La poesía es una mariposa que nos salva

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Ensayo literario, primera entrega.

Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

1. INTEMPERIE.

“Mis antepasados inventaron la Vía Láctea,

dieron a esa intemperie el nombre de la necesidad,

al hambre le llamaron muralla del hambre,

a la pobreza le pusieron el nombre de todo lo que no es extraño a la pobreza”

JUAN CARLOS MESTRE Poeta español

Poema de su libro Antífona del otoño en el valle del Bierzo

Las palabras, sonidos articulados producidos por diferentes movimientos e inflexiones de la boca, los labios, las encías, el paladar, la lengua, las cuerdas vocales, la garganta y el aire, se nos volvieron fundamentales desde el momento en que la especie humana simbolizó todas las cosas del mundo y les dio nombre, las signó, las vistió, las cubrió de una razón y un propósito.

Y fue sentido y espacio, quien nombró, quien intuyó que la piedra es piedra, y el mar es mar, fue poderoso, llamó al poder, poder y lo ejerció, dominó e impuso su razón, sus dioses, derrotaron a los demás, al amor lo llamó amor, y entonces poseyó, dominó subyugó, se libró, pereció, se mantuvo, se perdió…deseó.  Lo nombrado fue contenido, fue perpetuado, fue acogido, fue transmitido, fue creado y recreado.

Los dioses  tuvieron múltiples formas y poderes, unos traían la lluvia, otros, desde el fuego, otorgaron a los guerreros armas y escudos para la guerra, los dioses  superiores, ordenaron el mundo a su antojo, Zeus, Amón, Yahvé, Quetzalcóatl, Inti, Odín, etc., todos verbales, todos omnipotentes, todos omnímodos e incuestionables.

En común, la palabra creadora, hágase esto, hágase aquello, e inmediatamente lo dicho se hacía verbo, se hacía presencia, vivía entre los hombres y mujeres, y pronto, muy pronto, él  y ella supieron del poder creador y destructor de la palabra; entonces lo hicieron en sus pequeñas aldeas, a alguno se le ocurrió expresar una idea, la primera de todas las ideas, explicar, o simplemente dejar que la palabra corriera libre, cantara, contara, aconteciera en sí misma; se puso un nombre y puso nombre a las cosas que le rodearon, su esposa, sus hijos, su aldea, su región, la montaña, el río, el lago, el cielo, las estrellas, todos los animales que su ojo avizor contemplaba, todo cuanto le rodeaba fue nombrado por la palabra, fue dominado, contenido, memorizado y eternizado por el lenguaje.

Entonces, los que hablaron un idioma en común se agruparon. Unos más lejos que otros, los de allí, más cerca a estos, y empezó, cada grupo, a ser y a narrarse  en su propia lengua, a entenderse, a conocerse, a familiarizarse, a enamorarse,  a sentirse uno entre muchos, a aceptarse en esa común asociación elegida intuitivamente, crearon sus propios dioses, establecieron sus propios ritos y construyeron  sus propios templos para la adoración.

Desde su palabra y nuevo idioma, trazaron la línea que los separa de esos otros (apareció el concepto del otro) que suscritos a distintas forma de nombrar, a nuevos  sonidos y maneras del decir, a un sinfín  dioses creados y nombrados con nuevas lenguas, decidieron  otro destino,  fueron nombrados y se dejaron nombrar de otras palabras, de otros idiomas, ininteligibles al oído, difíciles de aprender, complejos en su estructura, alejados de lo que somos. La palabra había inventado la memoria y el mito.

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