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PolíticaLa nueva guerra ( ¿ perdida?) contra las drogas.

La nueva guerra ( ¿ perdida?) contra las drogas.

Por JOSÉ DANILO SALAZAR

La elección y posesión del nuevo mandatario norteamericano, el señor Joe Biden, trajo una nueva esperanza al mundo en el sentido de que su país volverá a participar en los eventos internacionales que tienen que ver con asumir, y no negar estúpidamente como lo hacía el señor Trump, el cambio climático y sus enormes consecuencias para toda la humanidad;  para el caso colombiano se renueva la ilusión de una “nueva guerra contra las drogas” que inundan el mercado norteamericano desde nuestros países.

Nuestra agenda internacional está narcotizada desde los años 70, cuando un grupo de guajiros, sin manejo del idioma inglés y sin mayor conocimiento académico formal, inundó las calles del país del norte de marihuana, acontecimiento, que incluso fue motivo de inspiración para que Juan Gossaín escribiese su “Mala yerba”. Sí, claro, por esos años el director de la A.N.I.F. y luego, famoso presidente por el proceso 8.000, Ernesto Samper, se animó a proponer la legalización de la maracachafa y ahí fue Troya, el escándalo solo amainó en estos últimos años, después de que los gringos se llevaran semillas de muy buena calidad y se dedicaran a sembrarla y a legalizar su consumo, creando una industria de quién sabe cuántos miles de millones de dólares anuales, negocio legítimo para ellos, montado en base a un tráfico ilegal nuestro, del que solo nos quedaron los malos recuerdos y los sufrimientos;  como siempre, como el amo gringo no dio permiso, nos quedamos con el pecado y sin el género.

Lo peor es que ahora estamos, de nuevo, inundando a los yanquis de coca y aquí tenemos que extraditar a nuestros bandidos para que las autoridades de allá los castiguen, pero ¿dónde están los capos gringos extraditados para que paguen penas aquí? Que no me vayan a decir que no es falta de patriotismo que el jefe de la D.E.A. en Colombia, el coronel Hyett  y su esposa hayan traficado coca en la valija diplomática y el señor no esté pagando con su mujer el delito cometido aquí, mientras el chofer colombiano de la D.E.A., seguramente un cómplice de menor rango, sí fue extraditado a U.S.A., ¿ dónde está la reciprocidad de la extradición?, ¿ y  dónde está la soberanía colombiana ?

No es la primera, ni será la última vez que se declare  “otra guerra” contra las drogas, y que los colombianos debamos poner los muertos, recibir viejos  helicópteros  gringos, sobrados de sus guerras, a título de donación, que inmediatamente tenemos que entregar a empresas contratistas gringas para que los “repotencien” asumiendo el costo de resucitar esos esperpentos con nuestros  impuestos,  para que nuestras fuerzas armadas  puedan utilizarlos como si fueran máquinas nuevas, mientras nuestros mandatarios se dan ínfulas de ser aliados valiosísimos del nuevo amo gringo, cuando apenas son los ejecutores visibles de sus veleidades y deseos, y es que las guerras a las drogas son siempre, nos guste o no, la prioridad de cada nuevo mandatario gringo,  y nosotros, a la final, nos parecemos a aquellos perros que se dedican a intentar morder sus colas y desperdician así sus mejores energías, sin ningún resultado visible, en eso terminan esas declaradas  guerras.

Leyendo una semblanza del senador Biden y su papel en el desarrollo del plan Colombia, uno tiene la idea de que sí habrá resultados, por el compromiso que en ese tema ha demostrado el mencionado funcionario, interés que ha  demostrado  desde sus días de senador,  pensamos que dejaremos de ser  exportadores de drogas, cuyos ingresos sirven para mantener enormes regiones del país por fuera del marco legal del estado colombiano, donde impera la ley de los grupos criminales, con comunidades sometidas, vejadas y asesinadas; los colombianos de bien soñamos con que podremos terminar  con los carteles de las drogas y con los envenenadores de nuestras propias juventudes,¿ pero si desde los años 70 hacia acá, las cosas no han mejorado, sino empeorado, si a pesar de los muertos de las bandas de narcos, de los muertos de la fuerza pública, de los muertos de las comunidades que se resisten a sembrar coca, de los muertos en las labores de erradicación, de los daños ambientales por las fumigaciones con glifosato, de  las demandas internacionales por fumigaciones con glifosato en zonas de frontera,  ¿ si nada de esto ha mejorado, ¿ qué nos hace creer que ahora las cosas si van a ser diferentes?

