Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadLecciones que me ha obsequiado la vida ©  (Parte 4. FINAL)

Lecciones que me ha obsequiado la vida ©  (Parte 4. FINAL)

fergo14@gmail.com

Estos son algunos principios de comportamiento que me ha enseñado la vida. Aunque suelo incumplirlos por culpa de mi perverso ego, sigo esforzándome por hacer de su práctica una rutina. Cada error cuesta demasiado y carece de reversa:

CONTINUACIÓN Y FINAL:

Mientras más distante y prudente sea, mayor será mi felicidad y más tranquilo viviré.

* * *

Mi profesión es el activo que compensa cualquier pasivo.

* * *

Evitaré tomar decisiones en medio de una rabieta o en momentos de angustia, salvo cuando mi vida o la de un tercero dependan de mi reacción inmediata. La «cabeza caliente» es pésima consejera.

* * *

Expresa más quien habla poco. Me abstendré de exteriorizar mis verdaderos sentimientos y pensamientos, excepto en círculos de altísima confianza.

* * *

Eludiré la socialización con clientes y compañeros de trabajo. En su mayoría me traicionarían en beneficio de sus propios intereses.

* * *

Esquivaré los temas políticos y religiosos, sobre todo en presencia de desconocidos. Si resulta imposible evadirme entonces asumiré una actitud reflexiva. Permitiré que divaguen, sin intervenir. Simularé indiferencia.

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No juzgaré a nadie, salvo cuando mi profesión me lo exija.

* * *

Cuando escuche que un tercero es censurado procuraré encontrar la razón lógica y humana de sus fallas, en lugar de unirme a los detractores. Con absoluta seguridad mañana seré el blanco de los mismos criticones; o es posible que me estén «lanzando un anzuelo» para  «picarme la lengua».

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Escucharé los «pretextos» de los demás, sin debatirlos. A lo mejor dicen la verdad. Si acaso mienten, pierden ellos, no yo.

* * *

Me abstendré de impartir «cátedra», salvo si mi profesión así lo exige. Más bien preguntaré con humildad.

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Me excusaré de ofrecer consejos, aunque me los pidan, excepto en ejercicio de mi profesión o en beneficio de personas muy pero muy cercanas a mis afectos que estén dispuestas a recibirlos. Por lo común ‘oímos’ las recomendaciones pero no las «escuchamos». A la postre nos valemos de cualquier justificación para hacer lo que desde el comienzo queríamos o nos convenía.

* * *

Olvidaré tanto mis actos buenos como los malos. Al rememorar los buenos me someto a la esclavitud del pasado y puedo volverme altanero, pedante, despreciable e impulsivo hasta incurrir en ligerezas. Al recordar los malos me resultará difícil aclarar la mente para enmendar el camino, y su sombra me amargará a tal grado que perderé el amor por la vida.

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Darle la espalda al pasado y considerarlo un cadáver es una estrategia autodefensiva que abre el sendero hacia el futuro, pero tampoco debe convertirse en pretexto para vacunarse contra el aprendizaje proveniente de los errores; la experiencia es para aplicarla.

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Si alguien me pregunta «cómo estuvo todo», diré  «muy bien».  A nadie le importa ni le preocupa sinceramente si algo me pareció malo, me incomodó o me perjudicó, o si estoy en problemas. Eso no es asunto de los demás. Pero si me atrevo a expresar mis verdaderos sentimientos o temores me arriesgo a ofender o molestar a quienes me escuchan y a lucir tan frágil que me destruirá mi propio entorno.

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Ocultaré mis debilidades. Las personas somos como los perros: olemos el miedo y atacamos. Nada es más peligroso para un humano que otro humano… (si no temes a Dios, ¡teme a tus semejantes!).

* * *

Mi enemigo es mi enemigo y nada más que mi enemigo. Lo trataré con dignidad, pero no cometeré la estupidez de confiar en él, aunque sonría y se muestre amable y conciliador. Tampoco me apiadaré. Es cuestión de supervivencia y equidad porque mi rival será implacable conmigo. Su aparente gentileza es más peligrosa que la agresividad expresada sin rodeos.

* * *

No «supondré» nada. Sé algo o no lo sé. La especulación resulta inadmisible y peligrosa.

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En lo posible me abstendré de pedir favores, como no sea a mi familia y a los pocos que considero amigos, y solo en situaciones extremas. Es mejor pagar servicios. A muchos les incomoda prestar ayuda aunque la ofrezcan por razones económicas, sociales, estratégicas o movidos por el beneficio correlativo inmediato o potencial.

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Para evitar que interpreten mis pensamientos de modo perverso, fijaré mi vista en los ojos de mi interlocutor, sobre todo al dialogar con mujeres que pueden suponer alguna intención o malicia en una mirada desorientada.

* * *

Cuando resulte imperativo elogiar sin convicción, imitaré la astuta hipocresía y el práctico cinismo de las mujeres.

FIN… ¿FIN?

1 COMENTARIO

  1. «Nada es más peligroso para un humano que otro humano… (si no temes a Dios, ¡teme a tus semejantes!).»

    Es la síntesis de todo doctor Gonzalez

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