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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadLa pesadilla sin fin: de Colombia a Palestina

La pesadilla sin fin: de Colombia a Palestina

En los años 80, cuando florecieron varias películas de terror, se hizo muy popular FREDDY KRUEGER -el personaje central de PESADILLA SIN FIN-, un diabólico ser que aparecía en las pesadillas de varios muchachos llevándolos trágicamente a la muerte.  Cada nuevo filme de esta saga (9 en total), estaba cargado de mucha más sangre y hechos pavorosos que provocaban hilaridad entre sus miles de seguidores.  Quedarse dormido profundamente era la invitación para que el horror invadiera el sueño de aquellos jóvenes que se fueron identificando por las características de sus pesadillas y buscaron crear entre si una cadena imaginaria que los conectara en sus alucinaciones y que les permitiera protegerse…

En el mundo de verdad y de la realidad colombiana, existe una saga de terror que no termina de verse.  En nuestro caso, esa pesadilla horrenda que tienen que soportar miles de compatriotas no ocurre cuando están durmiendo –como en PESADILLA SIN FIN-, sino cuando despiertan, en un mundo colmado de injusticias, de atropellos, de abusos, de masacres con mucha sangre, sangre de verdad de seres de verdad que son aniquilados tan despiadadamente como lo que está sucediendo hoy en Palestina.

Colombia, que ha vivido guerra tras guerra desde su «independencia», solo ha mantenido algunos intervalos de sosiego entre cada una de los feroces enfrentamientos en los que los mayores responsables son sus dirigentes políticos azuzados por poderosos empresarios que siempre sacan la mayor y mejor tajada de los campos calcinados por las batallas para extender su poder y dominio.  Y, como en todo cruento enfrentamiento, es la gente más humilde quien siempre lleva la peor parte.

Después de 1948 –año del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán-, se dio inicio (o mejor: arreció), un periodo fatídico que se conoce como LA VIOLENCIA, en donde los dos partidos dominantes de la época (liberal-conservador), crearon las condiciones ideales para sembrar la semilla del odio que dejó una cifra estimada en 300.000 muertos de militantes de ambos partidos, millones de campesinos desplazados (de un país mayoritariamente rural), despojo de tierras y un dolor que aún no termina de cerrar heridas.

Luego de los pactos que crearon el Frente Nacional, con el cual los dirigentes liberales y conservadores firmaron un acuerdo de gobernanza alternada cómplice, ignorando las verdaderas motivaciones que condujeron a la guerra civil no declarada, ni resarciendo a las víctimas, ni encontrando soluciones que permitieran establecer una convivencia pacífica en las regiones.  Se vivió una tensa calma que solamente era el preludio de otra nueva guerra.  Una guerra más sangrienta y desalmada a la que, como si se tratara de un torniquete sobre una vena rota, pararon el desangre con los Acuerdos de PAZ del 2016, pero sin hacer las intervenciones quirúrgica necesarias que fortalecieran y generaran un ambiente real de coexistencia entre los habitantes del territorio nacional.

A pesar de los compromisos firmados, los miles de desmovilizados, las ilusiones fijadas en el mejoramiento de las condiciones de vida de la población que históricamente ha sufrido el olvido y abandono de un Estado indolente, los hechos recientes de los resultados electorales nos muestran el peligro de que el retorno de la barbarie se vaya a tomar el país por muchos años más.

Yo recuerdo cuando a través de la radio se promocionaba en esta época prenavideña, la recolecta de regalos para las decenas de soldados heridos y mutilados que permanecían recluidos en las instalaciones del Hospital Militar.  Eso hace apenas un par de años y creyera uno que, con las acciones de los mismos promotores de tal iniciativa, ahora se encargan de promulgar el odio y revivir la añoranza de tales años aciagos.

Desde que se posesionó el presidente Petro, ha elevado las banderas de las reivindicaciones sociales y la lucha por alcanzar la PAZ TOTAL.  tozudo empeño que en una sociedad civilizada no pareciera representar un reto tan inalcanzable como lo es para Colombia, sobre todo, por los múltiples intereses que se oponen a que se direccione el país en ese sentido.

La corrupción ha invadido la totalidad de las instituciones públicas y a gran parte de las empresas y empresarios privados que financian todo lo que sea necesario para hacer invivible la patria; porque para ellos es mucho más rentable el país de la inequidad, el país de la trampa, el país del todo vale, el país de las oportunidades para unos pocos, el país de la guerra; que otro modelo que visibilice a los «nadies», que otorgue garantías, que devuelva tierras robadas, que mejore las condiciones laborales y de salud de la gran mayoría de la población víctima.

