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Director Fundador

CulturaLas drogas ilícitas y el oro, la economía subterránea del país.

Las drogas ilícitas y el oro, la economía subterránea del país.

Por JOSÉ DANILO SALAZAR

Desde los inicios de la colonia, hasta nuestros días, infortunadamente en el país hemos tenido dos tipos de economías: una legal y otra ilegal, la primera paga impuestos y la otra los evade, una comercia con objetos lícitos y otra con objetos ilícitos, una controla el oro y las divisas y otra trafica con oro y con divisas; en nuestra historia, muchas veces esa economía subterránea, ilegal, clandestina y hasta subversiva, ha sido la locomotora de la economía legal, causando más daño que beneficios.

Durante la época española  los vi-reyes y autoridades coloniales se quejaban del contrabando, Humboldt se dio cuenta de las grandes cantidades de oro de las minas de Chocó,  que salían  por las bocas  del Atrato, no pudiendo ser amonedadas en Popayán, al mismo tiempo  que entraban al país gran cantidad de géneros y otras mercancías de consumo, traídas  de contrabando  a la costa atlántica por ingleses y otros, en detrimento de la economía española; los guajiros tienen fama de contrabandistas desde esos tiempos; no es fácil calcular la cantidad de oro sacado ilegalmente del país en esa época; en tiempos más recientes  en el siglo XX,  tampoco se logró saber cuánto oro extrajeron de contrabando las dragas de la Chocó Pacífic, y en la época actual el oro ilegal sigue saliendo, evadiendo el pago de impuestos.

La otra  avalancha de productos ilegales, la narró Juan Gossaín  en su novela  “la mala hierba” donde describió el contrabando de marihuana a Estados Unidos. A  diferencia de la coca, planta nativa americana, la marihuana fue traída al país  por el gobierno de Mariano Ospina P. quien autorizó  la importación de semillas de cáñamo índico para fortalecer la industria textil colombiana,  estas semillas  resultaron  ser de las mejores variedades de marihuana, antes de eso, la marihuana  era cosa de marginados e intelectuales; uno de los precursores del consumo de cannabis sativa, fue el poeta Porfirio Barba Jacob, quién  en varios de sus versos exaltó su consumo; pasadas unas décadas, otro poeta y escritor  antioqueño, Gonzalo Arango, hizo de la marihuana  uno de los pilares ideológicos del movimiento nadaista  a  finales de los años cincuenta, época en que  Medellín era el principal centro  de tráfico del alucinógeno.  Por allá por los años setenta, el presidente de la ANIF Ernesto Samper Pizano propuso legalizar el cultivo de la hierba, casi se le cae el mundo encima y como siempre, el amo norteamericano nos negó el  permiso, eso sí, los gringos llevaron semillas de aquí, y cuando produjeron marihuana de alta calidad legalizaron su consumo  en algunos estados, mostrando que ellos pueden hacer soberanamente lo que quieran.

La siguiente oleada de exportaciones ilegales fue la cocaína, derivado químico de  la coca, a la que  se  atribuía origen divino, los incas decían haberla recibido de sus dioses fundadores, en nuestra patria, Bochica enseño su cultivo a los  indígenas del rio  Chicamocha,  proveedores de los Muiscas, que  la usaban  en sus rituales y como moneda;  se cree  que su cultivo se inició por el año mil a.c., las culturas indígenas elaboraron diversos objetos artesanales y de orfebrería para testimoniar su consumo, este es el caso del poporo que estuvo en billetes y monedas años atrás.  Al llegar los españoles,  conocer la coca y su importancia para los indígenas, la  aceptaron  para pagar tributos y fomentaron su consumo cotidiano,  siendo Gonzalo Jiménez de Quezada, el legalizador de éste narcotráfico, ya que en la época prehispánica el uso de la coca era restringido y se usaba en ciertos ritos o celebraciones colectivas.  A  los europeos se les dificultaba mambear la coca porque exigía llevar consigo recipientes  o calabazos con coca y cal, y  a los españoles de alta posición,  su masticación les parecía vulgar y desagradable, lo  consideraban algo muy indio; por lo que el tabaco,  planta nativa americana, se abrió paso como  vicio característico  de las clases altas, incluidas las cortes europeas, donde se le conoció como la yerba de las reinas.  

Carlos Jiménez Gómez, procurador de la nación, presentó  al gobierno  y a la opinión pública  una propuesta de los narcos que decían representar  al 80% de los narcotraficantes del país, negaban tener vínculos con las guerrillas o la muerte de Lara Bonilla, prometían entregar  toda su infraestructura al estado colombiano: pistas, laboratorios, aeronaves materias primas, ayudar a la sustitución  de cultivos de coca y marihuana, colaborar en las campañas  contra el consumo de marihuana, cocaína y bazuco y repatriar sus capitales, calculados al parecer en unos 2.000 millones de dólares, existe la versión poco creíble, que dichos narcos ofrecieron pagar la deuda externa colombiana.  Por manejar en caliente el problema del narcotráfico, no pudo Belisario Betancur cumplir con su responsabilidad de gobernante, desarraigar el narcotráfico en Colombia, sobre todo cuando los narcos ofrecieron su colaboración para ello.

