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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadLas superchicas y el machismo

Las superchicas y el machismo

Lo que acabamos de ver en las pantallas con motivo de la Copa Mundo Femenina Sub-17 es una sonora cachetada que reciben los hombres de este país machista, sobrador sin razón y ninguneador como ninguno, empezando por los dirigentes del fútbol en los niveles aficionados y profesionales.

Nuestras superchicas de la Selección Colombia Femenina en el torneo de la India jugaron como guerreras, con pundonor y amor patrio dándonos una lección y un repaso de lo que significan nuestras mujeres en la sociedad colombiana, casi siempre tan subvaloradas, arrinconadas, no pocas veces menospreciadas y por supuesto, especialmente las madres, víctimas de la violencia como ningún otro ser viviente.

En mi opinión, ese es el más potente mensaje subliminal que estas chicas que aún no llegan a la mayoría de edad. Es el caso de Luisa Agudelo, nuestra sensacional portera con solo 15 años de edad; o nuestra muy risaraldense Ana María Guzmán, oriunda de Mistrató, a quien tuve la ocasión de entrevistar cuando salía del despacho del gobernador Tamayo, cuando se aprestaba a viajar al torneo de la India.

Pero la cachetada más tenaz la reciben quienes fungen como dirigentes deportivos del fútbol. Uno de ellos, el propio presidente de la Fedefútbol, Ramón Jesurum, quien tuvo mano ligera para pagar la multa de $16 mil millones por la corrupción de esa entidad con las boletas de la eliminatoria, pero mostró una enorme y fastidiosa tacañería para anunciar premios para las superchicas, debiendo corregir su decisión.

El otro, el exsenador Gabriel Camargo, quien debió enfrentar los estrados judiciales y retractarse cuando en forma despectiva maltrató el fútbol femenino, ese mismo fútbol que ayer domingo unió al país y nos puso fervorosamente alrededor de ellas.

El resultado final en la Copa Mundo es lo de menos. En más de 70 años de fútbol profesional ninguna selección de varones llegó a una final mundial. Y eso también es lo de menos. Lo demás son las formas. Esas frágiles maneras que por desgracia nos muestran que en el fútbol como en la política, la administración pública y en otros sectores productivos, seguimos subdirigidos.

Todo esto nos enseña, además, que ellas debieron ganarse a puro pulso la admiración y el reconocimiento del país porque ni siquiera tienen un torneo debidamente organizado, a diferencia de las españolas, ganadoras en franca lid, pero siendo evidente que la superioridad no es culpa de las nuestras.

En síntesis, en el deporte como en la vida, las oportunidades también juegan. No es lo mismo competir con jugadoras que apenas juegan en los potreros o en patio de sus casas mientras las españolas, como lo vimos en la pantalla, sustituían a una que juega en el Real Madrid por otra que juega en el Barcelona.

Ojalá esta destacada e histórica participación de las superchicas en la India, nos sirva para valorar los kilates que tienen todas nuestras mujeres.

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