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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadLa indiferencia y el silencio de los buenos

La indiferencia y el silencio de los buenos

Por estos días de calor en el ambiente político e institucional de Pereira, se escuchan voces de inconformidad y preocupación por las cosas poco o nada aceptables que ocurren en la ciudad.

No es solo por la proximidad de las elecciones regionales. Tampoco exclusivamente por la falta de autoridad y desgobierno que se percibe en Pereira registrados en detalle en la Encuesta Pereira Cómo Vamos. Es porque de tiempo atrás, hay un evidente clima de incertidumbre por el futuro de la ciudad.

Desde el poder político, la delincuencia común y el crimen organizado se afectan la tranquilidad y el bienestar de las comunidades, producto de la acción dañina de unos pocos contra las mayorías inermes.

Se explica en la dinámica política y social a través de los tiempos, desde la esclavitud hasta el feudalismo pasando por la discriminación racial, la codicia criminal, la explotación económica y el delito en todas sus formas. Surge de allí la sentencia de Martin Luther King el llamado al principio de solidaridad humana: “Peor que la maldad de los malos, es la indiferencia de los buenos”.

Traigo al caso el pesimismo cuasi derrotado de un buen amigo que se queja del “importaculismo” sentado en el trono de la ciudad.

Y en la búsqueda de la esperanza, le dije que en Pereira quedan personas promoviendo colectivos de opinión y análisis, y tanques de pensamiento en el sano ejercicio de esa ciudadanía activa que tanta falta hace en cualquier sociedad.

Que aún quedan pereiranos ocupando espacios para atajar el declive moral e institucional auspiciado en gran medida por algunos políticos que en Bogotá ofician como estadistas y en la región como gamonales.

Los hechos son palmarios. En el ámbito político hay mujeres y hombres aspirantes a la alcaldía que con sacrificio y agotador esfuerzo -en desigual competencia- trabajan con el propósito superior de cambiar el arrogante rumbo que hacia ninguna parte llevan hoy a Pereira, porque ni siquiera tenemos planeación de mediano y largo plazo.

Y en el empresariado local quedan liderazgos preocupados por la ola delicuencial, el egocentrismo gremial y el malsano cacicazgo político que están llegando al extremo amenazante de coartar la libertad de ser y hacer.

En Pereira aún queda sentido de pertenencia por sus instituciones. Que, si hay “importaculismo”, es más fuerte la resiliencia que invita a generar confianza y credibilidad institucional al servicio de la ciudad y no al servicio de nefastos intereses personales o de grupúsculos.

La historia ha demostrado que, a la hora de reaccionar contra la maldad de los malos, la fortaleza colectiva y la solidaridad de los buenos, nunca han sido inferiores a sus responsabilidades políticas y sociales.

1 COMENTARIO

  1. Respetado Columnista:
    Indudablemente, el ejercicio de la política, en cargos de dirigentes locales, regionales y nacionales, es cumplir con un mandato otorgado por los votantes, quienes DEBEN cumplir: con honestidad, legalidad, conocimiento.,
    Otra situación se da cuando es ejercicio político se convierte en la forma de enriquecimiento personal, familiar y de adeptos que cómplices .
    Es DWBWR del votante, exigir cumplimiento en su labor: administrativa, financiera , social.
    Somos conformistas, los ciudadanos, ignoramos el mecanismo con el que podamos poner contra la pared, la ineptitud, del funcionario elegido
    Nos da vergüenza exigir.
    Y para colmo , l cuando los funcionarios realizan acciones pertinentes a su deber: les aplaudimos y damos gracias.
    Los funcionarios tienen obligaciones y estás las cumplen con los impuestos del ciudadano.

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