Con las acciones del presidente Petro, frente a hechos tan importantes en el ámbito internacional como la lucha contra el Cambio Climático o la actuación en favor de la intervención inmediata de la ONU para detener el genocidio del pueblo palestino, han recrudecido en su contra los ataques de toda la caterva guerrerista y criminal de Colombia.  Desde declaraciones de los fascistas e integrantes de la extrema derecha colombiana en favor de Israel, hasta posiciones de «pastores evangélicos» como un tal Rodrigo Rivera o del cretino Iván Duque (bombardero de niños), que sostienen que el presidente Gustavo Petro «no merece el respeto de su pueblo» por mostrar una posición de equilibrio sobre la arremetida depravada contra la población civil de Palestina.

En su más reciente intervención en las Naciones Unidas, Petro se atrevió a denunciar la hipocresía de los países más poderosos que han censurado la guerra de Ucrania, pero hacen oídos sordos a los hechos aberrantes que en estos momentos aniquilan a toda la población de Gaza.  

Con las últimas elecciones territoriales vividas en Colombia, se dio un paso atrás en el propósito de construir un país diferente.  Fueron elegidos muchos de los mismos que han participado o son herederos de los mayores actos de corrupción del país y opositores a las transformaciones que el país necesita si quiere tener alguna posibilidad de encontrar los caminos de reconciliación.  Con las elecciones acaecidas en el país, se dio licencia al todo vale, al negocio socio, al «plata es plata», al reencuentro con todo lo que ha empobrecido a la mayoría de los colombianos. 

El año 1948, también es un año trágico para Palestina, porque es el principio de su desaparición con la creación del Estado de Israel, con un proceso de degradación de sus gentes y una bitácora fríamente planificada de ocupación de sus territorios hasta irlos arrinconando a lo que se denomina la Franja de Gaza.

El horror de miles de niños colombianos no será quedarse dormidos y ser invadidos en sus sueños con las espantosas pesadillas de un asesino con su guante de cuatro cuchillas, sino despertarse en las mañanas con el dolor de las heridas, con el sufrimiento por el desplazamiento y el hambre, por el llanto de sus desconsoladas madres.  Es esa la mayor pesadilla de los niños palestinos que la mayoría de los gobiernos del mundo miran con indiferencia.

El 29 de octubre no perdió Petro las elecciones.  Perdió el respeto, perdió la dignidad, perdió la PAZ.  El 29 de octubre ganó la guerra, ganó la sed de venganza, ganó el regreso de Freddy Crueger, para que se promocione la nueva saga de PESADILLA SIN FIN en los territorios más olvidados de donde no terminan de salir humildes campesinos hasta donde correrán las cercas de los hatos ganaderos o de extensiones de palma de aceite y se hará tala indiscriminada de bosques y se establecerán grandes empresas mineras para las cuales los habitantes de esas zonas representan un estorbo en sus planes criminales, así como son los habitantes palestinos para los intereses sionistas de apropiarse de «la tierra prometida».

Me duele el país, me duelen sus gentes, me duele sus gentes más humildes; me duele el mundo tan indiferente; me duele ver la sangre derramada de los niños, me duele tanto salvajismo, tanta muerte; me duelen las bombas en Palestina, me duele el dolor de las madres que ven morir a sus hijos en sus brazos.  Tanto dolor y sufrimiento, tantas muertes, tanta lucha despiadada por obtener lo que no nos vamos a llevar, tanta indolencia.  La pérdida de la solidaridad, de la sensibilidad social todo unido a intereses individualistas cubiertos por una prensa corrupta.

Sólo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente

Es un monstruo grande y pisa fuerte

Toda la pobre inocencia de la gente

LEON GIECO

AÑADIDURA 1.  Hubo dos columnas recientes de reconocidos periodistas que me sorprendieron.  La primera de Johir Ákerman, quien presenta más que una columna de opinión (La operación de Hezbolá en Colombia), parece más un informe detallado del Mossad o de la CIA, sobre los vínculos de la organización terrorista HEZBOLÁ, el ELN y el gobierno venezolano.  De ser cierto lo publicado por Ákerman, entrarán en crisis las negociaciones del gobierno nacional con el ELN.  La segunda de María Jimena Duzán, quien insinúa la adicción del presidente Petro a alguna sustancia que lo llevan a tomar decisiones equivocadas.

AÑADIDURA 2.  Todo pareciera normal en sus publicaciones ajustadas al periodismo carroñero de los grandes medios prepago, si no fuera por un pequeño detalle que une a los dos periodistas: los vínculos que tienen Ákerman y la Duzán con la comunidad judía colombiana.  Ákerman habla de la guerra de Israel contra Hamás, pero no menciona la masacre del pueblo palestino, sugiriendo esto como un daño colateral. 

AÑADIDURA 3.  ¡Yo también me declaro adicto al CAFÉ, fuerte y sin azúcar!

1 COMENTARIO

  1. Jorge, un análisis muy lúcido de dos procesos sociales y políticos terribles detrás de los cuales está el imperio: USA.

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