Mientras la revolución Sandinista se desarrollaba en Nicaragua, el coronel Oliver North, contrabandeaba drogas y con ese dinero se armaba a los contra-revolucionarios buscando ahogar o impedir el cambio revolucionario de gobierno; traigo este caso a la memoria, para no perder la perspectiva que, mientras se dice que se quiere acabar con el nocivo y dañino tráfico de drogas, cosa a la que ninguna persona sensata se podría oponer,  se han hecho actividades económicas ilegales, aprovechando la facilidad de venta de estas sustancias en el mundo desarrollado.  ¿ Qué pasaré con los cartelitos colombianos cuando la presión internacional les  tapone  las rutas de exportación?. La situación para nosotros como padres de familia colombianos no resulta halagüeña, pues los comerciantes de la muerte no  han tenido en el pasado, ni tendrán en  el futuro, ningún reato de conciencia para inundar nuestras escuelas, colegios,  universidades y parques, buscando comercializar las  drogas que no puedan llevar al exterior. Seguramente habrá otra oleada de drogadictos y  habitantes de calle, como me dicen que sucedió aquí en el eje cafetero, en las década de los 80.

Por si fuera poco, en el año 2003, domingo 14 de septiembre, el editorial del diario “El Tiempo”, página 1-26, hacía eco de la denuncia de la Contraloría  General de la República, que decía que más del cuarenta por ciento de las tierras fértiles del país  (cuatro millones de hectáreas) habían sido adquiridas con dineros provenientes  del narcotráfico, según la misma Contraloría, en los últimos diez años campesinos de  Córdoba, Antioquia y Tolima habían sido despojados de una cantidad de tierra similar  a la que les había quitado a los campesinos la violencia liberal-conservadora de los años 50.

¿Habrá variado la situación de  despojo de tierras  en los últimos años?, no quisiera ser ave de mal agüero ¿pero  qué se puede esperar de un estado inepto como el nuestro que no ha sabido utilizar la “extinción de dominio” para golpear el enriquecimiento ilícito, que no ha confiscado  las propiedades del narcotráfico  y no ha restituido las tierras mal habidas a sus legítimos dueños campesinos? También en el mismo artículo ya reseñado, se recuerda que el  “comandante Rodrigo”, de las autodefensas, había denunciado que cientos de miles de hectáreas que estarían en manos de jefes paramilitares. El editorialista de “El Tiempo” en ese ya lejano 2003,  soñaba que el Dr. Uribe, presidente en ese momento, en las negociaciones con los paramilitares, no dejaría pasar de agache la restitución de las tierras expoliadas por estos delincuentes, según el sentir del periodista no se necesitaban ni más impuestos, ni más pie de fuerza .”Tan solo los zamarros en su sitio”.  ¿En que quedó la cosa en la negociación con los paras?, ¿se justificaron las expectativas del editorialista del diario “El Tiempo”?  Averígüelo Vargas.

En un país donde ni siquiera  las autoridades son serias,  cuando se trata de dar informaciones,  si no creen mi afirmación, entérense de la polémica que hay acerca de las cifras  de hectáreas de cultivos ilegales erradicados, cuyas cuentas no están claras, o están maquilladas; en un país donde el poder corruptor del dinero del narco ha permeado toda la sociedad, incluidos altos funcionarios de estado, jueces, magistrados,  militares de alta graduación, ¿ qué puede esperarse además del show publicitario de los interesados en figurar como protagonistas ?. Todos queremos acabar con el estigma del colombiano narcotraficante, queremos que se nos reconozca y valore por nuestra inteligencia, capacidad de trabajo y honestidad. ¿Será esta guerra contra las drogas la oportunidad de lograrlo?

En fin, lo que quiero decir, es que otra vez ¿cuándo no?, por agendas foráneas, estaremos entrando en otro ciclo de desgaste, de polarización, de enfrentamientos entre autoridades por temas como la conveniencia o inconveniencia de fumigar los cultivos ilegales, de análisis y  tomas de decisiones que obedecen más a presiones internacionales que a decisiones sopesadas y autónomas de nuestras autoridades, repitiendo una y otra vez, los viejos debates en que estamos enfrascados hace como veinte años.  Seguramente  viviremos como sociedad “una nueva guerra  contras las drogas” que causará nuevos ciclos de violencia, despojos, atropellos,  con todas sus secuelas de dolor y pérdidas, pero que resultará en otra voluta de humo, que se desvanecerá en el aire sin ninguna consecuencia.        

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