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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadLa incapacidad de asombro en el diálogo

La incapacidad de asombro en el diálogo

Desde hace algún tiempo me pregunto sobre la frialdad que conlleva la incapacidad de asombro en muchísimas personas. De acuerdo con su grado de cultura o educación, existen seres que, como diría mi tía Adiela si estuviera viva, no despabilan ni siquiera para responder cualquier cosa. Pueden notar o recordar mis lectores que si has afirmado o debatido algo dentro de una conversación con tu interlocutor, éste te deja frío al contestar con un incuestionable silencio. Claro está, uno sí intenta descifrar ese silencio, imaginándose una terrible inseguridad o una gran dosis de envidia en él, pues la incomodidad del silencio referido suele sentirse como algo serio en el que habla, pero más oscuro y enfermizo en el dueño del silencio.

Mucha gente recurre a gesticular con la boca o con los ojos, dilata sus pupilas, o simplemente agita un poco su cabeza mirando a cualquier parte. No quiere o no puede responder, parece que entiende o no entiende, o se bloquea inconscientemente dándole entrada al silencio.

Algunas posibles imperfecciones del ser humano convergen de alguna manera en resultados emocionales que podemos confundir con otro estilo de situaciones, aunque además, estemos imposibilitados para analizar la personalidad del otro ser humano que nos escucha en calidad de interlocutor o conversador.

No se puede caer en juzgamientos ni culpar a nadie de manera particular, a sabiendas que, según estadísticas, la sociedad colombiana está enferma mentalmente a gran escala y con un aterrador desconocimiento y/o rechazo a cualquier tratamiento de ésta índole.

En este caso me estoy refiriendo a la incomprendida Capacidad de Asombro, que creo yo, no hay necesidad de elucubrar para insistir sobre una respuesta  en el intento de responder cualquier cosa que el ego requiera. Pongo este ejemplo: Un amigo imaginario a quien llamaré Paco, le dice a su amiga de algún tiempo que se encuentra muy enamorado de ella. Ella enmudece y ni siquiera gesticula, para nada le impactan esas palabras. Qué puede estar procesando aquella mentalidad que ni siquiera ha producido un solo pensamiento? Miedo? De qué? Inseguridad o desconfianza? Por qué?.

Detrás de éste ejemplo pueden aparecer muchísimos hechos con diferentes matices, y cuando aparece trémulo este estilo de silencios, pareciera no haber ningún mecanismo de defensa que contrarestre la incomodidad de hablar con franqueza y con los buenos deseos de cultivar la nueva o vieja amistad.

De otro lado, las redes sociales y sus plataformas entre otras el  WhatsApp, contribuyen en gran modo con todo este estilo de confusiones, si se pudieran llamar así. En cuántas ocasiones nos han escrito para saludar o regalarnos un bello mensaje, que indica una manifestación de cariño o para atraernos hacia la memoria un dulce momento: !que todavía están ahí para no olvidarnos! Las minúsculas rayas que aparecen cuando el celular del interlocutor abre el mensaje, nos ratifican que las pequeñas rayas !también se impregnan de éste perverso silencio!. 

Al escribir estas líneas, tengo que confesar que no conozco si este estilo de pasmosidades o desaires en el ser humano conllevan alguna desorientación mental o quizás éstos dialogos exijan de cierta empatía que casi nunca se da silvestre. Una cosa son los diálogos conferenciados entre médicos, biólogos, abogados y demás, y otra cosa es el diálogo entre el profesional y el trabajador que en ese momento le está embetunando los zapatos. Directivo SOER, Sociedad Escritores de Risaralda. 

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