Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadLa falsa igualdad de sexos

La falsa igualdad de sexos

El error del siglo XXI

 

1.ª parte

 

Cita: “Murió doña Berta Abdala de Gossaín, quien era la última de los viejos de la familia”. (El Espectador, La revista n.º 148, 18-V/2003, pág. 13).

Comentarios:

  1. Aquí no hay error ni vicio de lenguaje. Lo que se aprecia, con beneplácito, es una frase muy bien construida, y en la que se respeta el nombre genérico masculino (grupo mixto – género humano).
  2. En boca de las feministas, la frase de la cita hubiera quedado: “… quien era la última y el último de las viejas y de los viejos de la familia”.

Cita: “¡Queridos hermanos y hermanas…!”. (www.elcolombiano.com.co, grabación de audio, Joseph Ratzinger – Benedicto XVI).

Corrección: “¡Queridos hermanos…!”.

Comentarios:

  1. No me vengan, ahora, con el cuento de que si a Su Santidad el papa se le ocurrió abrir su saludo al mundo con estas cuatro palabras es porque ya la falsa igualdad de sexos constituye un dogma de fe. ¡Nada de eso! Los asuntos del lenguaje no llegan hasta la infalibilidad del Sumo Pontífice. Cosa distinta sería que le reclamaran al Santo Padre la ordenación de sacerdotisas.

Ahí les dejo “a las feligresas y a los feligreses esta inquietud.

  1. Alguna vez lo dije y hoy, más que nunca, no vacilo en repetir que ya se contaminó también el clero de esa falsa equidad. No nos extrañemos, pues, si en un tiempo menor de lo esperado vemos y oímos las dos oraciones tradicionales de la Iglesia católica, coreadas así: El padrenuestro: “… venga a nosotras y a nosotros tu reino (…) como también nosotras y nosotros perdonamos a las y a los que nos ofenden”. Y el avemaría: “… ruega por nosotras y nosotros las pecadoras y los pecadores…”.
  2. Jesús no dijo: “Dejad que las niñas y los niños vengan a mí”.

Otros ejemplos de este lenguaje, supuestamente ‘incluyente’:

Un candidato a la presidencia en sus discursos decía, sin temblarle la voz –aunque parezca antinómico–, con su característico e inconfundible vibrato: “Inviiito a tooodas las colombiaaaaaaanas y a tooodos los colombiaaaaaaanos a voootar por mííííííííí”.

Según una circular de la Secretaría de Educación de la gobernación del Valle del Cauca se debía acatar la “norma” del lenguaje incluyente, de modo que una citación a reunión de padres de familia quedaba redactada así: “Las niñas y los niños deben asistir con sus mamás y sus papás, para que ellas y ellos hablen con las profesoras y los profesores acerca del aprendizaje de sus hijas e hijos”. en lugar de: «Los padres deben asistir con sus hijos, para que hablen con los profesores acerca del aprendizaje de sus hijos”.

También incursionaron en estos galimatías la periodista y sexóloga francocolombiana Florence Thomas, en El Tiempo y en la revista Semana; y la periodista y psicóloga, Gloria Hurtado Castañeda, en su columna Revolturas, del diario El País.

El colmo de esta corriente feminista es el hecho de que el vicio se viene transformando en otros exabruptos. Ahora muchos precursores del mal llamado lenguaje incluyente escriben y pronuncian: les colombianes, les niñes, les compañeres; y, también, los/as caleños/as.

Otros más osados abusan del símbolo @. El que con la llegada de la internet, se puso de moda como recurso gráfico mal utilizado por quienes desean realzar la supuesta igualdad de sexos: l@s colombian@s, l@s niñ@s, l@s compañer@s; y, también, l@s caleñ@s.

Obran así, pretendiendo agrupar mujeres y hombres con estas erróneas expresiones. Pero, resulta aún más grave emplear estos absurdos de manera formal y habitual para producir informes, oficios, circulares, tesis de grado y demás trabajos académicos, y boletines de medios de comunicación.

El error gramatical se origina en la interpretación acomodaticia del nombre dado a la ley 581 del 2000, conocida como la Ley de Cuotas (Ley de Equidad de Género); la misma que les da efectiva participación a las mujeres en los niveles decisorios de las diferentes ramas de la Administración Pública.

Esta exégesis confunde la equidad de género sexual (hombres/mujeres), referente a los dos grupos determinados de la especie humana, con el género gramatical (masculino/femenino), categoría lingüística fundamentada en una distinción convencional propia del lenguaje que también puede ser de sexos; y esto hace que se incurra en errores y excesos.

Los ‘ultrafeministas’ deberían empeñarse en defender a dentelladas, si fuere necesario, la equidad de género en la sociedad; en lugar de forzar el uso simultáneo del masculino y del femenino en el lenguaje, asunto que nuestra lengua castellana tiene resuelto con el uso del masculino plural, neutro.

Este es un problema que ha surgido solo para la lengua castellana. La discusión no ha permeado otros idiomas, ya que en ellos todos los adjetivos se usan igual para referirse a cualquier género.

En definitiva: es incorrecto, amigos lectores, recurrir al femenino cuando el masculino –de por sí– es incluyente.

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* Corrector de estilo

Mañana martes, la 2.ª parte.

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