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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadLa Moneda de Bizancio y los Acuerdos de Paz de Colombia

La Moneda de Bizancio y los Acuerdos de Paz de Colombia

Hasta Pula, ciudad milenaria anclada en las costas del Mar Adriático, al norte de Croacia, llega Antonio Montenegro: lingüista, políglota y avezado traductor; atraído por el magnetismo de una misteriosa, pero anhelada invitación a descifrar el secreto de una rara moneda de oro macizo acuñada hace más de 15 siglos, durante el florecimiento del imperio Bizantino. La tarea propuesta implicaba un riesgo total para su vida, pues una vez descubierto su misterio, no tendría certeza de poder regresar vivo ante las ambiciones reservadas de su poseedor y lo que estaba dispuesto a perpetrar por tener el privilegio de ser el único en conocer su significado y así impedir que se termine la herejía sostenida sobre la misma por tantos años.  El haber sido escogido el colombiano Montenegro, está relacionado directamente por ser el numismático que más sabe sobre el origen de dicho metálico, y así lo había expresado en varias publicaciones que llegaron a manos de Arturo Borges, el contacto en Pula.

Desde la llegada a Pula, a la media noche en medio de una pertinaz lluvia helada, fueron muchos los pensamientos que se agolparon en su cabeza que lo hicieron ponerse en alerta máxima cuando fue recogido en el aeropuerto por el enigmático Hermes, el taxista, en cuya piel colmada de tatuajes, le habían encriptado las claves finales para descifrar el contenido de los catálogos que revelarían la verdad sobre la moneda de Bizancio.  La entrega de notificaciones de contactos y de los catálogos –escritos en varios idiomas- para iniciar su investigación, se entremezclaron con la muerte súbita de Arturo Borges, con quien no tuvo la oportunidad de reunirse y el inaplazable encuentro con el sibilino Fuad el Persa, también conocido como el Judío Errante -el poseedor de la moneda y posible responsable de la muerte de Borges-, crisparon los nervios de Montenegro que no tenía otra alternativa a la de continuar adelante en su propósito.  Los deseos de conocer la verdad fueron más fuertes que la desconfianza que experimentaba… Así avanza la apasionante narración de la novela LA MONEDA DE BIZANCIO, del escritor y poeta colombiano RUBÉN DARIO FLÓREZ ARCILA.

Con lo narrado en la novela LA MONEDA DE BIZANCIO, me atreví a hacer una analogía con lo que viene sucediendo en Colombia en relación con los Acuerdos de PAZ, firmados el 24 de noviembre de 2016, entre el gobierno del presidente Santos y las guerrillas de las FARC, y que, durante los últimos días ha alborotado el avispero de las afirmaciones y ataques aleves contra lo pactado en aquel registro.

En la novela La Moneda de Bizancio se habla de un significado oculto durante muchos siglos, cubierto por una herejía que desvirtúa el sentido que encierran los grabados hechos sobre las dos caras del metálico y, como guardián de dicha herejía, aparece Fuad el Persa o Judío Errante, que asegura haber bebido de las aguas de la inmortalidad para mantener el secreto, empleando para ello la intimidación y fuerza bruta de sus esbirros.

Por su parte, en los Acuerdos de PAZ firmados en Colombia, en donde se dedicaron muchas horas de negociación con la participación de los diferentes actores del conflicto y de la vida nacional, y donde fueron garantes delegaciones de gobiernos extranjeros, se pudo emitir un documento aceptado por las partes, quedando como depositario y responsable de su implementación el presidente de la República.  Pero las cosas no tuvieron una real y sincronizada ejecución, porque tanto el presidente de Colombia firmante (Santos), como quien resultara elegido posteriormente (Duque), desatendieron lo allí comprometido y actuaron como Fuad el Persa, traicionando y manteniendo oculto el sentido real de lo que significa para el país haber terminado una guerra de más de 70 años (guerra que es producto de las injusticias e inequidades sociales acumuladas desde la conformación de la República), que solo había dejado desolación y muerte en los campos (miles de homicidios), robo de tierras, millones de desplazados y centenares de asilados en los diferentes países del mundo.

La llegada democrática de un gobierno progresista a Colombia, y el propósito de cumplir los Acuerdos de PAZ, se convierte en un problema mayor para las élites privilegiadas que nunca atendieron lo firmado y que deseaban que no fuera más que letra muerta, y, tal y como lo asegurara Fernando Londoño Hoyos (el de Invercolsa), en la convención del partido Centro Democrático en mayo de 2017:

«El primer desafío del Centro Democrático será el de volver trizas ese maldito papel que llaman acuerdo final con las FARC, que es una claudicación y que no puede subsistir».

