La indisciplina social

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Ilustraciòn cortesía Cambio 24

Por ALBERTO ZULUAGA TRUJILLO.                                                                   

La intervención de las autoridades en salud pública, conjuntamente con los médicos a lo largo de la historia frente a situaciones de pandemia, como la que actualmente vivimos, ha sido un reto para los profesionales en este campo que afanosamente buscan ampliar sus conocimientos para manejarlas, siendo la cuarentena la medida más eficaz en su lucha por  contenerlas. La aparición del COVID 19, que ha cobrado la vida de más de 2.4 millones de personas en el mundo con  más de 110 millones de contagios y cerca de 60 mil fallecidos en Colombia, con dos millones y medio de infectados, ha desatado toda suerte de reacciones en una sociedad que, como la nuestra, se ha caracterizado por su  indisciplina social. Difícil ha sido para las gentes entender y aceptar las exigencias gubernamentales frente al manejo de tan mortal enemigo. Ante el distanciamiento social como primera acción frente a la pandemia, hemos sido renuentes e irresponsables. Infinidad de fiestas y reuniones clandestinas han disuelto nuestras autoridades a lo largo y ancho de nuestra geografía, contrastando con las irreflexivas medidas de las mismas autoridades encargadas de vigilar y procurar una segura interrelación entre los ciudadanos al permitir los equivocados días sin IVA que han propiciado encuentros colectivos sin seguridad alguna. Una verdadera Torre de Babel en cuanto tiene que ver con las decisiones, en dónde cada alcalde y gobernador se luce, unos, tratando de acertar; otros, buscando figurar en las encuestas sobre quién ha manejado mejor la crisis, en un país de figurones. El fenómeno de la globalización que permite el acceso rápido a las redes sociales crea en su mayoría desinformación masiva llevando a las poblaciones a realizar prácticas desafortunadas de autocuidado, con tratamientos pobres en evidencia o sin soporte científico. Existiendo suficiente información epidemiológica que permite conocer el impacto de la pandemia asociado a la indisciplina social por los contagios, la  mortalidad,  los costos de la misma sobre los indicadores económicos del país, bien pudiera penalizarse su proceder para castigar los abusivos comportamientos que comprometen en materia grave la salud y la economía de los colombianos, pues según el DANE, pasamos el peor año en materia económica con un decrecimiento del 6.8 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) debido a la fuerte desaceleración de la economía. Quebrantar de forma grave las medidas de comportamiento social  debe hacer merecedor a quién las infrinja, no solo del pago de las multas correspondientes, sino también de una acción penal por poner en riesgo la salud pública y la economía nacional. A Dios gracias empezaron a llegar las vacunas y se ha dado inicio a su aplicación coincidiendo con el descenso en los contagios pero no por ello podemos bajar la guardia, antes por el contrario, debemos fortalecerla. La indisciplina social no se da por azar, esta es el resultado de la falta de educación, pobreza, núcleos familiares disfuncionales, falta de empleo y pérdida de confianza en las instituciones del Estado. La crisis nos debiera llevar a plantear estrategias para promover el progreso y bienestar de la sociedad  toda, en un momento igualmente coyuntural como es el arranque de las campañas electorales, pensando con sensatez y responsabilidad en quién vamos a confiar el manejo del país. La suerte siempre ha estado en nuestras manos. Hagamos buen provecho de ella.

Alberto Zuluaga Trujillo.                                                                   alzutru45@hotmail.com

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