La poesía es una mariposa que nos salva.

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Cortesía Virtual Galery

Por MIGUEL ÁNGEL RUBIO OSPINA.

LICENCIADO EN ESPAÑOL Y LITERATURA, POETA Y GESTOR CULTURAL

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VIAJES

“Una palabra y se inicia la danza pausada que nos lleva por entre un espeso polvo de ciudades”

ÁLVARO MUTIS

Robustecidos por la imaginación, motivados por la necesidad de partir y reconocerse, hombres y mujeres decidieron partir de sus aldeas; en sus alforjas, empacaron todo aquello que calcularon suficiente para el viaje, comida, ropa, talismanes, medicinas, suvenires, animales; también llevaban consigo su palabra, en el equipaje de su idioma, imprescindible e identitario. Su cabeza, atestada de mitos y leyendas transmitidas de generación en generación por la oralidad.

Ese viaje comenzó con la pregunta ¿Qué hay más allá de lo que alcanzan a ver mis ojos? También con la idea de la insatisfacción, no sentirse dueño de nada, sentir que necesitas otras palabras, otros sonidos, nuevos significados, la necesidad de riqueza, el miedo a  la pobreza. La palabra horizonte, dejó de ser la línea divisoria que observan los ojos al final del paisaje y terminó significando búsqueda, signo, destino, consumación.

Con el sólo ejercicio de sus piernas, o encaramados en camellos o dromedarios,  en caballos domados para la monta y la cabalgadura, bien fuera bajo los inclementes soles del desierto, o en la humedad de las montañas,  surcando cimas de intrincadas cordilleras, atravesando países de hielo, sobre el mar en barcazas o naos, enjambres de hombres y mujeres atravesaron el mundo conocido, amaron otros pueblos, conocieron otras razas, vieron adorar nuevos dioses, comieron y degustaron nuevas comidas y bebidas, se vistieron con telas extrañas, pero sobre todo, escucharon nuevos idiomas y palabras.

Unos decidieron quedarse y establecerse en esos nuevos pueblos encontrados, sus vidas fueron un eterno compartir de costumbres y se adaptaron a lo nuevo, sin olvidar lo viejo, o lo propio. Otros sólo se quedaron algunos meses, tenían la ambición de regresar a sus tierras, contar lo visto,  lo oído, lo comido, lo amado, lo extraño, dejar historias y nuevas ideas en sus coetáneos y coterráneos, enriquecer sus palabras, descubrir que otros, también cantan, cuentan, recrean, adoran y perciben el mundo, con otras palabras, otros sonidos, en otros idiomas que nombran y dan sentido a su mundo.

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