ActualidadLlorando esa casita

Llorando esa casita

Imaginaba escribir este texto como un lamento: lamento no incurrir en eso. Un poco de información y algo de juicio, puede resumir la sátira de un inocente que recetó calmantes y el paciente se suicidó, abusando de ellos hasta intoxicarse.

Cuando el profesor Lauchlin Currie vino por primera vez a Colombia y después fue invitado como asesor (desde 1948-50 del siglo pasado), se inició esa enguanda (cambalache malevo) de buscarle más pesares al deudor, a costa de lo que pudiera valer el dinero.

Con iniciativas de aquél para financiar programas de vivienda, se estableció la Unidad de Poder Adquisitivo Constante como medio de esa financiación y de ahí arrancó la malevolencia bancaria de los intereses de usura para sostener lo que esos técnicos llamaran la «indexación», como forma aritmética de ir elevando el valor del dinero que no solamente podría remunerar ahorros, sino cascar más duro a los demandantes de créditos, empréstitos e hipotecas. UPAC fue el ropaje de ese esquema avaro, para delinquir con Ley y togas venales.

Eufemísticamente llamaban, en resumen, eso como «corrección monetaria» a la que por cierto no le cabía ninguna corrección de banqueros en el cobro de intereses: arruinaban deudores con verdaderas tasas de usura. Y así los de Granahorcar se quedaron con nuestros ahorros y un bien que remataron después de pagado y además fingieron bien una refinanciación que terminó en pleito con Fogafín, sin aliviar, ni devolver nada de todo ese saqueo. Solo resultan beneficiarios de eso los abogados que pleitean o intentan defender, donde solo ganan los primeros. Los apoderados del poderoso.

La trágica herencia de esos que enseñaron a los sagaces manilargos a engordar más sus crecidos capitales, a costa de los que ni casa tienen o aspiran a obtener con subsidios engañosos que solo favorecen tiburones, es el saldo de la infamia permitida y otorgada. Agentes gubernamentales proponen, sus legisladores bendicen y luego en los estrados judiciales legalizando el saqueo pues los operadores de allí ponen en su Ley ese asalto.

Son negocios vistos como lícitos. Y forman parte en eso, de los estamentos oficiales que consolidan el tal «Estado de Derecho». Legitimidad para robar. Y el señor Estado solo se solidariza con los banqueros que dizque algo pierden o no ganan lo que ambicionaron y nos esclaviza a todos con impuestos como aquel catorce… por mil para refinanciar a esos.

Pero a las más de 4 millones y medio de familias colombianas despojadas de sus ahorros y de sus viviendas adquiridas con esas hipotecas y diabluras del Upac, nadie las asistió, ni buscó alternativas para resolver semejante estropicio. Jueces de la República, definiendo esos pleitos, realizaron sus negocios y todos tan tranquilos con la legalización del despojo. La reventa de los inmuebles hipotecados y rematados, casó algún ruido en el mercado, pero los abogados se las arreglaron con los nuevos propietarios que pagaban la gana cuando los llevaban en el negocio. Cochinos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Más articulos