La subcultura del atajo

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Cortesía: Noticiero 90 Minutos

Por FABIO OLMEDO PALACIO

En uno de mis tantos viajes por la carretera Bogotá- Armenia, me encontré con un trancón enorme y por supuesto como tocaba, pare mi vehículo en la fila para esperar pacientemente a que pasara el percance. En este tiempo, sucedieron muchas cosas, algunos carros empezaron a salirse de la fila,  entre esos,  buses del servicio público llenos de pasajeros. Ante esta conducta, se dio el inicio del caos, porque algunos querían adelantar hacia todos los lados y sucedió lo predecible, cuando alguien no respeta las normas de transito y de comportamiento ciudadano. Chocaron vehículos, hubo enfrentamientos verbales que pasaron a mayores  y el trancón, que debería durar 30 minutos, se extendió por 4 horas. Me di a la tarea de averiguar lo que pasaba y la demora fue por un pequeño derrumbe que estaban removiendo. Por el irrespeto que algunos practican, a las autoridades de policía les correspondió intervenir para solucionar adicionalmente los conflictos presentados, traer grúas, colocar comparendos y atender a los lesionados. Le pregunté al que iba detrás mío porque lo hacían, y me dijo: “No sea sapo, haga lo mismo” otro me respondió: “No sea pendejo, aproveche el alboroto”. Cuando dieron el paso encontré a varios de los “vivos” que irresponsablemente se adelantaron, siendo sancionados por la policía, un bus de servicio público y un carro pequeño con su joven pareja, estrellados a la vera del camino y al final de este episodio, todos llegamos tarde. Traigo el  ejemplo para graficar lo que muchos llaman el avivato, los que acuñan frases como “El vivo vive del bobo”, “A papaya servida, papaya partida”, “si no lo hago yo, otros lo hacen”, y algunos más sofisticados lo llaman la viveza criolla o la malicia indígena.  Podríamos definir la subcultura del atajo, como el comportamiento humano de quienes no se someten a las reglas de convivencia de una comunidad y prefieren irse por el camino mas corto, sin importar el ejemplo que le están entregando a  la sociedad. Esto es igual, cuando el padre o la madre pasan por debajo del puente peatonal con sus hijos, arriesgando sus vidas, el que se cuela en una fila de una entidad estatal,  un banco, un supermercado, un cine, o el famoso: “Usted no sabe quien soy yo” buscando con esto transgredir la norma, o proponer a alguien la omisión de alguna irregularidad, el que entrega un billete falso en un peaje y lo comenta entre sus amigos como una proeza, sin tener en cuenta que  a esa persona que recibió el billete se lo descuentan de su salario o, peor aun, puede llegar a perder el puesto del que depende el sustento de su familia.

En los ejemplos que he puesto y que ocurren en muchas partes, pierde el que violó  la norma, los funcionarios que trataron de solucionar el caos armado por otros y por supuesto, la sociedad en general que debe  debe aprender que es más eficiente no utilizar esas conductas . Lo curioso que pasa con los colombianos, es que al pisar el suelo extranjero se comportan como buenos ciudadanos, respetuosos de las leyes, porque ellos saben que, en esos países, las normas se aplican y el no acatarlas trae consecuencias muy graves. Lo que me ocurrió en la vía, me deja otra gran enseñanza, cual es, el de que la inmensa mayoría de la gente respeta, que realmente son unos pocos los que utilizan esa subcultura del avivato, eso quiere decir, que como sociedad hemos avanzado mucho y lo que debemos hacer es insistir en el buen  comportamiento para no perder el rumbo.

Los Colombianos somos luchadores y respetuosos del estado de derecho, hemos salido adelante de todas nuestras crisis con base en el esfuerzo y la dedicación, cuando recurrimos  a alguien es para ayudarlo, pedir un consejo, obtener un impulso y no para transgredir la norma. Un sistema cimentado  en el respeto funciona siempre y cuando todos nos acojamos a él, pero una sociedad basada en los “avivatos” rompe el equilibrio de la sana convivencia de una comunidad.

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