Las fiestas de los 176 años de Santa Rosa de Cabal, 2020.

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Por JOSÉ DANILO SALAZAR

Aunque no me referiré  a las fiestas aniversarias de este año 2020 y su programación, si quiero compartir una experiencia nueva para mí y algunos de los  miembros de nuestra familia.  Desde mis años de niño siento una gran atracción por los carros antiguos incluidos los jeep, y más todavía por los carros antiguos en excelente estado de conservación o reconstrucción llamados clásicos. Esta admiración empezó desde aproximadamente 1960, año en que nos fuimos a vivir al barrio Boston,  una urbanización construida por el Instituto de Crédito Territorial para familias de bajos recursos, y dirán algunos, sin que les falte razón, de baja sociedad, o al menos eso sentimos en el trato que recibíamos de los habitantes de los barrios Providencia y Jardín, quienes nos miraban por encima del hombro, especialmente los primeros, que se consideraban a sí mismos de clase media y nos veían a nosotros como reubicados de alguna invasión, o al menos eso me dijo un casi suegro que tuve, papá de una hermosa peladita llamada Beatriz, a la cuál visité siendo un muchacho de quince o dieciséis años, con intenciones de noviazgo, a la final no pasó nada y la amistad se diluyó poco a poco.

Uno de nuestros vecinos, dos casas arriba de la nuestra, tenía un destartalado carrito viejo, al que nosotros nos subimos varias veces, de manera clandestina, para intentar manejarlo, siendo supervisados por un hijo de chofer, que tenía nociones de cómo prender y arrancar un carro; el señor nos pilló, identificó, puso la queja y el fuete de mi papá me aterrizó en las nalgas varias veces, aunque no logramos dar una vuelta en el vehículo, la fiebre por los carros antiguos me agarró.

Años después cuando iniciamos bachillerato, íbamos a pie, desde Boston a la 21 con 13, al Instituto Técnico Superior, por toda la  calle 21 y por ahí  como por la carrera 16 o  17, había un taller de lámina y pintura de propiedad de don Jorge Betancur, recuerdo su nombre, porque su hijo tocayo y homónimo, fue nuestro compañero de estudios  en esos primeros años.  Don Jorge tenía un hermoso automóvil de la General Motor Company, un  “De Soto”, de un lindo color azul, si fuera mujer y tuviera más sutileza para identificar tonos, diría que era de color azul rey, o eso me parece recordar,  si no me engañaba la memoria era modelo 1948; eso sí, recuerdo con claridad que uno de los mayores placeres de esa época de mi vida, era pasar y mirar el carro, o verlo pasar a nuestro lado rumbo al barrio Jardín, donde vivía el señor con su familia.

En mis años de docencia en San Gil, Santander, estuve enamorado de un Chevrolet 1952, de don Octavio Mantilla, que aunque me quitaba el sueño, no podía comprar por falta de dinero. Me trasladé a trabajar para Santa Rosa de Cabal, y el sueño de conseguir un automóvil antiguo perdió importancia ante las afugías y angustias cotidianas de un padre de familia con cuatro hijos y un pírrico salario. Solo después de salir jubilado recaí en la tentación y pude conseguir después de meses de navegar en la red, en Diciembre de 2019, un automóvil Chevrolet Belaire 1955, al alcance de mi corto presupuesto. Este vehículo había  estado rodando  en Bucaramanga desde  hacía cinco años  y  antes de eso, su anterior propietario vivía en Rio Negro, Antioquia. Recibimos la invitación a participar en el desfile de clásicos y antiguos, que el pasado  domingo, 11 de Octubre  recorrió las calles santarrosanas, en el segundo día de fiestas, nos inscribimos e invitamos a nuestra hija y dos nietos, como acompañantes, al igual que a un cuñado, de conductor, para el desfile.

