Saludo al lector.
Hoy, 13 de noviembre, esta columna sustantiva el verbo escribir a través de cuatro nombres de cuatro artistas de la palabra que, a su vez, supieron nombrar el mundo; y renombrarlo en múltiples maneras, con la camaleónica palabra literaria.
Artistas cuya actitud demostraron de entregada manera para con el vivir cotidiano, y para con los cotidianos compañeros de entorno. Recordados son, y fuera de esto, tienen en común haber regido sus vidas, ya nacer ya morir, bajo un mismo día del año, entre el azar disperso del tiempo en años diferentes.
Alexis Zapata Meza.
Nace en Montería en 1952. Desde antes de nacer no le es desconocida la palabra creadora al ser sus tíos los hermanos Zapata Olivella Manuel, Delia y Juan. Recae amablemente sobre Alexis la esencia de Changó, del folclor, de la afrocolombianidad, de la música, y, por supuesto, del Sinú, al que le cantó con fluidez de río, fervorosamente, en su obra literaria. Dicha obra la entregó entre la novela, el cuento, la poesía y el ensayo; la construyó entre sus propios quehaceres (antropología) y entre las tertulias literarias monterianas “los últimos zenúes” (grupo que hace referencia a la tribu indígena del Sinú colombiano) y “Bocachico letrado”. Se despidió del mundo el 24 de mayo del 2018.
Un poema suyo, publicado en el sitio web del Festival de Poesía de Medellín, canta al olvido y al recuerdo, a la oralidad, entre Rosa María y Diego Molina:
Canto primero
Diego Molina dice a Rosa María:
¡Calla a ese hambre!
¡Que no grite más en el patio!
Dile que con sus ojos de babilla
Me está reventando
El bahareque de la casa.
Rosa María, contesta exaltada,
¡Diego, si ese animal rabioso
Se está comiendo hasta los bindes!
Sin el tinto de madrugada
Con el que sacude el vacío
Los instantes gotean
Y el hombre cabecea sus tristezas.
Oye, dice a su mujer,
Esta tierra sin maizales
Es dura e ingrata.
¿Qué dices Diego?
Que esta tierra, Rosa María,
Reseca de la maldad
Es un alacrán resentido.
Son los demonios, Diego,
Sobreviven en todo caso;
No conocen otra forma de ternura
Que la bondad entre las garras.
Yo soy, Rosa María, un reptil
O cosa engatillada y resistente
Que ni suda ni gime
Abandonada sobre peñascos
Hervidos por el sol.
Aún en tu dureza siempre dejas
Un gajo de noches húmedas
Guindando dentro de ti
Lo que soy es corteza carrasposa
De totumo antiguo
Con más días de los que utilizo.
No creas que es muy gracioso,
Diego, echar vientos de piedras
Contra el silencio del mundo
Sin saber que demonios se despiertan.
No es nada, Rosa María,
Que con uno de esos piedrazos
Hayamos dado, ¡vayan a saber!,
En donde la ansiedad nos guíe.
La franqueza es también herida
Que despierta en la oscuridad
Para hacer visibles los caminos.
Así es Diego, si tú llevas
Pilar Moreno de Ángel.
Nace en Medellín en el año 1929. Historiadora, biógrafa, escritora y gestora cultural, fue la primera mujer en ser incluida en la Academia Colombiana de Historia como miembro de número. Entre su ejecución cultural estuvo la dirección de la Biblioteca Nacional de Colombia (1975-79), período en el cual recupera el edificio e integra 30.000 libros donación de la biblioteca de Germán Arciniegas; y del Archivo Nacional de Colombia (1981-88). En el 71 es merecedora del tercer puesto del Concurso Nacional de Historia realizado por el Instituto Colombiano de Historia. Su juventud, marcada por lecturas y viajes, le indicó el propio viaje que ella iría a seguir a través de las letras. Interesada por el estudio de las vidas de próceres y generales, escribió, entre muchas otras, la biografía de Francisco de Paula Santander.
