La palabra fe ya no lleva tilde

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Por: Jerson Andrés Ledesma Valencia

Si hay algo que cambie con frecuencia en un manual de normas ortográficas es el uso de las tildes, sobre todo en los pronombres demostrativos (este, esta, ese, aquel, aquello) y se denominan demostrativos porque indican, señalan o muestra un objeto referenciado, por ejemplo: -este fue el marcador que dejé en la pizarra.

Por lo tanto, es necesario actualizar ideas sobre la base de una propuesta generada a partir de las decisiones del Manual de Ortografía de la Lengua Española del 2010. Aunque sería más preciso indicar, para efectos de claridad, que son los diccionarios los que corren detrás de las expresiones lingüísticas, aquellos que se actualizan con el progreso de las lenguas vivas enseñadas por una comunidad de hablantes. No obstante, no es alentador entrar en una discusión de norma vs uso, pues lo que se pretende es que al momento de escribir se tengan en cuenta ciertas referencias dadas por la academia en cuanto a las tildes.

A los pronombres demostrativos que ya no se tildan, se suma ahora la distinción acentual entre algunos monosílabos, fenómeno conocido como tilde diacrítica. Pueden mirarse algunos como: más (adverbio de cantidad) y mas (conjunción adversativa, en la siguiente oración: María tiene mucho dinero, mas no me interesa, la función del mas no es indicar cantidad, sino generar oposición o contrariedad a lo que se expresó en la primera proposición, por lo cual se prescinde de la tilde. Otro ejemplo, es en algunos pronombres o formas verbales: ti, di, fue, fui, en los cuales aún persiste el uso de la tilde entre sus usuarios, ninguna de estas formas lleva tilde según el Manual del 2010.

De igual manera, la palabra fe se quedó sin tilde, la razón esgrime en el hecho de que no presenta una homografía que indique riesgo de confusión al momento de la referencia, como sí la hay en el más de cantidad. Otros monosílabos que se acentúan son: dé (imperativo del verbo dar), tú, él (pronombres personales en segunda y tercera persona del singular), sé (verbos ser, saber de sabor y de conocimiento).

Cuando el usuario de la lengua española percibe estos cambios comprende que su idiosincrasia lingüística está sujeta a la transformación de la cultura, los territorios y las maneras de apreciar la realidad en su conjunto, razones de peso para que la academia tome decisiones concertando la norma con los lugares donde nace la lengua.

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