por las enormes figuras  de dos leones vigías que adornaban la vieja casona desde su correspondiente antejardin. Fueron una familia de competidores en carreras automovilísticas de distintas regiones colombianas, y su más grande empresa cuya razón social era «Santa Cruz», tenía varias grúas de servicio rural y citadino. Aunque no está muy claro el por qué de «Los Marimones», algunas fuentes creen en la versión que mejor encaja y que consiste en la unión del apellido Marín, con la de «monos», pues todos fueron rubios cual «gringos chiviados».

De otra parte, como primicia histórica quiero resaltar la supremacía familiar que ejerciera doña Berta Arcila dentro de su familia y hogar. Ella nunca se imaginó que por garabateos de la genética iba a parir siete «yoyos» en vez de siete hijos. Y no era ningún embrollo, sino la comicidad que sin tanto desvelo o inquietud proliferaba por aquellos tiempos. Los Arango Arcila  fueron una familia numerosa y común y corriente, y Doña Berta, la señora del sano hogar, muy querida dentro de aquel vecindario del Lago Uribe Uribe de Pereira. Se había casado con Don Heliodoro Arango Isaza, un hombre que en vida siempre fue su querido esposo y primo hermano a la vez, cumplido y recio trabajador, venido de Sonsón Antioquia como cualquier Pereirano adoptivo que se respete. Llegó aquí en el año de 1.929 con sus hermanos Luciano, Ricardo, Arturo, Gustavo, Lucila, Casimira e Inés, habiendo adquirido en propiedad su primera casa ubicada en la calle 24 No. 9-33. En ese tiempo Pereira era pura calma provinciana, en donde quizás ocurriera alguno que otro robo de menor cuantía, más por la inocente maña curiosa de los pelafustanes que por la necesidad de colmar cualquier capricho de su edad.

La otra casona de chambranas y postigos en la fachada y que fuera la segunda compra inmobiliaria de Don Heliodoro, estuvo situada en la calle 25 No. 8-50, a media cuadra del parque El Lago y de la flota Otún, empresa de taxis por la que se pedía el servicio, luego de habérsele marcado los cuatro números al aparato telefónico. No se soñaba con taxímetros ni mucho menos el agrupado color amarillento que ahora se les exige para transitar como manda la Ley.  Seguidamente, en la esquina de la carrera novena se alborotaban los borrachitos asidos al bar La Chispa de Don Darío, y a media cuadra de allí, donde se encontraba la famosa lavandería «Élite» de Don Rodrigo Marulanda y hermanas.

Allí en el Lago se aglomeraban los jovencitos de pantalones «juanechudos», entre jovencitas vistiendo faldas a la moda con algunos centímetros más debajo de la rodillas. Daban vueltas por el redondel con el fin de coquetear y conquistar al futuro noviecito que tanto le pedían a San Antonio. Dios sabrá si de allí surgió el matrimonio de esa familia de los Arango Arcila, extinta, no por aquello de la sangre que no se riega, sino ante la ausencia de aquellos hijos que contraían matrimonio o partían en busca de nuevos horizontes, o posiblemente por la ausencia y fallecimiento de los padres. Todo se desintegraba en medio de una silente desolación y las entrevistas de sus amistades y consanguíneos se convertían en asuntos del pasado.

«Ya no vive nadie en ella, y a la orilla del camino silenciosa está la casa. . . «

«Todo ha muerto,la alegría y el bullicio, los que fueron la alegría

y el calor de aquella casa, se marcharon unos muertos y otros

vivos que tenían muerta el alma. . . . .

!Se marcharon para siempre de la casa!»

En la planta baja de aquel hogar, tenía Don Heliodoro una tienda de granos y abarrotes impregnada con su olor característico a fonda de vereda, la que fue sustento para el desarrollo y crecimiento de la especial familia.