Llevamos el carro al mecánico para  hacerle unos pequeños ajustes para el evento, pero contrario a lo que esperábamos, en carro se complicó en la parte mecánica, al parecer por el cambio de una manguera, que dejó mugre en la gasolina; el conductor designado luchó: viernes, sábado y domingo, en  total más de ocho  o nueve horas  de labor, para volver a organizar y dejar en buen estado al vehículo,  después del susto del mal funcionamiento del aparato llegamos al estadio, sitio de salida, y el pichirilo se portó espléndidamente durante todo el recorrido. Antes de salir,  dieron un recordatorio a cada vehículo inscrito, el refrigerio para piloto y copiloto, y aunque llegamos  al sitio de salida a las 11 a.m., hora convenida para el inicio de la actividad, solo arrancamos a eso de la una y treinta.  Cuando terminó un fuerte  aguacero que ocurrió en el municipio, ese espacio de tiempo lo aproveché para llevar a mis nietos a socializar con otros conductores, amigos  y ex -alumnos, incluso hicimos amistad con personas que formaban parte de unas delegaciones de amantes de los autos que vinieron al evento con varios carros traídos de Bogotá y Medellín, cuyos conductores alquilaron casas campestres para hospedarse por el fin de semana y allí oímos historias de carros comprados totalmente desvencijados, sin motor, y puestos a punto y hermoseados después de diez o veinte años de amorosa labor. Así mismo conocimos vehículos de ensueño y  recibimos ayuda de un mecánico que trajo su carro para participar en el evento, quién nos cuadró el carburador y lo dejó en el punto óptimo, todo un curso de iniciación en eso de desfiles, amistad y solidaridad entre conductores  y propietarios de clásicos ay antiguos.

Siempre he mirado los desfiles de estos carros desde una esquina, nunca desde un vehículo integrante de la caravana, quedé agradecido con la vida por la maravillosa experiencia de ver a todo tipo de personas, sin distinciones de género, edad, estrato social etc,  vitorear, aplaudir, retratar, filmar, saludar y hacer gestos de admiración y aprobación al paso del desfile por las calles, no sé decir si en Santa Rosa existan los más entusiastas y fans de estos clásicos y antiguos, pero las expresiones de aprecio y felicidad de las personas mirando el desfile, me hace creer que sí, qué cultura, qué buen comportamiento del público, qué gallardía, incluso me sorprendió ver a niños, personas mayores, jóvenes y jovencitas de la edad de mis nietas, saludando y tomándose fotos al pie de nuestros vehículos, todo un derroche de  educación, buenas maneras, civismo y admiración por los autos participantes, mil gracias Santa Rosa.  Aprovechando que no hubo control sobre el número de ocupantes del vehículo, recogí a mi tercer nieto y lo integré a la actividad, hizo el recorrido y se tomó fotos con los  familiares asistentes al evento.

En conclusión, la vida me permitió inculcar a mis tres nietos hombres, menores, la pasión por este tipo de carros, y sea o no, que de hombres adultos, compren un vehículo de las mismas características, estoy seguro que nunca olvidarán que ellos fueron los primeros que participaron en un desfile en un carro antiguo de propiedad de la familia, al lado de su abuelo.

Es inefable la sensación de felicidad y alegría  que demuestran todas las personas  que salen a ver este tipo de desfile, lo percibí este lluvioso domingo, al mirar a todos aquellos que se mojaron para disfrutar de un espectáculo que nos dejó llenos de gratitud y alegría a todos los que lo vivimos y gozamos.

2 COMENTARIOS

  1. Don Danilo, lo felicito y admiro, priemro por haber hecho realidad su sueño de tener un clásico entre sus joyas preciadas, segundo, por compartir con su familia y sus nietos esta gran experiencia y tercero por compartir con nosotros su sentimiento con respecto a su participación en el desfile… Que buen escrito, me encantó, Dios le siga bendiciendo con esa sutileza y el fiel retraro de las escenas, cuando narra una situación! Saludos y un abrazo fuerte

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