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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

Actualidad“Los fetiches de Dios”

“Los fetiches de Dios”

El teólogo contemporáneo Josep Vives nos enseña cómo el ser humano se ha ido construyendo unos falsos dioses que el los llama “dioses para no creer” y nos habla del “el dios tapagujeros” muchos acuden a él, como si Dios tuviera que emplear todo su poder en favorecerles a ellos y en arreglar el mundo según sus gustos. Todos terminan quejándose de ese dios, porque no hace tal o cual cosa, porque no remedia los problemas como ellos entienden que debería ser.

Aparece el “dios apático” un dios lejano y frio, insensible a nuestras penas y necesidades. Un dios desentendido de la realidad humana, un dios que nos esclaviza y nos hace sufrir, un dios que no le interesa la historia humana, ni mucho menos su proyecto de felicidad.

Otros siguen creyendo en un “Dios sádico”, convencidos de que a Dios le agrada el sacrificio y el sufrimiento de los humanos, que una vida gozosa y feliz. Un dios que no tiene un proyecto trazado para cada hombre, que no sbe qué hacer con el libre albedrío del hombre.

Otros se imaginan a un “Dios interesado”, estamos tan acostumbrados a que entre nosotros casi nada se dé gratuitamente, que no podemos pensar que Dios sea absoluta gratuidad. Un dios que no puede ofrecerle al hombre, nada de lo que él no es.

Está también “el Dios policía, juez y verdugo”, el dios implacable que nos acecha por todas partes para pillarnos en pecado y descargar sobre nosotros el peso implacable de su ley: “el Dios del orden y la seguridad”, que defiende los intereses de aquellos a los que se manejan bien…

El “dios hedonista” un Dios del puro placer, un Dios facilitón, el dios del niño, que es imagen de sus proyecciones y de sus miedos, el dios que no asume las consecuencias del compromiso.

El “dios todopoderoso” un Dios que se confunde con el pode, que se coloca en la prepotencia y que entonces nos arma los mayores embrollos, no podemos entender, ni aceptar el mal ni el dolor frente a ese fetiche, haciéndolo responsable de las consecuencias del mal en el mundo, y de las consecuencias de la acción libre del ser humano en contra de sí mismo.

El “dios de la falsa paz”, un dios de una paz, sin justicia; un dios que no exige radicalidad del compromiso, sino el “bienestar” sin conflicto.

El “dios personalista e intimista”, un fetiche hecho a nuestra medida pobre; el dios de mi propiedad, a quien manejo: lo hago a “mi imagen y semejanza”, para mí, es un dios exclusivo porque es de mi propiedad.

El “dios manipulable, abarcable”, un dios a quien se le puede manipular con ciertos ritos, oraciones o conocimientos esotéricos, a quien se le conoce en los libros, en el saber, en el entender lógico.

¿Cuál es el Dios que habita en ti?

Padre Pacho

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