La inmersión en tu desgracia

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Foto cortesía Inform@uva

Por GABRIEL ÁNGEL ARDILA

Los actos humanos suelen tener consecuencias: los rudos golpes de la vida pocas veces corresponden a la secuencia inercial de lo que pueden llamar «mala suerte»; las audacias producen sismos. Los desafíos generan corrientazos que pueden ser muy agudos. La audacia puede desbordarse y comportar actos temerarios, en extremo desafiantes y son proporcionales a sus consecuencias… Pero no los asimilan.

Recordé por estos días un caso de Lucevín Gómez quien disfrazada de personaje protagonizó un cubrimiento de los que ahora llaman de «inmernsión» en el papel de calle intentando contar su experiencia … Fue como 20 años antes de mi paso por el mismo periódico El Tiempo y el tema no pasó de ser una aventura de niña bien que descubrió que humanos comían basura, se arropaban con ella y vivían bajo ese submundo de fetideces… Lo mismo se venía denunciando en diarios, revistas y en algunos poemarios ignorados acaso por falta de sangre, en los relatos.

Luego hemos sido testigos de otros experimentos no menos temerarios y alguna fue derribada por todo el infortunio que se buscó, para salir de eso con más de 40 años de repetición de la historia de niña bien, violada y ultrajada y tan víctima, que lleva su dignidad tendida bajo la alfombra de todas esas atrocidades, exigiendo justicia… Mientras repite su drama y se hace más daño con los testimonios «victimizantes» en lo que nos compromete a todos, porque ya es el país entero el que le debe y está rindiendo explicaciones que no debió asumir jamás. En su voluntad, hizo lo que se propuso…l

Los que caen por engaños, bajo otras violencias, merecen atención y que todos busquen dar justicia a tantos casos hirientes: Pero el que lo propicia, se somete y hace lo posible por que le ocurra, no tiene justificación, ni el sistema podría compensarle nada: Obtuvo con tanta publicidad en su caso, el premio que buscaba, aunque para su gusto el final no haya sido tan feliz. Y nuevas niñas jamás deberían estar pensando por ningún motivo en tomar esos caminos de temeridad e irresponsabilidad con ellas, con sus familias, con el sistema de justicia y con cada uno de quienes sufrimos su espectáculo deprimente e interminable. Lecciones de vida.

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