Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadLecciones que me ha obsequiado la vida  (I)

Lecciones que me ha obsequiado la vida  (I)

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Estos son algunos principios de comportamiento que me ha enseñado la vida. Aunque suelo incumplirlos por culpa de mi perverso ego, sigo esforzándome por hacer de su práctica una rutina. Cada error cuesta demasiado y carece de reversa:

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Mis amigos hoy… mis verdugos mañana. El mundo está lleno de almas nobles dispuestas a crucificar a su ángel guardián a cambio de un puñado de dinero.

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El silencio es mi ángel guardián. Mantendré amarrada la lengua, temible adversaria que se oculta en mi interior. Cuando digo más de lo necesario me siento estúpido y salgo derrotado. Hasta el comentario más trivial se vuelca en mi contra como una creciente bola de nieve capaz de aplastar mi vida personal, familiar y/o profesional. Prefiero ocultar todos mis pensamientos, exteriorizar lo estrictamente necesario y pertinente y hablar como si estuviera escribiendo; es decir, sopesando cada palabra y editando la versión final.

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No permitiré que me «piquen la lengua». Lo que diga será usado por otros para atacarme e intentar ocupar mi lugar.

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Procuraré dominar el enojo y conservar el autocontrol. Me esforzaré por guardar silencio. Si me siento incapaz de callar, me alejaré para recuperar la calma. Si por error «exploto», me apresuraré a excusarme.

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Los secretos, secretos son.

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A nadie tendré por confidente.

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Lealtad ante todo. Ni siquiera Cristo perdonó a Judas.

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Las expresiones «pereza», «rencor», «odio», «venganza», «después», «más tarde», «posiblemente mañana», quedan borradas de mi vocabulario.

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Jamás insultaré ni usaré malas palabras.

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No envidiaré ni siquiera a los malvados exitosos. De hecho, solo me diferencio de ellos en que sus defectos y los míos son de otra naturaleza; somos igualmente imperfectos.

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Serenidad… serenidad… serenidad. Siempre debo conservar la calma, incluso en las circunstancias más adversas y peligrosas; la turbulencia no tumba aviones. La vida es como el arte de bucear: se ahoga quien entra en pánico. Mientras más enojado o angustiado me encuentre, más calmado me mostraré.

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En caso de que alguna persona me cause daño irreparable, la borraré de mis recuerdos o al menos la alejaré. Pero no la odiaré.

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Entonces… perdonaré, perdonaré, perdonaré, siempre perdonaré… si quiero que a mí me perdonen; sin que perdonar signifique exponerme de nuevo al mismo riesgo.

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La maldad tiene rostro amable y “solidario”.

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En cualquier enfrentamiento entre un pícaro y un honesto, ganará el pillo. Aunque me duela y ofenda, los corruptos, mediocres y desleales suelen triunfar. Pocas veces terminan mal. Conquistan lo que desean y obtienen las mejores ganancias. Son alegres, sociables, elocuentes; se hacen querer. Manipulan con su “don de gentes”. Gústeme o no, son aliados necesarios. Irónicamente son generosos con quienes los respetan, siempre y cuando la prodigalidad no los desestabilice al punto de tumbarlos de la posición estratégica que les permite cometer sus fechorías.

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Corregiré mis errores. Prefiero avergonzarme, antes que persistir en el yerro.

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Siempre que en mi camino se cruce un conocido con quien perdí contacto de tiempo atrás, me acercaré a saludarlo. Si  me ha olvidado, le refrescaré la memoria; olvidar es de humanos. Cuando por timidez omito saludar a alguien, paso por maleducado e ingrato y pierdo oportunidades valiosas.

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A nadie impondré mi presencia en lo personal o en lo profesional.

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Al comentar mis vivencias, experiencias y progresos, soy visto como petulante, aunque mi propósito se reduzca a conversar, ilustrar o sustentar una exposición. Algunas veces termino desnudando mi alma, lo cual me convierte en presa fácil; en otras oportunidades, el destinatario del mensaje oye sin escuchar porque está sumergido en su propio universo. Al presentar mis argumentos descartaré mis anécdotas personales.

(CONTINUARÁ…)

1 COMENTARIO

  1. Al leer su artículo doctor Gonzalez rodó una lagrima por mi mejilla, pero a la vez sentí que no estoy sola, que entonces no soy yo la única que ha sentido traición, desilusión, verguenza por exponer mi alma y dejarme usar. Pero como titula su articulo, es un obsequio de la vida, a mi todas esas experiencias y aprendizajes me llevaron a ser una persona mas estoica , comprometida y leal con mi ser.
    Gracias doctor Gonzalez por recordarnos que gente sin principios y con una esencia muy lejana de lo que hace a un ser un humano noble, se pasean delante de la vida de todos y en todos los tiempos.

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