No solo recopiló libros, con una biblioteca de más de 12.000 volúmenes, también recopiló imágenes. Imágenes entre daguerrotipos, ambrotipos, ferrotipos, tarjetas postales, fotografías y otros, entre las cuales se hallaban retratadas personalidades de todas las esferas, tanto reconocidas como no, pasando de parejas sin nombre póstumo de la Colombia del siglo XIX, como a figuras notables como Juana de Arco, Alexander Dumas y Richard Wagner, entre muchas otras de todo el globo; además de ciudades, estructuras y edificios documentadas en su prolífico paso por el mundo.
Pilar Moreno dejó el mundo tras haberlo leído y documentado apasionadamente, el 26 de junio del 2006.
Jorge Molina Cano
Contrario a Pilar Moreno, este medellinense muere un 13 de noviembre, 2 años antes que ella nace, en 1927. Él nace en 1898 y vive tan solo 29 años. Sobre la musa escritora de su corta vida se depositó la música, su legado es inmenso y significa para la cultura paisa y colombiana un estandarte de tierna identidad y sentido folclor. Su genio fue transmitido por él mismo a través de la enseñanza en algunos capítulos de su vida en ciudades de Centroamérica y en la misma Colombia, y apagado por su adicción al alcohol y la bohemia. Entre sus bambucos y pasillos que representan a la Región Andina colombiana resaltan fulgurosamente “Las acacias”, adaptada de textos del poeta español Vicente Medina, y “Dolor sin nombre”. Hombre virtuoso del tiple, es objeto del recuerdo identitario de Colombia.
Letra de las acacias, canción que, en lo personal, puedo cantar como una acción tan pasional como el encuentro con el amor. Con el que llega, con el que se va, o con el que estaba y se recuerda, como es el caso del pasillo. El recuerdo también es un sentido:
Ya no vive nadie en ella
Y a la orilla del camino silenciosa esta la casa
Se diría que sus puertas se cerraron para siempre
Se cerraron para siempre sus ventanas
Ya no vive nadie en ella
Y a la orilla del camino silenciosa esta la casa
Se diría que sus puertas se cerraron para siempre
Se cerraron para siempre sus ventanas
Gime el viento en los aleros
Desmoronanse las tapias
Y en sus piedras cabecean
Combatidas por el viento, las acacias
Combatidas por el viento las acacias
Dolorido, fatigado de este viaje de la vida
He pasado por las puertas de la estancia
Y una historia me contaron las acacias
Todo ha muerto, la alegría y el bullicio
Los que fueron la alegría y el calor de aquella casa
Se marcharon unos muertos y otros vivos
Que tenían muerta el alma
Se marcharon para siempre de esta casa.
Todavía queda gentes en esta casa.
Jaime León Castaño Arbeláez.
Antioqueño también, nace en La Ceja, en 1946. Su obra la alternó con la medicina. Escribió un poemario a la ciudad de Nueva York tras el trágico atentado a las Torres Gemelas, “I’m Sorry for New York”. Jaime canta con letras acerca del caminar por el mundo, la misma vida. Pero una vida diferente, una con canto y literatura, precisamente. Con la mencionada, se le cuentan 9 libros publicados, entre novela y poesía, siendo “el último calendario de Franz” la última, de publicación póstuma. Murió en la capital antioqueña el 4 de junio de 2004.
Su poema, “por escucharte”, le revela como habitante del mundo desde las dos esferas del poeta, la del ensimismamiento y la contemplación, y la del amor y la bohemia.
Por escucharte
Por escucharte
Saldría yo de este silencio
De esta voz entre paréntesis
Detrás de la cual van las palabras
Por escucharte
Cambiaría el día
Y en sueños quedaría
Al cambiar carne
Ojos luz y lágrimas
Por el placer de oírte
Aunque llegaras de susurro
A visitarme
Este 13 de noviembre muestra como el mismo día ha juntado y separado, en poemas citadinos, poemas hídricos, poemas musicales, y visuales, a cuatro destacadas voces colombianas.
Muy apreciado Jesus Albeiro:
Mil gracias por enseñarme esos poetas y poemas desconocidos y esos talentosos colombianos que dejaron huellas que a veces no valoramos. Gracias por recordarnos esos orgullos colombianos.
Don Danilo, maestro:
Suele suceder que en el oficio de pasar páginas olvidamos leerlas. Gracias a ti por la valiosa lectura que haces. Abrazos.