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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

Actualidad"Las alas de Dios”

«Las alas de Dios”

Hace algunos años National Geographic presentaba una foto impactante de las Alas de Dios.  Después de un incendio forestal en el Parque Nacional de Yellowstone, los guardabosques iniciaron una larga jornada montaña arriba para valorar los daños del incendio.  Un guardabosque encontró un pájaro literalmente petrificado en cenizas, posaba cual estatua en la base de un árbol. Un poco asombrado por el espeluznante espectáculo, dio unos golpecitos al pajarillo con una vara. Cuando lo hizo tres diminutos polluelos se escabulleron bajo las alas de su madre ya muerta.  La amorosa madre, en su afán de impedir el desastre, había llevado a sus hijos a la base del árbol y los había acurrucado bajo sus alas, instintivamente conociendo que el humo tóxico ascendería.  Ella podía haber volado para encontrar su seguridad, pero se había negado a abandonar a sus bebés.  Cuando las llamas llegaron y quemaron su pequeño cuerpo ella permaneció firme. Porque había decidido morir para que aquellos, que estaban bajo sus alas, pudiesen vivir.

Las madres son las alas de Dios en la creación. Mañana será una oportunidad para agradecer a quienes han ejercido el don de la maternidad, por su capacidad de participar en la creación de una nueva vida; por el tesón de cuidar esa vida humana desde el mismo momento de la concepción y seguir siendo luz y cobijo durante todo el proceso de desarrollo y formación; por ser ellas maestras del dolor y regentar la cátedra de la de vida en el amor.

Hoy más que nunca, urge valorar la maternidad como misión excelente de las mujeres. Esto no se opone a su desarrollo profesional y al ejercicio de todas sus dimensiones. La mujer es insustituible en el hogar, la educación de los hijos y la transmisión de la fe. Pero esto no excluye la necesidad de su participación activa en la construcción de la sociedad. Para ello se requiere propiciar una formación integral de manera que las mujeres puedan cumplir su misión en la familia y en la sociedad.

Movido por estas palabras, del magisterio de la Iglesia y por la inmensa gratitud que sentimos por quienes nos dieron la vida, queremos en este homenaje,  dar un caluroso saludo a quienes a diario al lado de nuestros papás  construyen un hermoso proyecto familiar, haciendo de sus hogares un verdadero santuario de la vida y del amor;   a las madres cabezas de hogar, que se empeñan doblemente en sacar adelante a sus hijos, trabajando fuera y dentro de la casa, y que suplen con esfuerzo y sabiduría la ausencia del padre, para que sus hijos puedan crecer sanos y felices;  a las madres trabajadoras, a aquellas que después de afanarse en las tareas propias del hogar, salen de sus casas para realizar su trabajo profesional, para realizarse como personas y para contribuir al bienestar de su propia familia.

A las madres que junto a sus familias enfrentan el doloroso drama del desplazamiento y pobreza, y que no cuentan con los medios y recursos que la justicia y la caridad reclaman para todos los hijos e hijas de Dios; a las madres adolescentes y jóvenes, que no obstante las circunstancias en las que engendraron a sus hijos, muchas veces ni planificados ni esperados, optaron por la vida movidas por el amor, y se hicieron cargo del fruto de sus entrañas con cariño e ilusión.

 A las madres de la tercera edad, que ya educaron a sus hijos y los vieron partir, entregándoles lo mejor de sí mismas, y que hoy se gozan con la llegada de sus nietos; a las madres que se encuentran solas y abandonadas, a las que ninguno llegará con una palabra de cariño y gratitud, para que sientan y crean que Dios no las abandona jamás, y que un día serán recompensadas por permitir que la vida siga siendo el motivo de mayor significado por el que incluso muchas ofrecieron sus vidas.

Padre Pacho

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