ActualidadLa fila para la tercera dosis

La fila para la tercera dosis

 “Esta es la mia”, pensé cuando supe que el 5 de enero aplicaban la tercera dosis de Astrazeneca en el Alcides Arévalo a partir de las 8am. Eran solo 200 vacunas, por lo cual calculé el tiempo para llegar antes de la hora y lograr un turno. ¡Calculé mal!, cuando llegué ya habían repartido los turnos, regresé a mi casa más aburrido que un comején en un riel. El 6 de enero otros 200 turnos, llegué a las 7 am y la fila iniciaba en la carrera 6ª y llegaba casi a la carrera 7ª, me afané para ingresar a la formación, una pareja de ancianos cada uno con bordón se me adelantó a empujones, los miré rayadito pero no les di importancia, era mucha gente, le pedí el favor a una señora que quedó detrás que me cuidara el puesto para calcular más o menos en que turno nos tocaría, logré contar 110 personas, cuando regresé la fila llegaba al Soratama, no había distanciamiento pero todos teníamos tapabocas, parecía la feria de las comorbilidades y una gran reunión de enfermedades, a la cita no faltaron el reumatismo, la artrosis, la osteoporosis, la diabetes, el cáncer, los trastornos neurológicos, los viejitos pedorros o como yo la obesidad entre muchas otras. Las sillas de ruedas, caminadores, tanques de oxígeno, las sondas, muletas y bastones de diferentes modelos eran tema de conversación, muchos abuelitos madrugadores optaron por sentarse en el andén y un señor recorría de arriba abajo ofreciendo el plástico para guardar el carnet a mil pesos, la pareja de ancianos que se me adelantaron mostraron orgullosos como los habían laminado, llegaba gente que se metía en la fila aduciendo que alguien se la estaba cuidando por $10.000, a la señora del carrito de los tintos se le agotó rápidamente el termo de las aromáticas y no faltaba quién le pedía Ibuprofeno, hice un nuevo conteo, ya eran 115, los primeros que llegaron contaban orgullosos que lo hicieron a las 4am. En punto de las 8am repartieron las fichas, me tocó el turno 125 y me dijeron que regresara a más o menos a las 11am para aplicarme la vacuna, a la pareja de viejitos que me empujaron los mandaron a cambiar el carnet a la clínica Los Rosales porque no se valía tenerlos laminados. Quién los manda a empujarme.  

Todavía me duele el brazo.

ÁLVARO CAMACHO ANDRADE

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