Y fueron creciendo los pequeñitos Arango, sin una linda mujercita, sin la añorada niña que doña Berta siempre esperó para armonizar y equilibrar por lo que se supone debe brillar entre hermanos de un mismo tronco. Sin embargo, estos hombres inquietos y recursivos, además de sobresalientes unos, los otros fueron buenos comerciantes, deportistas, melómanos, «tomatragos», mujeriegos, y hasta uno de los menores que remendaba balones para jugar futbol. Los hermanos Evelio, Mario y Alberto, ya institucionalizado el campeonato nacional, jugaron en el deportivo Pereira. Mario, o «Marangoa» se formó en el Atlético Pereira cuando no había campeonato, en el año de 1.947, recién graduado como bachiller del colegio La Salle, para llegar seguidamente al Pereira en el año de 1.949. Evelio, dueño del novedoso almacén «La Marca», estuvo en el Pereira por el año de 1.956, y Alberto estuvo en el año de 1.962. Bernardo, reparaba radios en su negocio «Radio Rey», ubicado por allá en la carrera 9a entre calles 21 y 22. Alberto, terminó sus últimos años «especializado» en reflexología, tratando de aliviar como fuera posible los problemas de salud a cualquier parroquiano de confianza. Gonzalo, fue un excelente comerciante, cuya sede de labores fue el sector de la ciudadela Cuba. Darío, único remendador de balones de futbol para la muchachada amateur, balones que se desgastaban en las «recochas» de los amplios patios de la época, y en las empolvadas y empedradas calles. Carlos Arturo el menor, el único profesional que según su madre Doña Berta, «sacó la cara por la familia». El último en partir de este mundo, sostuvo toda una vida su negocio, una reliquia-museo comercial ubicada en la calle 21 No.6-48. En el último diálogo que tuvimos, recordaba cómo lo había impresionado una tragedia, cuando en calidad de reservista fue llamado a la ciudad de Cali por el gobierno del entonces presidente, el general Gustavo Rojas Pinilla. Me dijo, «me salvé de Chiripazo, pues pasando vacaciones en Pereira, explotaron en Cali siete camiones cargados de dinamita en la antigua estación del ferrocarril, recuerdo bien, un siete de Agosto de 1.956». Paradójicamente, a Mario, siendo el mayor de sus hermanos, le tocó acompañarlos uno a uno, a través de los años, a su última morada. Este patriarca, apodado también con el nombre de su negocio, a esas alturas de la historia aún imprimía calendarios, almanaques, encuadernando con el yunque de su experiencia libros y enciclopedias. Como hombre casado y nostálgico, «Marangoa» recordaba  la algazara y agitación de aquella su casa que por causas del imparable progreso, terminó convertida en un edificio de cinco pisos, luego de haber sido derrumbada la esplendorosa vivienda que ayer fuera su hogar, el de su niñez y juventud, por donde circulan de paso y desapercibidos, conciudadanos como robots desconectados sin saber para donde van.

Los Arango Arcila fueron por muchas décadas personajes muy sociables e interesantes para la fibra pereirana de la época. Los llamaban y reconocían con el apelativo de «Los Yoyos», no por aquello del sube y baja, pero sí porque de pequeñitos, al pronunciar el nombre de su papá (Heliodoro) apenas sí se les entendía cuando enredaban la lengua pronunciando «papá yoyo». Así se quedaron para siempre y así quedaron en las gratas historias de vida provinciana que le pertenecen a esta creciente ciudad sin puertas.

*(Directivo  Sociedad de Escritores de Risaralda).

2 COMENTARIOS

  1. interesante narrativa costumbrista de los años 50 y 60 , fielmente expuesta por mi amigo JOSE MANUEL JARAMILLO, de lo cual tengo vivencias muy gratas y bonitas ya que precisamente en los años 60 , como migrantes de tierras paisas del Capiro se dio el arribo de nuestra familia Arias Orozco ,compuesta por una docena de Sonsoneños , quienes llegamos ,para quedar embrujados y cautivados ,por la maldición del Padre Cañarte , quien de Pereira se va a pereira volverá » pero para la familia Arias fue : quien a pereira o a sus sus lares llega en pereira se queda » y mi madre BLANCA CELIA OROZCO DE ARIAS:QE.P.D .Cuando en los fines de semana , nos ausentábamos, a Chinchiná Santa Rosa o Manizales al regresar en el Alto de Boquerón , suspiraba Enamorada y henchida de Alegría , » DE PEREIRA ES BUENO SALIR SOLO POR TENER LA DIICHA DE VOLVER » NO HAY DOS COMO MI PEREIRA «Siempre enamorada DE LA QUERENDONA TRASNOCHADORA Y MORENA CIUDAD DE PEREIRA.: SINCERAS FELICITACIONES JOSE MANUEL POR SU OPORTUNA REMEMBRANZA DE LA DINASTIA DE DON HELIODORO ARANGO. Tambien oriundo de Sonson.

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