Desgraciadamente, por ser  satélites de las políticas de los gobiernos gringos, la propuesta no  fue aceptada, tal vez ni estudiada, y en cambio,  con ayuda externa,  se  procedió a la llamada guerra contra las drogas, cuyo éxito puede medirse en términos de:  “bajas”, detenidos, avionetas, laboratorios y dólares incautados, o por las hectáreas de cultivos ilegales exterminadas con terribles herbicidas como Paraquat  o  Glifosato, todo esto, siguiendo las órdenes de la embajada de Estados Unidos, sin que hasta la fecha, después de poner las  víctimas y  las pérdidas económicas  hayamos terminado con el  flagelo, pues mientras haya viciosos gringos, habrá vendedores de drogas.

El ingreso de dineros de narcotráfico a la economía legal, fue iniciado  por  los  bancos, sobre todo en Miami, pues los banqueros sabían que corrían pocos riesgos, por los pocos controles  que había, según Mario Arango y Jorge Child, en su libro NARCOTRÁFICO: IMPERIO DE LA COCA  página 5, “se sabe que los latinoamericanos depositan 4.000 millones de dólares anuales en Florida y obtener una licencia para abrir un banco en Miami solo requiere un capital de 1,5  millones de dólares, contra 5 millones en Ohio. Hay bancos en Miami que cobran una comisión del 3% para lavar dólares”.

El ingreso de esos millones de dólares al país, provenientes de las exportaciones  de marihuana, cocaína y pastillas alucinógenas, creó un nuevo mundo económico  al margen de la economía tradicional, contando con  la complicidad de algunos banqueros, autoridades venales y el ansia del dinero fácil, poco a poco se incorporó a la economía legal a través  del  “lavado de dólares”. Inicialmente esos dineros entraban en cajas, maletas, o camufladas en electrodomésticos, pero debido a los controles de autoridades colombianas y norteamericanas, se refinó la monetización  de esas divisas gringas, en el gobierno de López Michelsen, se creó la llamada “ventanilla siniestra”, que sirvió para que  ingresaran millones de dólares  a las reservas del Banco de la República,  esta medida  creó polémica,  por lo que el lavado de dólares tomó otros caminos como  “las exportaciones ficticias” usando el mecanismo del plan Vallejo y  el Certificado de abono Tributario,  CAT, aunque no es fácil calcular el volumen de estas exportaciones ficticias, según  la citada obra de Arango y Child, página 7  ”en los años 1975 y 1976 en plena bonanza marimbera y coquera  estas exportaciones  pasaron de 465.3  a 873 millones de dólares, un crecimiento del 24% al 34% de las exportaciones,  una  cifra cercana a las exportaciones cafeteras”.  

 Lo malo del narcotráfico  es que a pesar de los ríos de dinero que ingresaron a la economía colombiana  no obtuvimos  beneficios: se incrementó la inflación, porque esos millones de dólares no formaron capital productivo  ni generaron empleos;  la oferta de dinero superó  a la demanda del crédito del mismo, se impusieron encajes al 100% dando como resultados: altos intereses, caída de inversiones, desempleo e inflación; la ventanilla siniestra era una puerta giratoria por donde el dólar entraba y salía del país sin demorarse, de esa manera los gobiernos de López y Turbay no supieron aprovechar esas ganancias ocasionales de las bonanzas marimbera y coquera, ni la de los altos precios del café  entre 1975 y1977.

Todavía en estos tiempos, la cocaína y el oro se exportan ilegalmente,  causando muchas de nuestras tragedias: son  combustible  de la guerra,  porque generan  dinero a las organizaciones ilegales, contaminan nuestros río y naturaleza, generaron la cultura del dinero fácil que afecta  a muchas personas de nuestra sociedad, sobre todo hombres y mujeres jóvenes, siguen llenando de muerte y dolor a miles de familias colombianas, y  han acabado con el proyecto de vida de miles de consumidores colombianos;  en este desolador panorama, hay una luz de esperanza, en su artículo “La industria del cannabis” en el “opinadero.com.co” 1 de Mayo de 2021, Jesús Saldarriaga G,  asegura que: “Hoy Colombia puede convertir la  mala imagen generada por la ilegalidad que tuvo la marihuana cannabis, en una oportunidad para desarrollar un nuevo sector productivo de clase mundial” , dice que el eje cafetero  tiene climas  propicios para su cultivo,  en los tres departamentos  hay aprobadas cerca de 50 licencias  para uso médico e industrial, porque  en nuestro país el uso recreativo  de la marihuana es ilegal. Es decir, como siempre nos quedamos con el pecado y sin el género.  

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