Lo que facilitó que, desde la firma misma de los acuerdos, se siguieran e intensificaran los asesinatos de centenares de firmantes de los compromisos, reclamantes de tierras, líderes sociales y sindicales.

Para encontrar la verdad oculta de la moneda de Bizancio, se dejaron documentos, catálogos y un pergamino grabado en una piel humana, la piel de Hermes, el taxista, a quien despellejaron vivo los asesinos de Fuad el Persa para preservar el pergamino.  En Colombia, también se estampó en la piel de cada campesino que le tocó soportar tantos años de guerra.  Se marcó con hierros al rojo vivo, con cuchillos, con motosierras, con cigarrillos encendidos que les apagaban en sus caras para que no olvidaran quién mandaba.  En nuestro país se tallaron pergaminos en la piel de muchos compatriotas y no hubo necesidad de utilizar símbolos, ni letras griegas ni en ningún otro idioma, porque estaban seguros que nadie volvería a acordarse de lo firmado, ni estaría interesado en que se contara la verdad de lo que se habían comprometido.

En un país en donde a la corrupción le hace competencia el olvido, todos los recuerdos son efímeros o sino existen los Fuad el Persa incrustados en instituciones, medios de comunicación, empresas y todos los expertos encargados de extender enormes cortinas de humo que hacen más prioritario e importante un reality de televisión, un reinado o un partido de fútbol, que enterarnos debidamente sobre la importancia de las Reformas Sociales.

En lo místico se establece que: «Una herejía consiste en una falsa enseñanza, la cual desvirtúa la verdadera revelación bíblica, lo que distorsiona la fe de los creyentes».  Como ejemplo de lo afirmado está la herejía sostenida por siglos de la existencia de un pueblo elegido por Dios que, con patente de corso, a sangre y fuego va invadiendo los territorios que por miles de años ha habitado el pueblo palestino.

En lo social se puede instituir que una herejía es el engaño que se hace a los ciudadanos entregándoles información falsa sobre los Acuerdos de PAZ, medias verdades o haciendo sentir a los más pobres que su miseria es culpa de ellos mismos o de quien intenta introducir reformas que dignifiquen su vida y le permitan salir del atraso en donde los han mantenido eternamente.  No es sino ver a ancianos mayores de 80 años, con ridículos uniformes de empresas que no les pagan ni la seguridad social, marchando en contra de quien les ofrece un subsidio para mitigar un poco la desdicha de vivir en sus últimos años en el olvido; o qué tal los que defienden el sistema de salud y les toca estar desde la madrugada esperando un turno de atención médica especializada o para reclamar los medicamentos; o ver trabajadores y exmilitares que fueron despojados de sus derechos adquiridos y ahora se unen al coro en contra de quien desea restablecerlos nuevamente.

Para encontrar la verdad de lo firmado en los Acuerdos de PAZ entre el gobierno nacional y las Farc, no se requiere de un experto investigador como Antonio Montenegro, porque los documentos son claros, redactados en idioma español y no existe la letra menuda que entorpezca su implementación.  Pero, con las ironías que se viven en nuestro país, cuando se sacó a consulta la confirmación de los Acuerdos de Paz, el voto negativo se impuso, marcando la posición mayoritaria de quienes no se leyeron ni una página de los Acuerdos, pero lo rechazaban.

Ahora que el presidente Petro habla de la necesidad de convocar al pueblo a una Constituyente ante la cantidad de obstáculos que la derecha y la extrema derecha le han puesto en el camino de la consolidación de los compromisos adquiridos y por los que la mayoría de los colombianos lo eligieron,  emerge de los oscuros laberintos de la ruindad, vileza y el embuste -dispuesto a incendiar el país con tal de sostener su herejía-, el verdadero Fuad el Persa colombiano, a quien no llamaremos FUAD EL PERSA, sino: FUE EL PAISA!

 

El secreto es la madre de todas las mentiras.

TOBA BETA

 

El castigo del embustero es no ser creído, aun cuando diga la verdad.

ARISTÓTELES

 

AÑADIDURA ÚNICA:  Lamentable que los dos Representantes a la Cámara de Risaralda por el partido Verde hayan votado negativamente la Reforma Pensional.  Se les olvidó que muchos de sus votos provinieron de ciudadanos alternativos.

 

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